martes, 9 de febrero de 2010


XIV

“No te toques las vendas”, “no te rasques eso”, “no juegues con el plato” eran frases que inundaban la casa de Aníbal en aquella época, se entrelazaban en el aire con el resto de las frases repetitivas como “come con la boca cerrada” y “duérmete ya”. Definitivamente la vida con un niño no sería fácil para un druida experimentado, tomando en cuenta que a un niño al cual un bicho le había robado la voz durante semanas, quizás meses… tenía mucho que decir, mucho, y el único para oír toda esa montaña exorbitante de palabras que no muchas veces eran coherentes, era Aníbal.
Habían pasado un par de semanas, Mateo se había estabilizado, Aníbal había curado sus ojos inesperadamente con compresas de manzanilla, pero debía andar con los ojos vendados aun varios días más, por la sensibilidad a la luz de los ojos recién sanos; el tratamiento para los diversos bichos que tenía Mateo estaba marchando mejor de lo que esperaban.
Mateo pasaba todo el día sentado en un cojín, en la esquina de la sala, hablaba esporádicamente, pero cuando hablaba lo hacía en gran cantidad y de una manera que parecía que se hubiera estado conteniendo durante mucho tiempo; la imagen para Aníbal era triste, pero trataba de evitar sentir pena por el niño, no quería encariñarse ni sentir dolor cuando se marchara, así que inevitablemente trataba con dureza a Mateo para generar una distancia entre ambos.
-¿Te gustan los tomates?- preguntó Aníbal mientras preparaba una improvisada ensalada en lo que aun prometía ser una cocina.
-Si - dijo mateo con un tono de voz muy suave.
-Aquí tienes.- Aníbal le entregó en las manos un plato hondo con varias rodajas de tomates y una improvisada cuchara.
Aníbal tomó asiento en la caja de frutas que tenía cerca y aprovechó para comer de su propio plato de tomates.
-Dime, Mateo ¿qué es lo que recuerdas antes de lo que sucedió en la iglesia?
Después de tragar un poco, Mateo respondió:
-No lo sé, sólo puedo recordar manchas y siluetas difusas sobre un fondo blanco.
Aníbal conservó su silencio por un instante observando al niño y pensando en Minmenio, el bicho devorador de recuerdos y en cómo éste había devorado todos los recuerdos de pobre niño. En el fondo, el druida sabía que luchar para expulsar al devorador de recuerdos de la cabeza de Mateo era casi imposible. Aún así el druida estaba sorprendido con la capacidad para conservar la cordura, los pocos datos que Aníbal manejaba sobre Minmenio eran vagos pero en todos los casos que había escuchado o manejado, la victima parecía volverse totalmente loca e incoherente, pero Mateo parecía estar tranquilo, a pesar de sus episodios de verborrea, siempre mantenía una postura cuerda.
- Hoy debes tomarte tus remedios Mateo, no te olvides - dijo Aníbal.
-Está bien - dijo Mateo muy sutil como conteniendo la pena, debido a que el remedio o la medicina para los bichos era bastante desagradable.
Las medicinas para ciertos bichos se basaban en sabores, por ejemplo en entregar algo de sabor muy amargo, o muy dulce; lo cual no siempre dejaba muy bien el estomago de Mateo.
Otras medicinas eran más tradicionales y ocupadas por sus propiedades. La menta y la manzanilla eran las favoritas de Aníbal, pero nunca podía abandonar el te Ceylan, el común de toda casa, como herramienta para relajar a Mateo un poco.
Mateo recibió una bolita de algo pegajoso café envuelta en hojitas verdes. Como no podía verlas, las palpo con la lengua cuando se la llevo a la boca, y tomo coraje para masticarla ya que en ese momento debía saborear la medicina de Aníbal. El sabor era espantoso, mucho peor que cualquier cosa que se imaginara un niño normal de ocho años, además la viscosidad lo convertía en una sensación espantosa que se escurría por la garganta y que se quedaba allí bastante rato. No podía evitar el niño soltar lágrimas por la sensación.
Aunque Mateo estaba tristemente sometido a un tratamiento bastante duro, sobre todo para un niño de su edad, lo estaba llevando bastante bien. Pero el niño y el druida sabían de muy buena manera que lo terrible de todo el asunto no era el tratamiento o las medicinas duras, la peor parte del tratamiento eran siempre la expulsión de los bichos. El dolor al que era sometido cada vez que los bichos se marchaban de su cuerpo era insostenible.
Era un día lunes cuando el último bicho malicioso salió, era tarde, alrededor de las tres de la mañana, y Aníbal había despertado alertado por los gritos de dolor del Mateo. El niño estaba en el suelo, en su improvisada cama hecha de frazadas, tirado en el sueño con los ojos abiertos hacia la nada. Los gritos eran desgarradores, el niño trataba de tomarse el estómago mientras hacía arcadas con la lengua casi estallándole de la presión; los ojos estaban fijos a la nada, como si se concentrara lo máximo posible en aplacar su infantil cuerpo del dolor. Aníbal estaba muy asustado, realmente sentía que esta crisis de expulsión podía ser la más terrible y que la vida del niño podía peligrar.
Sin aviso alguno comenzó a salir de los ojos, boca y nariz del niño una sustancia cristalina, como una masa sin forma, viscosa y muy brillante. Esta masa al principio salía muy tímidamente, el niño había dejado de gritar, pero su cuerpo comenzó a tiritar, y de los tiritones pasó a fuertes sacudidas al punto de convulsionarse sin control en el suelo. Aníbal se acercó tímidamente, con los ojos cerrados y aguantando la respiración, sabía que el bicho que estaba expulsando Mateo era Lieviel, un bicho común pero muy difícil de combatir, y a la vez muy agresivo, cuyo objetivo era alimentarse de cualquier sensación de alegría del cuerpo de su víctima, dejando el estado de ánimo de esa persona por el suelo, y en una depresión permanente sin demasiado aviso que podía terminar hasta en intentos de suicidio; de todos los bichos que conocía Aníbal, descartando a Minmenio, Lieviel era uno de los más peligrosos netamente por los daños colaterales de su presencia. El purgamiento de este bicho era por mucho uno de los más terribles, al parecer, el desconectarse de toda las partes sensibles y anímicas de su víctima hacia que la partida del bicho fuera terrible y muy dolorosa.
La materia viscosa comenzó a reunirse y aferrarse en la pared, Aníbal presentía que algo peor podía pasar, así que fue inmediatamente a romper un nylon que estaba improvisando y protegiendo la ventana, buscaba desesperadamente una manera en que el bicho pudiera salir de allí. El bicho comenzó a salir como un rio desde el cuerpo de Mateo, y al concentrarse en la pared tomo una forma mucho más definida que parecía una gota redonda y perfecta.
El cuerpo de Mateo permanecía en el suelo, inconsciente y con algunos pequeños movimientos involuntarios que hacían ver que se encontraba con vida. Pero el bicho estaba como una gran gota perfecta pegado en la pared. Aníbal por su parte permanecía inmóvil, con los ojos entrecerrados y con los brazos abiertos, sabía que ante un ataque del bicho hacia él, tendría que usar todas sus fuerzas y aun así sería difícil de derrotarlo.
El momento era tenso, Aníbal sabía que cualquier habilidad que requiriera de su energía elemental y habilidad druida despertaría el hambre básica del bicho, y por otro lado estaba a una distancia demasiado peligrosa del bicho que lo convertía inmediatamente en una posible victima para el mismo. Muy lentamente Aníbal comenzó a cerrar el ojo derecho y a abrir el izquierdo, sabía que la mayoría de los bichos tenían más dificultades para asaltar un cuerpo por el ojo izquierdo. Después, muy lentamente movió las manos hacia adelante con la palma mirando el suelo.
Sin mucho aviso, la criatura se lanzó sobre Aníbal en una forma bastante liquida, moviéndose de un lugar de la sala a otro a través del aire, como un chorro de agua o algo más viscoso de eso. La velocidad del bicho era muy rápida, pero Aníbal en el último instante antes del impacto se concentró con mucha pericia y desde el suelo, en una milésima de segundo apareció un báculo de madera, rompiendo el suelo y llegando instantáneamente a su mano. El báculo parecía ser una raíz o una rama, con una forma muy retorcida en su parte superior y en su parte inferior era angosta pero muy dura, como si tuviera una punta naturalmente crecida. Con este elemento en su mano, Aníbal logró crear una especie de campo protector muy sutil e invisible, pero que hacia brillar el choque con el bicho que trataba de penetrar esta barrera y llegar hacia el ojo de Aníbal.
El druida azotó su báculo contra la ventana, tratando de que el bicho se asustara y saliera por allí, pero no, el parasito ya había encontrado una presa, y se había aferrado a la punta del báculo, lo que significaba que la barrera había cedido. En ese momento Aníbal se concentró nuevamente en un último esfuerzo y desde la punta de su báculo salió una luz incandescente que parpadó tres veces fuertemente, en esas tres veces el bicho se retrajo y se encogió casi a la mitad de su gigantesco tamaño.
Aníbal estaba asustado de muerte, el bicho había sobrevivido y por su consistencia sabía que no podía hacer demasiados hechizos para destruirlo. Al instante el bicho se lanzó nuevamente sobre Aníbal, quien nuevamente antepuso su báculo entre él y el bicho, y ahora Aníbal pensaba en alguna alternativa más fuerte, se concentró y comenzó a observar fijamente la punta de su báculo donde estaba el bicho. De repente este lanzó una pequeña explosión y mostró fuego. El fuego parecía danzar muy tranquilamente en la punta del báculo, y el bicho parecía odiarlo ya que se bajó de este y se quedo en el suelo.
Aníbal, que tenía una mano con su báculo y con la otra con dos dedos apuntando al bicho, sabía que usar fuego era un privilegio para Druidas de muy alta sabiduría, pero aun así era muy difícil de controlarlo, el fuego no se regía por las leyes del balance, como él mismo había aprendido “el fuego cuando aparece solo piensa en quemar”, entonces sabía que si utilizaba mal ese hechizo, podría terminar con la casa incendiada o quizás la cuadra o el cerro completo; para él era difícil de prever el fuego ya que cuando era invocado por un druida, el fuego tomaba conciencia de sí mismo, y esta conciencia no era pacifica.
En un instante, Aníbal hizo detonar la zona donde exactamente apuntaban sus dedos, como si se tratara de una pistola, rompiendo las tablas del piso. Pero lamentablemente el bicho había saltado a una velocidad impresionante y se había alojado en el techo donde se disponía a atacar, pero no tenía mucha salida. En su lucha, Aníbal se percató que el fuego en su báculo se había extendido, entonces sabía que la pelea debía terminar pronto, o el fuego podría descontrolarse; abrió su palma y en el lugar donde estaba posado el bicho comenzó a salir humo y pronto un par de llamas.
El bicho ya se había reducido a más de la mitad de su tamaño original, pero parecía no querer darse por vencido, de manera abrupta se lanzó sobre Aníbal en un último esfuerzo por abatirlo, pero esta vez, el bicho apagó el fuego en el báculo y se lanzó sobre el rostro de Aníbal quien lo detuvo con su mano izquierda alejándolo del rostro, mientras el bicho se alargaba en forma de pequeños hilos cristalinos de brillos purpuras hacia su ojo izquierdo que Aníbal mantenía cerrados en un esfuerzo fútil de no ser afectado por él.

Muchas cosas pasaron por la mente de Aníbal, entre ellas, por qué no haber pedido más ayuda a Franco en estas cosas, realmente no sabía que esto terminaría tan mal y nada podría haberlo hecho pensar eso.

En el último instante, cuando el bicho ya casi alcanzaba el ojo de Aníbal, Mateo se levantó y quedó mirando fijamente a Aníbal, al percatarse de la situación, Mateo levantó la vista y mostró unos ojos llenos de rabia. Aníbal no podía percatarse de eso porque no podía abrir los ojos. De pronto Mateo lanzó un grito, y su ojo izquierdo se volvió totalmente negro, y desde ese mismo lugar comenzaron a salir miles de líneas negras con brillos rojos, con un sonido sutil y a la vez muy perturbador que se asemejaba a la voz más grave de un hombre agonizante. En ese momento, Aníbal abrió los ojos y la escena lo asusto hasta los huesos. Minmenio estaba envolviendo a Lieviel muy rápidamente, y este ultimo trataba de escapar lanzando chillidos muy fuertes mientras era arrastrado hacia el interior del ojo de mateo y allí mismo era extinguido y devorado por una extraña masa negra que se asomaba y lo envolvía.

Al terminar esto, Mateo cayó desplomado al suelo y Aníbal corrió a ayudarlo, tomando su pequeña y ligera cabeza con la mano izquierda y lanzando su báculo hacia cualquier parte. En ese momento, Mateo lanza una leve sonrisa a Aníbal y le dijo:

-Lo siento por enojarme tanto, no quería hacerlo - y con estas palabras Mateo cayó rendido, durmiendo profundamente, pero de manera distinta, con una sonrisa en su rostro.

Estas palabras cayeron como agua sobre Aníbal, quien se dio cuenta que Minmenio de alguna manera extraña, estaba reaccionando en demanda de la voluntad de Mateo.

Aníbal no pudo dormir esa noche, pensando en los fenómenos que él, siendo un druida de fama mundial, aún no entendía. Sabía que lo que vio era Minmenio devorándose a Lieviel, había escuchado que bichos podían devorar y consumir otros bichos, pero lo que le llamaba muy pesadamente la atención, era la simbiosis de Mateo con Minmenio. De todo lo que sabía, nunca había escuchado o se habría imaginado que un bicho podría simbiotizar con un humano, o podría ser utilizado o usado como herramienta por él.

La mañana siguiente fue inesperadamente tranquila, la día amaneció algo frio y con una cortina blanca de nubes que hacia un día fresco y agradable. Aníbal estaba bastante curioso aún, observando lo que hacía Mateo muy atentamente, pero a una distancia prudente.

Mateo ya podía usar sus ojos nuevamente y estaba feliz de eso, y también podía expresar su ánimo jugando en el patio ante la mirada del druida. La sonrisa que se asomaba en Mateo, algo totalmente nuevo para todo el mundo, parecía venir a dar un soplo de aliento ante tanto dolor y sufrimiento concentrado en un pequeño ser. Aníbal esperaba que la situación de Mateo mejorara con los días, y así fue sucediendo, los días avanzaban y Mateo jugaba libremente mañana y tarde en el patio de la casa.

Toda mejoría parcial parecía hacerse latente a cada minuto de la vida del niño, pero Aníbal aún estaba demasiado curioso y alarmado con la presencia de Minmenio, el devorador de recuerdos, y su supuesta simbiosis con Mateo. Aparte de eso, había una nueva señal en Mateo que Aníbal encontraba extraña, cada cierto tiempo, y sin aviso, Mateo se quedaba paralizado mirando el cielo, o también se quedaba paralizado mirando el paisaje con una mirada perdida en el vacío; pero al minuto recobraba su sonrisa de niño y seguía corriendo con un palito que encontraba por ahí.

La relación entre el druida y el niño se estaba haciendo cada vez más estrecha, inevitablemente, a causa quizás de todas las adversidades que pasaron juntos. Aníbal no podía evitar reír a carcajadas con algunas de las locuras de Mateo, quien ya sentía a Aníbal como su familia más cercana. Aníbal quería volver a ver la reacción de Minmenio, pero presentía que para invocar la ayuda del bicho, Mateo tendría que estar en una circunstancia de mucho estrés, rabia, ira o alguna emoción fuerte, al menos esa era la hipótesis de Aníbal.

Todo comenzó a desdibujarse y a la vez a dibujarse en un paisaje aún más grande, una tarde, casi al atardecer, cuando el cielo se pintó de rojo carmesí, pero se mezclaba con tonos azules, cuando Aníbal estaba bajo el castaño mordisqueando una hierba y observando con distancia a Mateo, que corría riéndose con un palo, jugando a que era Aníbal y peleaba con bichos imaginarios. En ese instante, Mateo se detuvo mirando al cielo, y con una cara de asombro muy marcada; Aníbal ya había visto esa reacción, incluso ya le daba risa esa reacción.

Y en ese instante, Mateo apunto con su dedo en la cima de los cerros que se veía de donde estaban, y le dijo a Aníbal:

- La serpiente está durmiendo sobre la punta de ese cerro, Aníbal - decía mientras sonreía con alegría.

Aníbal no entendió mucho el comentario, pero decidió no dejarlo pasar por alto. Se acercó rápidamente a la posición del niño y comenzó a mirar la cima de los distintos cerros que se veían desde allí. Y no pudo divisar nada:

-¿De qué serpiente estás hablando, Mateo?- preguntó Aníbal.
-De esa, la serpiente grande de color blanco, que esta ahí en ese cerro - Mateo gritaba maravillado.

Aníbal estaba tentado en dejar pasar esto como otra locura más de un niño y su imaginación, pero decidió enfocarse un poco más. Al concentrarse un poco, logro ver un par de destellos provenientes de los cerros que conformaban el horizonte majestuoso de Valparaiso. Entonces Aníbal entendió que esto no era algo simplemente superficial, y fijo su vista ahí en parte del cerro donde había visto algo extraño, concentrándose mucho, logro comenzar a divisar la silueta de una serpiente gigante, muy gigante, de un tamaño inconmensurable, que dormía enrollada tapando totalmente la cima de un cerro completo de Valparaíso.

Esta visión perturbó inmediatamente a Aníbal, estaba choqueado no sólo por la visión de una serpiente gigante, que no era perceptible al ojo común de un humano; y que probablemente se tratara de un bicho errante que decidió descansar en ese cerro por esta noche. Lo que le perturbaba era la alta capacidad de Mateo, a su corta edad, de poder ver planos invisibles para los humanos, y prácticamente invisibles para él como druida; la idea de su desarrollo se le hizo gigante. Respecto a la serpiente, Aníbal sabía que se llamaba Porta y que era un bicho gigante, volador y con forma de serpiente blanca, pero también sabía que solo algunos druidas experimentados y afamados habían logrado un grado de conexión tal como para poder verlo, muchos lo intentaron y se volvieron dementes al no poder controlar la cantidad de imágenes que podían ver.

-Mateo, creo que tu estadía aquí se prolongará un poco más de lo esperado.

lunes, 11 de enero de 2010

Capítulo 13

XIII

Un par de días habían pasado con relativa calma por la vida de Mateo, a pesar de que su rutina había sido alterada definitivamente con la llegada de Vilú eso sin contar con la presencia de Mo. Vilú ya se sentía mas cómodo en su nueva vida, más urbanizada que la anterior, no le costó para nada insertarse en la rutina del cultivo de las plantas, conocía muchas de las que había allí y a través de su empatía druida podía percibir muy bien la manera de cultivarlas sanas y frondosas.

En cierta manera Mateo necesitaba un compañero para repartirse las tareas, ahora que contaba con más tiempo para sí mismo, dedicaba tiempo para pasear por el barrio, aprovechaba para visitar a Franco quien lo recibía siempre con una sonrisa y una grata conversación y discusiones terminológicas. Mateo siempre se mantuvo agnóstico por razones obvias, su capacidad de ver cosas en este plano que poca gente podía ver. A pesar de eso, durante mucho tiempo Franco trató de convertirlo al catolicismo, pero Mateo se negó, no porque lo encontrara malo, netamente porque le era imposible creer en ese Dios sabiendo que había muchas otras cosas más en el universo que él podía ver.

Esa tarde todo era tranquilo y como de costumbre, el silencio viajaba a través de la calle sin que nadie lo interrumpiera, todo era paz; sólo el calor exageradamente fuerte caía desde un sol implacable. Vilú y Mateo disfrutaban de lo poco de brisa que había en el patio de la casa.

-Este calor no es normal - comentaba Mateo - he vivido aquí toda mi vida y este calor, sé que no es normal - dijo mientras se limpiaba el sudor de la frente tendido a los pies del castaño de la entrada a la casa.
-No puedo decirte nada, todo esto para mí aún es novedad; para mí que soy del sur, sentir calor es casi una bendición - respondió Vilú que se secaba el sudor de la frente y tomaba un vaso de agua.

Desde el horizonte una fuerte y grande cortina de humo se comenzó a levantar, al rato el humo había tapado el sol totalmente, haciendo que todo se viera color anaranjado.

-Un incendio forestal - dijo Mateo.
-Es normal con este calor - respondió Vilú.
-¿No deberías hacer algo?, digo, eres druida y se supone que proteges la naturaleza y todo eso - preguntó Mateo quien tomaba agua de una botellita previamente llenada.
-No soy un protector de la naturaleza per se, soy un comunicador y nexo de ella; además los incendios forestales se pueden producir por sí solos con o sin humanos en el planeta – contestó Vilú relajadamente – es más, los incendios son parte de ciclos para los bosques, de muerte y renovación.
-Pero aquí hay muchos incendios provocados por el humano, directa e indirectamente - dijo Mateo.
-Aún así es difícil hacer algo, no soy lo suficientemente fuerte como para poder controlar el fuego - dijo Vilú.
-¿El fuego es difícil de controlar? - pregunto Mateo, interesado.
-Mucho, el fuego es pura energía, por lo tanto se requiere una gran cantidad de la misma para poder controlarlo.

La conversación se vio interrumpida con el sonido de la puerta siendo golpeaba agitadamente a lo que Mateo se levantó inmediatamente para poder abrirla a los jalones como era de costumbre.

Martina Marpas apareció detrás de la puerta con una sonrisa y con lentes de sol, en su mano sostenía las llaves del auto que estaba justo afuera de la casa.

-Mateo, vengo a molestarte con lo del bonsái - dijo Martina con su voz amable.
-Ah sí, aquí lo tengo, adelante, - dijo Mateo invitando a pasar a Martina.
-No puedo quedarme mucho, tengo que ir al lugar del incendio, necesito sacar fotografías para el proyecto anual de un ramo de análisis de impacto medio ambiental.

Mateo recogió un bonsái en pleno proceso de brote, las ramas quebradas se habían soldado casi totalmente y el bonsái relucía un nuevo macetero un poco más espacioso.
Martina estaba por despedirse cuando de la nada apareció en escena el zorro chilote moviendo la cola, con la lengua afuera y las orejas atrás. Martina quedo impactada con tal desplante de cariño y no pudo evitar ser tocada en el corazón con la ternura prefabricada de Vilú.

-¿Y quién es esta belleza? - dijo Martina haciéndole cariño en la cabeza.
- Es el perro de un amigo - contestó Mateo con una obvia cara de incomodidad.
- Parece una raza muy rara, ¿cuál es?- preguntó Martina mirando a Mateo.

Mateo después de unos segundos de pensarlo dijo:

-Retriever Snauser.
-Es muy lindo y tierno - replicó Martina.
-Es todo un amor,- dijo Mateo mientras asomaba una sonrisa irónica por su boca,- ¿tienes que ir a fotografiar las zonas del incendio? - preguntó Mateo cambiando el tema.
-Netamente a las zonas ya quemadas, las que aún arden están cerradas, ¿te gustaría ir conmigo? - preguntó Martina amablemente.
Antes de que Mateo emitiera su clásico “no”, Martina sacó de su bolso una bolsita de tela roja y se la extendió a Mateo.
-Se me había olvidado, te quería dar esto, son semillas raras que he coleccionado por ahí, creo que tu podrás darle mejor uso que yo.
La imagen de Martina entregándole las semillas se le repitió como un flash en la memoria a Mateo, en conjunto con la imagen del sueño que tenía almacenada en la memoria aún fresca. Todo le pareció extraño pero de una manera rara, lógico.
-Iré contigo, deja que cierre la puerta de la cocina - Mateo dijo esto mientras corría al fondo de la casa a cerrar la puerta que daba al patio.
Al pasar junto a la pecera de Mo escuchó una frase que lo congeló por una milésima de segundo.
-Ten cuidado hacia dónde vas Mateo - dijo la rana.

Mateo sabía que en esa circunstancia no podía establecer una mesa de discusión con una rana, así que decidió mejor actuar como si no la escuchara y pasar hacia el fondo.

Cuando salía, se dio cuenta que no podía avanzar porque Vilú le estaba mordiendo el pantalón en las pantorrillas. Sabía lo que quería decir Vilú con esto.

-¿Puedo llevar el perro?- preguntó Mateo, - es que si lo dejo solo se puede escapar.

Martina lo pensó por un instante, pero al ver la cara de tierno del perro-zorro no pudo evitar decir que sí.

Mateo dejó la puerta bien cerrada y Martina encendió su auto, un típico citycar compacto color blanco de cuatro puertas; Mateo se sentó en el asiento del copiloto y Vilú tomó los asientos traseros.

El camino no fue muy largo, solo media hora de viaje en auto y desde la ventanilla trasera se asomaba la cabeza de Vilú como zorro, con la lengua al aire y las orejas al viento. Por su parte Martina cantaba muy animada y contenta la música que salía por la radio, lo cual ciertamente no era del todo agradable para la gente que la rodeaba, la verdad es que el canto no era su don. Aún así la mente de Mateo estaba demasiado ocupada tratando de resolver el acertijo que se le había presentado en el sueño, y con todo, estos ecos de situaciones no se interpusieron para que disfrutase el viaje.

Todos notaron la cercanía del incendio con el humo que se hacía presente y el profundo olor a madera quemada que se deja percibir fácilmente. Tomaron unos cuantos senderos alternativos de tierra hasta que llegaron a un camino que estaba atiborrado de carros bombas y cisternas a la orilla.

Eligieron un buen lugar para estacionarse, a la sombra de un eucalipto que se alzaba triunfante por haber sobrevivido al incendio, se internaron unos metros a campo traviesa hasta que, luego escalaron una pequeña colina y observaron cómo en la cima el paisaje mutaba impresionantemente. Se dejaba ver lo que hace poco era un bosque, total y completamente quemado, el suelo era negro con manchones cafés, y sólo se levantaban restos de troncos completamente carbonizados por doquier como marcas para recordar que ahí alguna vez se alzó un bosque majestuoso.

Los tres viajeros no pudieron evitar quedar sin aliento a ver tal sendero de destrucción, el fuego ciertamente ya no estaba ahí, pero su paso había sido cruel e implacable. El descenso de la colina fue lento y pensativo, nadie quería decir mucho, sólo se atenían a observar y Martina sacaba fotos implacablemente de todo lo que podría servirle.

Mateo se quedó de pie, mirando el escenario, totalmente paralizado, cualquier cosa que hubiera pensado antes sobre un incendio forestal había sido totalmente derrotada por la realidad. Vilú se paseaba aletargado también, imaginándose lo que había sido este bosque y qué habrá pasado con todo el ecosistema que contenía.

De pronto, al fondo de la vista de Mateo, pudo distinguir una figura familiar; era una forma felina que lo miraba desde muy lejos, Mateo sabía que lo había visto en su sueño.

-Vuelvo en seguida, - dijo Mateo caminando rápidamente en dirección a la extraña figura, sin dejar espacio para alguna respuesta de Martina que sólo lo vio marcharse con Vilú tras de él.

Cuando Mateo estaba cerca del felino, éste se movió, como instándole a seguirla. La curiosidad de Mateo estaba totalmente encendida, mientras más se acercaba podía distinguir su figura, era un felino ciertamente, pero de tamaño medio, no era grande como un león pero tampoco era pequeño como gato, mostraba un pelaje moteado que casi no se podía distinguir entre los destellos que desprendía su contorno.
-¿Dónde vas? - preguntó Vilú- pareciera que buscas algo.

-Hace un par de noches tuve un sueño, que una figura felina se me presentaba, muchas cosas hoy se han dado muy parecidas a lo que soñé y acabo de distinguir la figura felina entre los restos del bosque.
-Espera, ¿sueño?,- Vilú se alarmó muy de golpe- ¿una figura felina?... Detente Mateo.

Mateo se detuvo pero ya estaban en un claro de lo que quedaba del bosque, en cuyo centro estaba majestuosa esa forma felina observando sagazmente.
La escena se detuvo por un instante, Mateo pudo recordar de pronto cómo terminaba el sueño, lo cual lo aterró muy rápidamente. El felino se acerco paso a paso, muy lentamente y mostrando mucha seguridad.

-Eres Mateo, ¿no? - de pronto habló el felino.
-¿Quién quiere saberlo?- respondió Mateo.
-Sólo contesta - dijo el felino agazapándose sobre sus patas delanteras.
-Idiota, nos trajiste a una trampa - gritó Vilú.
-¿Cómo puede ser esto una trampa, si lo soñé?- preguntó Mateo totalmente convencido.
-Los druidas pueden manipular los sueños, bueno, no todos, pero algunos pueden predecir el futuro o tener visiones o algo así, no recuerdo bien… la cuestión es que pueden aparecer en los sueños de otras personas a voluntad, y mezclado con el futuro, ahí tienes una trampa muy común entre los druidas.
-Yo no sabía - dijo Mateo.

En ese momento el felino se lanzó sobre Mateo pero antes de llegar sobre su víctima, fue interceptado por el zorro que se lanzó sobre él, botándolo de costado, la situación se había vuelto rápidamente peligrosa.

El felino de inmediato se puso de pie y se lanzó sobre el zorro, el cual se lanzó hacia atrás pero sin lograr evitar ser arañado en el pecho.

-Un brujo, esto no lo tenía contemplado - dijo el felino.
-Es un ocelote, Mateo, haz algo - gritó Vilú mientras se retraía.
Mateo estaba en estado de shock, no sabía qué hacer.
-Sé que tienes un vínculo con Aníbal,- dijo el felino mientras se acercaba hacia Mateo - quiero verlo.

Mateo se concentró, se paró sobre sus pies y comenzó a reunir todo lo que podía para defenderse pero extrañamente no pudo hacer nada.

-Idiota, ¿qué raíces vas a mover en un bosque muerto?- gritó Vilú que se abalanzaba nuevamente sobre el ocelote.

Mateo estaba inmóvil, paralizado en su mente sin poder solucionar el problema de qué hacer en una situación así. Era verdad, no era un druida, no había sido entrenado formalmente como tal, solo sabía improvisar. Mientras, el zorro peleaba con el ocelote como podía, el ocelote era un felino demasiado ágil aún para la gran rapidez del zorro, pero éste tampoco quedaba atrás. Usaba todo lo que tenia para luchar, se sentó calmadamente y espero el ataque del felino, que se lanzó corriendo con todas sus fuerzas, con garras y dientes sobre el zorro, y éste en el último momento se hizo a un lado y dejo ver que tras de él escondía los restos de un tronco, donde el ocelote atasco sus garras por un buen momento.

Vilú aprovecho esos segundos para transformarse en humano y coger un palo del suelo, corriendo sobre el ocelote, pero este se liberó en último momento y forzando su propia velocidad se lanzó sobre el humano que no alcanzó a asestarle el golpe. En ese instante, Vilú se transformó en cormorán para tratar de hacerse un espacio volando, aún le quedaban cartas bajo la manga, pero debía saber usarlas, sentía que este no era un druida común y ordinario, era algo con lo que no estaba acostumbrado a luchar.

Ya en los cielos, el brujo debía plantear una estrategia rápida, sabía que no podía dejar a Mateo solo con el felino, entonces se transformo y dividió en alrededor de diez pájaros distintos que atacaron desde el cielo como una bandada, era un ataque fuerte y muy eficaz.

El felino sólo vio que le rodeaban y picaban pequeños pájaros que eran muy rápidos, y reaccionaban demasiado bien a sus zarpazos. El ocelote peleaba como podía contra las aves, cuando en su mente se dio cuenta que esto podía ser una estratagema, y al mirar hacia el cielo, vio la silueta de un hombre cayendo con un bastón de madera listo a asestar un gran golpe.

El druida sorprendido logró hacerse a un lado, y el golpe sacudió la tierra y las cenizas del lugar.

-Mateo, ¡reacciona!, no podré hacer esto sin ti. – gritó Vilú.

Mateo en su interior comenzó a escuchar voces, voces de su pasado, sabía que había algo que le sería útil, algo que recordar.

-Me trajiste a un suelo estéril a combatir - dijo Mateo de pronto- pero lo que no sabes es que Aníbal era un druida de tierra.

Mateo comenzó a hacer un agujero en la tierra, primero con el pie y luego, cuando había despejado las cenizas, levantó la mano derecha, se concentró y cerró los ojos. Con todas sus fuerzas enterró su brazo hasta la altura del codo, sintió el calor de la tierra y la muerte que trajo el fuego.

Con los ojos cerrados comenzó a concentrarse, la tierra comenzó a temblar levemente. Por su parte, Vilú aún trataba de zafarse de la presión del ocelote, que ahora estaba cerrado en atacar a Mateo, sentía que podía ir algo mal.

En el último instante, Vilú se interpuso en su forma de zorro, como escudo frente a Mateo, sabía que fuese lo que fuera que hacía Mateo, estaba en una posición vulnerable. El ocelote se detuvo un instante, estaba midiendo la jugada y sabía qué hacer. Sin aviso alguno se lanzó en carrera contra el brujo, sentía que debía eliminar la guardia para poder acceder a su víctima principal.

Dio un salto fuerte hacia el zorro, pero en el momento que debería haber caído sobre su presa, un gran golpe lo levantó desde el suelo, era una mano gigante hecha de tierra, de unos tres metros. El druida quedó choqueado por el primer impacto. La mano era la mano de Mateo, pero creada de tierra, y mucho más grande; podía desplazarse por la tierra como si esta fuera hielo. Vilú quedó estupefacto, era algo que nunca antes había visto, pero no se dio el tiempo para paralizarse, rápidamente fue corriendo hacia el felino que aún estaba aturdido, pero éste no se dejaría vencer tan rápidamente, y esquivó con presteza la mordida del zorro, sin embargo, cuando trató de contraatacar, nuevamente la mano gigante apareció protegiendo a Vilú.

Esto se había vuelto en contra del druida ocelote, la mano crecía y se movía más rápidamente a medida que Mateo se concentraba. Entonces el felino supo que debía atacar a Mateo directamente para romper su concentración, fue corriendo hacia el joven que tenia medio brazo enterrado. Al tratar de llegar a su presa, se dio cuenta que era una trampa, y se vio rodeado rápidamente por cinco grandes dedos de tierra que se levantaban alrededor simulando una jaula, y sin darse cuenta estaba en la palma de la mano gigante, Vilú subía por la mano de tierra rápidamente en un formidable trabajo en equipo para asestarle el golpe de gracia.

-Definitivamente tienes la línea de Aníbal,- dijo la voz felina muy decidida – pero no vine hasta acá para ser derrotada tan fácilmente.

El ocelote cerró los ojos y en un instante todo alrededor de ellos se volvió verde oscuro con destellos blancos, y se escucharon miles de voces y gritos.

-Estas son las voces de los ancestros de estas tierras, y los ancestros animales y los ancestros de los arboles, escuchen su llanto…

Mateo perdió totalmente la concentración, sacando su brazo de la tierra para taparse los oídos que no podían dejar de escuchar el fuerte ruido que se hacía alrededor. Vilú se había transformado en humano sólo para hacer lo mismo, el ruido era ensordecedor.

-Volveremos a vernos, joven Mateo, porque tú me buscaras a mí – dijo el ocelote.
-¡Qué crees que yo pueda necesitar de ti?- gritó Mateo- tú quieres matarme.
-Te equivocas, sólo quería probarte - dijo el felino que sonaba a esas alturas dentro de la mente de Mateo y Vilú. - Yo sé quién mató a Aníbal.
-¿Quién?, ¡dime!- gritó Mateo.
Pero en el instante que lo dijo, todo había vuelto a la normalidad. Mateo tenía lágrimas en los ojos, de rabia y pena mezclada. Al abrir los ojos, no había rastros del ocelote, solo estaban él y Vilú, mirándose fijamente.
-Eso no es un druida común y corriente - dijo Vilú mientras se ponía de pie.

Mateo permaneció en silencio, muchas cosas pasaron por su cabeza, y aún estaban pasando cuando su taciturna reflexión fue rota por el medio cuando en el fondo de la escena pudo distinguir a Martina, parada estupefacta con los ojos llorosos que solamente dijo.

-¡Qué eres? - entre gritos y sollozos.

miércoles, 6 de enero de 2010

Capitulo 12

XII

La mañana era fresca y liviana, el aire era fácil de respirar y la sensación que había en el ambiente era clara. Habían pasado varios días desde la última vez que Franco visitara a Aníbal, la cabeza del joven párroco estaba muy despejada pero en constante transformación, por dentro aún digería a pedazos la información que le había entregado Aníbal. Le costaba un poco estar de acuerdo con una idea ecológica, siendo que su religión no era de lo más acorde con el tema.
Era domingo, día de misa, todo estaba preparado como de costumbre, Franco estaba muy confundido respecto a la homilía, no tenía muy claro de qué hablaría, pero no le tenía miedo a la improvisación. Vestía su hábito como era la costumbre, el alba de color blanco bajo la casulla verde, y tomó la estola del mismo color, diciendo:
-Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque me acerco a tus sagrados misterios indignamente, haz que merezca, no obstante, el gozo eterno, - respetando la oración que debía pronunciar al ponerse la prenda.
La iglesia estaba llena, pero lo suficiente para que haya asiento para todos, como era habitual. Inició la ceremonia normalmente con, Pedro, un niño de doce o trece años, pecoso y de pelo corto castaño claro como su monaguillo.
La ceremonia se inició como de costumbre, cuando llegó la lectura del evangelio, escogió algunos pasajes de la vida de Jesús como modelo, pero mientras se acercaba a los últimos párrafos, se preguntaba de qué trataría su sermón y no lograba tener una idea clara, estaba todavía bastante confundido con todo lo sucedido. Por momentos sentía que perdía la fe, pero cuando levantó la vista al terminar la última frase de la lectura, logró divisar a un hombre al fondo de la iglesia, de pelo largo tomado, aseado y vestido lo más elegante que podía dentro de su miseria, mirándolo sonriente. En ese momento se dio cuenta de lo que tenía que decir:
- Somos todos, personas que viven en la modernidad, llena de comodidades. Lejos de que esa comodidad sea buena o mala, rica o pobre, estamos todos viviendo aquí por gracia del Señor de la misma manera, - Franco comenzó a atar cabos entre lo que había presenciado con Aníbal y la persona que era, - pero nos hemos olvidado de algo muy importante, nuestro hogar, el hogar que nos prestaron para recorrer nuestro camino de regreso a los cielos; no hemos sido los mejores visitantes en nuestro paso aquí, hemos quitado y destruido lo hermoso de este mundo y su naturaleza en nombre de nuestra propia comodidad, y esa comodidad está matando el planeta. Caminan soberbios por la calle ignorando no sólo la miseria humana, si no la miseria de sus hermanos menores, los animales, las plantas, las flores, el aire y todo aquello que el Señor creó para mejorar nuestras vidas.
Aníbal y la multitud que visitaba la iglesia estaban impactados con la pasión con la que Franco decía estas palabras.
-Nuestro Señor, y no sólo él, nuestros hijos, sus nietos, y generaciones futuras nos juzgarán a nosotros y a nuestra época por la manera como tratamos a nuestros hermanos menores, por cómo ocupamos y destruimos todo lo que quisimos en pos de una insaciable ansiedad por comodidad – Franco se dio una pausa para respirar y ordenar mejor las ideas.
- Jesús dijo “ámense unos a los otros” y el mensaje ha sido traspasado de todas las maneras hacia ustedes que lo han adoptado de gran forma, pero qué poco se habla del otro mensaje, el mensaje que entiendes cuando ves a Jesús, que prefería predicar en espacios abiertos, rodeado de naturaleza, que hablaba de un Dios que tenía espacio no sólo para nosotros, sino también para todas las criaturas que habitan este planeta. Así que no se olviden de que no sólo son hijos de Dios, recuerden que son hermanos de todo lo que existe en este planeta, así que vivan bien, pero vivan pensando en aquellos que no tienen nada más que su propio pelaje, pero que incondicionalmente viven con ustedes, moviéndoles la cola aunque en su hogar estén pasándolo mal, aquellos que brindan una caricia incondicional sin siquiera pedir nada a cambio, sólo su afecto, cariño y cuidados.
Franco alargó su sermón hablando del lugar del humano en el planeta de maneras muy sutiles, porque en el fondo comenzaba a entender que si Aníbal lograba mover las plantas, él podía mover a las personas. No había mucha diferencia entre ellos dos a final de cuentas, ambos eran nexos entre elementos, si Aníbal era un nexo entre la vida, la fuente y los animales y plantas, Franco era un nexo entre la gente, su fe y su Dios.
Al terminar la ceremonia, se notaba que había causado efecto en la gente, muchos hablaban entre ellos sobre el sermón, existían detractores, como en todas las cosas, pero de esos no vale la pena hablar. Aníbal se retiró silenciosamente, y con agrado vio cómo la gente que salía comenzaba a acercarse a los perros callejeros, y los niños les acariciaban y los peros respondían con la más humilde postura de cariño, con las orejas atrás y la cola moviéndose a cien por cien. La gente comenzó a reflexionar sobre el lugar de los animales y las plantas en su vida, claro que no fue un cambio drástico ni fuerte, pero se fue gestando de a poco.
Aníbal se retiró caminando muy sutil y tranquilamente hacia su casa, estaba muy feliz con la mirada y perspectiva que veía que Franco había adoptado. La tarde pasó en calma, Aníbal se dedicaba a recolectar semillas, hurgueteaba en la basura y buscaba en los rincones por restos de manzanas, tomates, o frutas para plantar. Encontró varias que le ayudarían, tenía ya dispuestos muchos maceteros hechos a partir de botellas desechables, cajas de cartón y otros recipientes. Fue plantando las semillas cuidadosamente, haciendo un agujero en la tierra con la punta del dedo índice previamente humedecida, luego depositó las semillas una por una en la cantidad de maceteros que tenía preparados.
La noche llegó callada, casi imperceptible, Aníbal solamente levantó la vista por la ventana y notó el tono oscuro de la noche paseándose en la calle. Hacia su rutina como siempre, cosas como limpiar el piso con una escoba improvisada con ramas amarradas a un palo más grande, que a pesar de todo, en funcionamiento no tenía nada que envidiarle a cualquier escoba tradicional.
Ya cuando eran alrededor de las once de la noche, Aníbal se sentía agotado y las ganas de dormir comenzaban a susurrarle en el oído que debería ir al rincón de la casa que ocupaba como cama; aún quedaba demasiado trabajo en la casa para que pueda parecer una casa.
Repentinamente la escena fue resquebrajada por el ruido desesperante de golpes en la puerta, al abrirse, mostró el rostro del padre Franco con la respiración agitada y una expresión de urgencia muy fuerte:
-Tienes que venir conmigo, Aníbal, creo que sólo tú puedes ayudarme,- la voz del padre Franco sonaba resquebrajada entre la respiración entrecortada de alguien que obviamente había llegado corriendo.
-¿Qué sucede? - preguntó Aníbal, asustado.
-Sucedió algo, ven conmigo, creo que sólo tú puedes ver esto,- dijo Franco con una mirada que urgía a Aníbal a acompañarle.
-Pero, explícame,- respondió Aníbal.
-Ven conmigo y te explicarás tú sólo cuando veas lo que tengo que mostrarte, es urgente - replicó Franco como pudo, mientras intentaba recuperar el aliento.
De inmediato, Aníbal tomó una frazada larga color café que le había regalado anteriormente Franco y se la puso en el cuerpo como túnica para protegerse del frío que traía la noche. Aníbal cerró la puerta con los jalones que requería, no se preocupaba de la ausencia de la cerradura, no había nada para robarse dentro de su casa.
Ambos hombres caminaron apresuradamente, Aníbal sentía mucha curiosidad por la urgencia de Franco, no alcanzaba a dilucidar qué cosa podría un padre católico necesitar de él.
Al llegar a la iglesia que se erguía imponente por entre las pequeñas casas que la acompañaban, no habían hablado una sola palabra, Aníbal buscaba alguna respuesta externa, pero sólo podía ver la cara de preocupación en Franco.
Franco le dijo a Aníbal que pasara silenciosamente, y Franco también lo hizo al tiempo que cerraba cuidadosamente la puerta de la iglesia para mantener el silencio reinante. La iglesia podía ser un lugar bastante siniestro en la oscuridad de la noche, la luz de la luna y la calle entraban tímidamente por los ventanales y vitrales que decoraban la iglesia.
-¿Qué es lo que tengo que ver? - preguntó Aníbal inmediatamente al estar adentro, lo que Franco inmediatamente interrumpió haciendo “shhh” y llevándose el dedo índice a la boca con una mirada severa.
-Está por aquí en algún lado - respondió Franco.
-¿Qué cosa? - aún la curiosidad mataba a Aníbal, que no dejaba de escudriñar a su alrededor.
-Hoy, mientras barría la iglesia en la tarde, comencé a escuchar ruidos que venían desde el confesionario - comentó Franco mientras caminaba lentamente hacia al altar mirando hacia todos lados.
De pronto ambas miradas se dirigieron hacia el repentino sonido de pisadas corriendo por el lateral oscuro de la iglesia.
- Cuando abrí el confesionario me encontré con esto.
Entre las sombras y lugares oscuros se perfiló la silueta pequeña y muy andrajosa de una persona.
-¿Un niño?,- preguntó Aníbal - un niño jugando en el confesionario no es algo muy anormal, ¿o sí?
- No es eso lo extraño,- respondió Franco susurrando- lo que me llamó la atención en ese momento es que no quería salir de ahí.
La silueta se acercó un poco más al punto en que la luz de la luna le dio en la cara y la figura de un niño de seis o siete años se hizo evidente, su rostro estaba completamente sucio, pero en las mejillas se dejaba ver una línea limpia que mostraba que había estado llorando mucho. El pelo lo tenía completamente blanco y medianamente largo, pero notablemente sucio, y sus ropas estaban muy rotas e inmundas.
El niño inmediatamente se tapó los ojos cuando la luz le pegó en el rostro, y emitió un sutil quejido con pena, retirándose inmediatamente hacia la pared oscura de la iglesia.
-Eso es anormal, debo revisarlo- dijo Aníbal.
-Es eso lo que quiero que hagas.
-¿Te dijo de dónde es? - preguntó Aníbal en voz baja.
-Es otra cosa que quiero que hagas, pregúntaselo tú mismo.
Aníbal se acercó muy lentamente donde el niño que estaba evidentemente asustado, por lo que Aníbal dijo inmediatamente:
-Hola amiguito, mi nombre es Aníbal y no quiero hacerte daño, sólo quiero acercarme para ver qué es lo que te sucede.
El niño no emitió sonido alguno desde su oscura silueta, Aníbal entonces se acercó decidido, e impactado pudo percibir que el niño gritaba y lloraba desesperadamente, pero de su boca no salía sonido alguno. Aníbal inmediatamente le tomó las manos y percibió que las tenía hinchadas.
-Mírale los ojos,- dijo Franco, acercándose cautelosamente a su vez.
Aníbal se paró junto al niño y se arrodilló para verle los ojos, el niño parecía sentirse un poco más tranquilo y trataba de hablar pero no salían sonidos de su boca.
Al observar los ojos detenidamente, un humano cualquiera no habría visto nada, pero para Franco y Aníbal había algo mas, dentro podían verse destellos de luces, sutiles, golpeándose, líneas corriéndose entre sí.
-Es peor que cualquier cosa que te hayas imaginado, Franco,- dijo Aníbal.
Inmediatamente Franco haló a Aníbal hacia atrás y le dijo silenciosamente.
-Ten más cuidado con tu diagnóstico, no lo asustes más de lo que está,- reprendió Franco a Aníbal.- Es un bicho, ¿verdad?, no quise enviarlo a un hospital u orfanato porque sabía que nadie lo entendería.
-Hiciste bien, nadie entendería lo que tiene y su vida estaría destinada en ser un caso medico para que la medicina de ustedes disecara en nombre de la ciencia,- dijo Aníbal crudamente,- pero te equivocas, no es un bicho, son muchos, quizás lo peor que he visto en mi vida, está infestado.
-¿Tú crees que se pueda recuperar?- dijo Franco.
-No sé si totalmente, pero tomará tiempo, deberemos hacer algo con él.
-¿Qué propones? - dijo Franco.
-No es bueno que se quede en la iglesia, es demasiado oscura, hay un par de bichos que se harán más fuertes con mantenerlo aquí,- dijo Aníbal.- Tendrás que enviarlo a otra casa donde lo reciban.
-¿Quién lo querrá recibir? - dijo Franco acertadamente, reprimiendo a Aníbal y dejando caer sobre él una severa mirada.
-¿Mi casa? - dijo Aníbal aterrado, leyendo las intenciones de Franco, - estás loco, yo no tengo paciencia para niños, además mi casa no es un lugar habitable para un humano aún.
-Te das cuenta que si envío a este niño a cualquier lado lo condenaran de por vida, y nosotros tenemos que vivir sabiendo que fuimos los únicos que pudimos ayudarlo, de hecho, que tú podrías ayudarlo, - dijo Franco con una mirada más severa,- y no hacer nada, pudiendo hacer todo, te acerca a la responsabilidad de la desdicha de este niño.
Ambos hombres se miraron fijamente, y Franco desde su posición dura, golpeaba con la mirada a Aníbal, quien lo miraba pensativamente.
-Está bien, que se quede conmigo, pero sólo hasta que se recupere,- cedió Aníbal, pataleando como niño.
-Muy bien, tengo un par de colchones que llevaremos y unas frazadas, mañana le llevaré la ropa que encuentre.
-¿Tienes algo de flor de lavanda? – lo interrumpió Aníbal.
-No es el mejor momento para que pienses en la fragancia de tu casa Aníbal,- contestó duramente Franco a lo que Aníbal no pudo evitar reírse.
-Es para curar al niño, me ayudaría con un par de bichos.
-Creo que tengo un poco en el jardín de la iglesia, mañana lo llevo.
-Sería bueno que lo trajeras ahora, Franco, es bastante simple y podríamos ayudarlo en este momento- explicó Aníbal quien era ahora el que miraba con dureza a Franco.
-Voy por ello entonces, no tardo,- dijo Franco saliendo de inmediato hacia el jardín de la iglesia a buscar lo que necesitaba.
Aníbal se acerco al niño y siguió observándolo, y al verlo nuevamente a los ojos descubrió algo que le quitó el aliento, una silueta púrpura paseándose por ambos ojos y girando en forma elíptica. Era un bicho del cual conocía muy poco, pero sabía que podía ser peligroso si no se controla, aunque realmente no tenía muchos estudios sobre él.
Al momento regresó Franco, sosteniendo varias flores de lavanda en su mano, cerró suavemente la puerta de la iglesia y se acercó rápidamente a Aníbal, quien recibió de inmediato el encargo.
-Aquí están,- dijo Franco- ¿para qué las usarás?
-Para ver si puedo combatir contra un bicho,- dijo Aníbal, quien comenzó a aplastarlas y juntarlas haciendo una bola - desde ahora, necesito que no digas nada, pero nada, estrictamente nada, ¿me oíste? Mantén la boca cerrada, pase lo que pase- sentenció Aníbal más severo que nunca.
Se acercó al niño lentamente y puso la lavanda cerca de su nariz.
-Necesito que huelas esta bolita de lavanda muy fuertemente.
El niño, temblando, acercó obedientemente su nariz a la mano de Aníbal con la bolita de lavanda que despedía su fuerte fragancia. Respiró varias veces y cuando inhaló por quinta vez, el niño comenzó a temblar fuertemente.
-No dejes de respirar pase lo que pase – le indicó Aníbal.
El niño continuó aspirando la lavanda de la mano de Aníbal, aunque mostraba evidentes signos de dolor; de pronto encogió sus brazos sobre su vientre y comenzó a tener arcadas muy fuertes, y que iban en aumento. Franco estaba asustadísimo, pensaba que el niño caería muerto en cualquier momento al ver que tenía los ojos en blanco y la evidencia de dolor era conmovedora para cualquiera, pero sabía que debía dejar esto en manos de Aníbal.
Finalmente, el niño levantó la cabeza y abrió la boca como si un gran vómito fuera a salir de él, pero en su lugar comenzaron a asomarse tentáculos y líneas muy finas de color ambarino por su boca, eran muchos, Franco dio un par de pasos hacia atrás de la impresión.
Aníbal giró para recordarle severamente a Franco, con un gesto de su dedo, que no debía abrir la boca.
El ser que comenzaba a salir desde la boca del niño era bastante grande, era un de color amarillento muy brillante y de entre sus tentáculos comenzaba a salir algo muy parecido a un pulpo, que emitía un sonido ensordecedor que asemejaba a un chillido vibrante.
Al salir totalmente, cubrió toda la cabeza del niño y sin aviso alguno saltó hacia la cara de Aníbal, quien permaneció inmóvil y firme, al tiempo que se acercaba la bola de lavanda al rostro. El bicho parecía odiar rabiosamente el olor de la lavanda, e inmediatamente se desprendió y quedó flotando en el aire, girando sobre su propio eje. Franco estaba atónito pero sabía que no debía abrir la boca por razones obvias.
El objeto permaneció ahí girando y chillando hasta que de pronto dejó de emitir sonido alguno. y se desvaneció lentamente en el aire. El niño estaba tendido, muy débil, en el suelo.
-Ese bicho se llama Chitetaro, y se alimenta asiduamente de la voz de un humano, ahora el niño debería poder ser capaz de hablar- explicó Aníbal, mientras guardaba la bolita de lavanda en su bolsillo.
El niño evidentemente estaba casi durmiendo, pero se podían escuchar sus leves quejidos, signo que su voz estaba regresando. Aníbal le puso su frazada para cubrirlo y le hizo una suave caricia en el inmundo cabello.
-¿Cómo se llaman tus padres?- preguntó Franco.
-No sé,- respondió el niño muy débilmente entre sollozos.
-¿Eres de aquí?- volvió a insistir Franco.
-No lo sé.
-Tiene un bicho muy raro que se llama Minmenio - dijo Aníbal, interrumpiendo el interrogatorio - y se traga los recuerdos de una persona, pero es muy exótico, nadie ha podido estudiarlo muy acabadamente.
-¿Y cuál es la cura? - preguntó Franco.
-Ese es el problema, no la tiene,- dijo Aníbal.- pero eso lo veré en su momento, ahora hay que curar sus ojos, no puede ver la luz, porque tiene un bicho alimentándose en los ojos -llevémoslo a mi casa para que duerma, hoy ha tenido demasiado para su cuerpo, todo será un proceso lento.
Cubrieron la cara del niño con una frazada para evitar que le llegara luz y salieron de la iglesia camino a casa de Aníbal quien cargaba a la criatura en brazos, mientras ésta comenzaba a dormir. Franco llevaba algunas frazadas extras para improvisarle una cama por esta noche en el lugar.
-Si no recuerda de dónde viene, ¿cómo podremos reubicarlo en algún lugar?- preguntó Aníbal caminando a paso rápido.
-Yo puedo encontrarle un lugar para vivir o un hogar substituto una vez que este más estable y pueda integrarse al resto del mundo - respondió Franco mientras caminaban.
-¿Y si no puede integrarse? - dijo Aníbal,- piensa que él desde ahora podrá ver bichos y cosas de otros planos que el resto no puede percibir.
-Lo resolveremos a medida que los problemas se presenten,- dijo Franco, a lo que Aníbal lanzó una mirada comprensiva.
Aníbal estaba sorprendido de la madurez con la que Franco había tomado todo este problema, tomando en cuenta que el joven párroco recién alcanzaba los treinta años. Pero ya había demostrado con creces ser una persona lo suficientemente inteligente como para poder tomar las decisiones correctas en momentos oportunos.
-¿Cómo le llamaremos mientras? - preguntó Aníbal - tenemos que llamarlo de alguna manera, no le diremos “niño” por siempre.
-Buen punto - dijo Franco, reflexivo- ¿tienes alguna idea?
-Llamémoslo Aníbal, me gusta mi nombre - dijo Aníbal, a lo que Franco no pudo dejar de reírse y a la vez lanzarle un inevitable,
-No, pensemos algo nuevo.
-Tú tienes más nombres en la mente, digo, te sabes la biblia al revés y al derecho, ahí hay miles de nombres que puedes ponerle.
-Bueno, lo llamaremos Mateo, porque significa hombre de Dios,- dijo Franco tras pensarlo un poco - además vino a nosotros de manera única, y no sabemos de dónde viene, así que es un buen nombre.
-No me gusta, Aníbal segundo habría sido mejor - rezongó Aníbal, - pero tú sabes más de estas cosas, así que mejor que sea así, que se llame Mateo.




jueves, 31 de diciembre de 2009

Capitulo 11 1/2

Equis-palito-palito

La tarde era gris y era brillante a la vez, el calor caía como de costumbre, un joven padre franco caminaba por las empolvadas calles de Valparaíso rumbo al obispado, de pronto puso la mirada en el firmamento, y pudo distinguir una forma flameante que venía contra el cerro, cuando puso su mano en su frente para poder divisar mejor, era muy tarde, una bomba atómica había caído sobre Valparaíso y todos murieron.







FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS LOS QUE LEEN ESTA HISTORIA, Y PARA LOS QUE NO LA LEEN, BUENO… TAMBIEN.

 
PD: Chap 12 para después que todos pasemos la resaca.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Capítulo 11


XI

La tarde era de lo más tranquila, el viento cruzaba normalmente el patio fresco de la casa vieja de la calle el roble. Mateo estaba atónito con el comentario de Vilú, quien miraba al vacío tratando de dilucidar toda la situación.

-¿No puedes escuchar a la rana? - preguntó Mateo con sorpresa.
-No, o sea sí, la escucho croar, pero no escucho palabras, ni frases, ni oraciones - la expresión de Vilú demostraba que decía la verdad,- ¿tú puedes escucharla, o sea, entenderla?
-Sí, puedo escucharla decir palabras,- contestó Mateo con una expresión rara en el rostro.
-Entonces estás loco,- contestó Vilú.
-¿Hablar con un rana?, ¿locura?, me lo dice a alguien que hace media hora vi transformarse en zorro y en cormorán,- dijo Mateo,- además la rana me dijo su nombre, se llama Mo.
-Se llama Mo, y baila tap y quiere ser un niño, ¿no?... eso no es nada mágico, es demencia,- dijo Vilú mientras se ponía de pie y se sacudía.
-Hey, de verdad puedo entenderla, puedo hablar con ella, yo pensé que podía ser algo así como habilidad druídica - dijo Mateo.
-Mateo, los druidas nos comunicamos, simpatizamos con las cosas, tú simpatizas con las plantas y te comunicas con ellas de manera… esencial, al punto que logras hacer lo que puedes hacer, moverlas como si fueran tus propios brazos,- dijo Vilú con un tono serio pero a la vez sarcástico - pero, por favor, hablar con una rana, y con los animales, entonces los druidas seriamos traductores de rana-español/español-rana.

Vilú miro al castaño y luego divisó un gato durmiendo en el tejado y no pudo evitar decir.

-Hey tú, castaño, sírveme un café,- dijo Vilú riéndose de Mateo. - Gato, baja aqui y discutamos el significado de la vida, o el significado de alguna de tus siete vidas.

Mateo, que no era una persona fácil de irritar, no pudo evitar soltar una risa con el espectáculo de Vilú. Pero Mo, dentro de su carácter, apenas podía soportar las ironías de Vilú:

-De los humanos que he conocido, probablemente este sería el único al que mataría por estrangulación.
-¿Y cómo podrías estrangularlo? - preguntó Mateo, y al mismo tiempo Vilú cambio su atención hacia la conversación de Mateo.
-Me metería en su boca y haría que se atragante con mi voluminoso cuerpo - dijo Mo medio irritado.
-No conocía tus dotes de kamikaze, ¿lo desarrollo tu especie? - preguntó Mateo a Mo y Vilú se acercaba lentamente a Mateo y acerco su oído a su cabeza.
-Lo desarrolle yo, diseñado para superar evolutivamente la idiotez de tu especie, - Mo no se aguantaba el enojo.

Vilú, quien trataba de dilucidar si esto era verdad o mentira, a través de movimientos extraños, oliendo el cabello de Mateo, tomando su cabeza y poniendo el oído sobre ella. No pudo evitar preguntar:

-¿Te estaban hablando, no?
-Así es, Mo, la rana - dijo Mateo totalmente sereno - sólo decía que quiere estrangularte.
-Entonces hablemos de sicosis,- dijo Vilú entre risa y susto,-¿“las voces me están diciendo que te mate”?
-No, no son las voces, y el que te matara será la rana,- dijo Mateo.- no seré yo.
Vilú aun no entendía bien del todo.
-Algo me dice que aparecerás vestido de rana y con un cuchillo persiguiéndome,- Vilú reía mucho con sus propias ironías.

Mateo se quedó pensando en cómo resolver este enigma, ciertamente la duda de que todo estuviera en su mente era fuerte, pero era esta la ocasión ideal para dilucidar sus dudas. Mateo estaba acostumbrado al universo de los druidas, no se consideraba uno, porque no tenía una orden, de hecho no era muy feliz con ese tipo de etiquetas. Pero a pesar de estar envuelto con la comunicación y empatía con la naturaleza y su entorno, no podía comprender la lógica de porqué entendía y podía comunicarse verbalmente solamente con una rana en todo el planeta.

Vilú por su lado, sentía mucho regocijo, toda la vida que recuerda había sido druida, o brujo para su orden, y la vida de humano le parecía muy atractiva por razones propias y muy secretas, pero no sabía que el paso de brujo a humano sería un paso difícil. Como druida experimentado, sabía que hablar con animales, verbalmente era totalmente imposible, porque no se trata de escuchar lo que dice un animal, se trata de que cada animal hablaría su propio idioma y lengua, y esa lengua estaría basada en formas totalmente opuestas a las que el humano desarrollo por más de 2000 años.

-Hagamos un experimento, me estas convenciendo de que todo esto podría estar sólo en mi mente,- dijo Mateo ante la mirada estupefacta de Mo, quien sólo guardo silencio.- pero realmente no creo que sea así.
-¿Cuál es la idea?, estrangulador.
-Vilú, párate frente a mí a 5 metros y pon tus manos en la espalda,- dijo Mateo que ya ideaba y materializaba un plan,- Mo, tú por favor ponte a espaldas de Vilú y mira sus manos.
-Espero que la comida para tortugas valga la pena,- dijo Mo que se bajaba y avanzaba a saltos pequeños por su lesión por la hierba hasta ubicarse en la entrada de la casa.
-Ok,- dijo Mo.- ahora puedo ver las sucias manos de tu invitado - dijo Mo con desprecio.
-Ahora Vilú, muéstrame cierta cantidad de dedos, y Mo debería poder decirme cuantos son,- la idea de Mateo parecía simple, pero muy efectiva.
- Me gusta la idea.- dijo Vilú, quien comenzaba empuñando sus manos a sus espaldas.
Todos los integrantes estaban en posición, Vilú, Mateo y un irritado Mo.
-Comencemos,- dijo Vilú.

El juego parecía fácil, pero la disposición de Mo al ejercicio que podría ser crucial, Vilú comenzó mostrando tres dedos, dos en su mano derecha y uno en su mano izquierda.

- Tres dedos,- dijo Mo,- dos en la mano derecha y uno en la mano izquierda.

Mateo repitió el mensaje tal cual, y la cara de sorpresa de Vilú no se dejo esperar.

-Repitámoslo - dijo Vilú incrédulo aún.
-Está bien,- dijo Mo, aburrido ya en su primera prueba,- pero esto va a costarte comida Mateo.
El ejercicio se repitió, y esta vez Vilú mostro siete dedos, dos en la mano izquierda y cinco en la derecha.
-Siete, cinco en la izquierda, dos en la derecha,- dijo Mo inmediatamente, sin percatarse de su error de extremidades.
-Siete, cinco dedos en la izquierda, y 2 en la derecha,- dijo Mateo incrédulamente.
-¡Error!, porque eran siete, pero las manos están equivocadas.
-Hey, no soy Pitágoras, sé contar, pero me puedo confundir con las manos - dijo Mo con un tono de irritación.
-Así es,- contestó Mateo,- es una rana, puede equivocarse de manos, pero el número es el correcto, lo cual lo hace real.

Vilú se tocaba la barbilla pensando, sabía que a pesar de que él estaba envuelto e influenciado por un universo más extraordinario que el de un humano común, el hecho de que Mateo hablara con Mo y viceversa le perturbaba lentamente y de manera paulatina, tenía una personalidad bastante efervescente con el aprehender conocimientos que rara vez podía controlar.

El enigma era evidente, y Vilú comenzó a plantear muy lentamente ideas en su cabeza que pudieran develar el secreto detrás de esta muy extraña habilidad. ¿Seré que Mo puede hablar humano?, ¿Mateo puede hablar rana?

Un silencio sutil se paseo por la escena, como alivianando la cabeza de todos. Mateo estaba bastante a gusto de tener otro druida con quien compartir, pero no tenía idea aun cuales eran las intenciones originales de Vilú, lo cual le causaba curiosidad.

-Están golpeando la puerta - dijo Mo sin demasiados ánimos.
-Voy a ver - dijo Mateo.
- ¿Perdón? – Vilú miró sorprendido a Mateo.
-Es que están golpeando la puerta, - explicó Mateo.
- Yo no he escuchado nada – dijo Vilú.
-Yo tampoco - dijo Mateo.
-¿Y cómo sabes, entonces?, ¿hablas con las puertas también? - dijo Vilú con su sentido del humor que ya lo caracterizaba.
-No, me lo dijo la rana.

Mateo avanzó lentamente, con un paso relajado hacia la puerta, mientras Vilú clavaba su mirada en Mo, y lo observaba tocándose la barbilla.

-¿Qué secreto escondes tú, pequeña criatura?

Mateo forcejeaba con la puerta a jalones y la mirada de un hombre con el pelo a encanecer se hacía presente al otro lado, con una barba que no era ni corta ni larga, vestía una sotana y dejaba ver una sonrisa en su mirada de casi cuarenta años.

-Franco, hace semanas que no venía, - dijo Mateo con candidez.
-Lo sé, he estado muy ocupado con los asunto de la iglesia,- dijo Franco -te traje ropa, hay una gabardina, varias camisetas, tres pantalones, y un par de zapatillas que acaban de llegar a la iglesia.
-¿Una gabardina?, eso será curioso de ver – decía Mateo, mientras se hacía a un lado para dejar pasar al sacerdote.

Franco entró a la casa junto con un par de bolsas, que dejó en un rincón.

-¿Y tú qué cuentas, qué ha sucedido? - preguntó Franco que se estiraba la espalda con las manos en la espalda.
-Es una larga historia - dijo Mateo.
-Vas a tener que resumir, porque no tengo mucho tiempo, creo que vendré mañana a tomar un café contigo – lo atajó Franco.
-Bueno, lo voy a resumir bien corto pero sé que no entenderás nada.
-Ponme a prueba, Mateo - dijo Franco con una media sonrisa.
-Está bien, aquí voy, - Mateo se rascó la cabeza, tomó aire y mirando al vacío, comenzó. - Martina Marpas, la hija de David Marpas, el que me compra los bonsáis, ella me trajo un bonsái roto para arreglar, y bueno, ahora es fanática de mi café y cómo lo cultivé.

Franco siempre había disfrutado del patio bien cuidado y armónico de la casa de Mateo, así que se encaminó a la entrada del mismo donde la puerta ya se encontraba abierta, y desde allí dijo:

-Me parece muy bien, no es algo malo que te sucedan esas cosas.
-Lo sé pero…
-Mateo,- interrumpió Franco mirando al patio con curiosidad- ¿por qué hay un zorro chilote, una especia casi extinta, en el patio de tu casa?
-Ah bueno, esa es la segunda parte de la historia,- contestó Mateo que se acercaba al patio -bueno, también encontré una rana que puede entender lo que hablo y yo puedo escuchar lo que dice como si me hablara otra persona - dijo Mateo un poco nervioso.
Franco permaneció inmutable en la puerta observando el paisaje.
-También llegó un druida, con el que tuve que pelear, le gané y ahora está ahí afuera transformado en zorro, - resumió Mateo.

Franco aún permanecía inmóvil respirando relajadamente mientras admiraba la vista desde allí. Sólo se inmutó cuando Mateo dijo:

-Buscaba a Aníbal.

Franco volteó inmediatamente hacia Mateo y le dijo con voz gruesa lo increpó:

-¿Qué le dijiste tú?
-Nada, por el momento, quería preguntarte qué es lo que debería hacer.
-Hiciste bien,- dijo Franco de pronto, con dureza , mientras caminaba hacia el zorro que lo miraba despectivo. –Sé que eres un druida, fuimos advertidos de tu venida, y lo mejor es que te marches de aquí, no eres bienvenido en esta tierra,- dijo franco con una sorpresiva rudeza que dejó perplejo tanto a Vilú como a Mateo.
-Franco, hablas duro para ser un hombre de Dios,- dijo Mateo.
-Lo sé, pero con los años mi parte humana, no la religiosa, no puede dejar de despreciar la causa de todo lo que pretenden hacer,- explicó Franco con voz aún dura, dirigiéndose en seguida de nuevo al zorro, - no serás atacado en tu regreso y no serás perseguido, puedes volver desde donde viniste.
-No puedo regresar,- contestó Vilú, hablando como zorro - tuve que simular mi propia muerte para poder escapar.
-Entonces, si no vienes con un propósito puntual, ¿por qué estás aquí?- preguntó Franco.
-Busco a Aníbal, el druida de tierra.
-¿Con qué propósito?
-Necesito una guía,- dijo Vilú.- Escapé de mi orden porque no estaba de acuerdo con su cabecilla y sus ideas extremistas.
-¿Acabar con la humanidad? - interrumpió Mateo que estaba recargado en un árbol escuchando la conversación.
-Así es, desde hace años se ha ido gestado la idea de regresar a la especie humana hacia la fuente - respondió Vilú. – Esta idea nunca antes había sido tomada en cuenta con mucha seriedad, pero en nuestra orden ha ascendido un líder de ideas radicales que comienza a afianzarla.
-Pero no pueden hacerlo, mientras no tengan el dominio de la fuente de Aníbal… ¿No?- intervino Franco.
-Al parecer, no, eso es lo que me asustó demasiado,- dijo Vilú mientras se rascaba detrás de las orejas con la pata trasera - en los últimos años, la orden de brujos está logrando reclutar varias órdenes de druidas pequeñas y mayores a su causa, y la idea se ha aferrado fuertemente, ahora existe un buen número de fanáticos de una idea fundamentalista en la que el humano no debería existir en el balance.
-Entonces es peor de lo que nos habían advertido,- dijo Franco, que sobresaltado dijo a Vilú.- Retiro lo dicho, puedes quedarte aquí el tiempo que desees, necesitaremos toda la ayuda posible- aclaró Franco y continuó ya más relajado - te pido disculpas, pero nos dijeron que los druidas que llegasen aquí no serian amistosos.
-Está bien,- dijo Vilú mientras se transformaba en humano.- Mi nombre es Vilú, y soy de la orden… era de la orden de los brujos chilotes.

Franco se acercó y al observar el ojo en tinta de Vilú, con una sonrisa en la cara, dijo:

-Veo que Mateo no te recibió precisamente con los brazos abiertos, mañana traeré algo para el ojo en tinta - dijo Franco.
- La bienvenida al gran puerto de Valparaíso - dijo Mateo, - yo tengo algunas plantas que pueden servirle para la hinchazón de ojo.
-Me parece, creo que tendré que traer ropa y un corte de pelo para Vilú, pero por el momento, no me gustaría que Vilú sea visto como humano, hay demasiado en juego aquí, cualquier rumor de los lugareños puede ser nuestra perdición.-
-Está bien, me parece - dijo Vilú.

La tarde, que ya era casi noche, se deslizó sobre ellos acompañada de una brisa fresca que hizo que los individuos entraran a la casa, donde Mateo preparó el café justo como lo disfrutaba Franco. Vilú se había integrado bastante bien en el grupo, un combinación de druidas jóvenes.

Cuando cayó la noche, Mateo se acostó en su cama, ordenada y pulcra, y Vilú se dispuso a dormir en forma de zorro sobre una frazada que hacía de cama.

La noche transcurrió tranquila y pacífica, pero Mateo tuvo un sueño muy extraño. Mezclada con toda su inconsciencia, estaba Martina, de pié, que se acercaba a él y le entregaba un objeto. Luego, detrás de ella había un río de luz que caía por la calle donde estaban parados Aníbal y Franco, de pronto la escena cambió a la imagen de Martina gritando y estirando la mano mientras él caminaba de espaldas; pero lo que lo más lo perturbó, fue que de pronto en su sueño apareció un gato, o lince, no podía identificarlo porque era etéreo y de contornos dibujados en colores amarillosos.

Estaba de pie observándolo, y le hablaba, pero Mateo no podía entender lo que decía, en el sueño, Mateo daba un par de pasos para tratar de escuchar mejor, y el fondo al rededor cambiaba, pero el gato aún estaba allí, y trataba de hablar y acercarse Mateo, y el gato se inclinaba y se lanzaba sobre él. Mateo podía sentir el dolor mientras el animal le clavaba los colmillos en el cuello y sus garras le abrían la carne lentamente mientras el sólo podía quedarse inmóvil. Detrás del gato comenzó a aparecer a flashazos nuevamente la imagen de Martina gritando y estirando la mano como si todo ocurriera en cámara lenta, pero el dolor llegó en un momento a hacerse demasiado real, y cuando Mateo levantó las manos en el aire, se dio cuenta que había despertado, pero el sueño no había sido normal.

Revisó sus manos y su cuello, todo parecía en orden, sabía que debía comentar esto con alguien, miró hacia el rincón de la casa donde dormía Vilú, a pesar de que había llegado recién, sentía confianza con él, pero aún así, había partes de sí mismo que le costaba confiar a otros. De cualquier forma, Vilú era con la única persona con la que podría comentar estas cosas, pero lo haría en la mañana. En ese momento sólo regresó a dormir, esperando no volver a soñar con lo mismo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo 10


X

La mañana fue extraña, el padre Franco prácticamente no había logrado conciliar el sueño, cuando abrió los ojos sólo se quedo inmóvil mirando el fondo de la habitación en busca de alguna señal que le dijera que todo lo que había sucedido la noche anterior había sido un sueño, pero tal señal nunca llegó. Eran alrededor de las nueve y media de la mañana y Franco definitivamente no quería levantarse, no quería ser él, no quería representar su papel aquel día, pero era demasiado tarde.

Todo el mundo notó que estaba particularmente silencioso esa mañana, sólo se dedicó a hacer sus quehaceres sin hablar demasiado. Una parte de él se estaba dando por vencido, creía estar enloqueciendo. Aquellas figuras serpenteantes, blancas y brillantes, que se aparecieron a medida que caminaba, le quitaban lugares en su pensamiento.

Luego, el recordar la definición de Aníbal sobre los druidas lo hizo inquietarse mucho más al darse cuenta que su rol como sacerdote era realmente o debería ser la herencia ancestral de ser el intermediario entre su Dios y sus feligreses. El que esa labor lo acercaba mucho y creara una analogía perfecta para lo que originalmente debería ser un druida, lo perturbaba mucho mas. Sentía que, sin darse cuenta, alguien había encendido una luz que siempre estuvo ahí pero para la cual nadie había encontrado el switch para encenderla. Y en esa luz sentía que técnicamente él también era un druida, pero cuya orden era cristiana, esto le producía una contradicción que le hacía sentir que su fe estaba sucia, y siempre la estuvo, era una crisis distinta a lo de creer o no creer, esta vez se preguntaba si debía creer de la manera en la que se suponía que debía creer.
La tarde pasó tranquila, a pesar de todo, las antiguas dudas y miedos acerca de Aníbal se habían ido, pero aún así las antiguas preguntas dejaron paso a nuevas interrogantes que, aunque molestaban menos, eran igual de intensas. Esa tarde se dedicó a ordenar el papeleo de la iglesia para olvidarse un poco de las dudas, pero aún así ya tenía decidido ir a visitar a Aníbal una vez más.

La noche llegó muy rápido, Franco ya se había vestido con su atuendo de sacerdote, de pantalón de vestir, camisa negra y alzacuellos, y su abrigo favorito para las noches heladas y ventiladas de Valparaíso.
Esta vez, Franco caminaba con una enorme ansiedad a las 11:50 de la noche rumbo a la casa de Aníbal. Decididamente, la situación sería mucho más compleja.

Al llegar a la vieja puerta, golpeó fuertemente, suponiendo que Aníbal estaba en algún ritual en el patio trasero y no le escucharía. Contra toda suposición, la puerta se comenzó a abrir a jalones, como de costumbre, casi inmediatamente. Al terminar de abrir, la primera imagen que vio Franco fue la de un sonriente Aníbal que, con una mano, le indicaba que pasara.

Al entrar como era de costumbre, Franco saludó cordialmente a Aníbal con un apretón de manos. La escena no era paranormal ni extraordinaria como esperaba Franco, la casa estaba casi totalmente oscura de no ser por la luz de la luna y algunas velas encendidas en ciertas partes claves y seguras de la casa.

-Algo me sucedió anoche, mientras caminaba de regreso a la iglesia - dijo Franco con una mirada sincera.
-¿Algo como lo que vio aquí?- preguntó Aníbal.
-No lo sé, algo extraño,- la mirada de Franco se volvió desesperada,- normalmente acudiría a mi fe en casos como estos, pero le confieso, todo esto me está comenzando a dañar la cabeza.
Aníbal invitó a Franco a tomar asiento en una rústica caja de verduras improvisada como silla.
-Anoche vi que desde las partes oscuras sobresalían lentamente ciertas cosas, como líneas blancas tenuemente brillantes - Franco no alcanzo a terminar la frase, cuando notó que Aníbal mostraba preocupación en su rostro.
-Estas líneas ¿eran blancas y ondulantes? - pregunto Aníbal.

La pregunta alivió inmediatamente a Franco, quien inmediatamente borró la posibilidad de locura de su cabeza, que aunque estuvo poco tiempo en su cabeza, había sido una sensación muy molesta.

-¡Sí!- contestó Franco, emocionado.
-Es un tema complejo, Franco, un poco largo y difícil de entender,- advirtió Aníbal.
-¿Es algún tipo de enfermedad?, ¿o algo así? - preguntó Franco inmediatamente.

Aníbal mostro una leve sonrisa, pero su rostro volvió a la seriedad iluminada por las luces de las velas.

-No, Franco, se trata de la apertura de su mente,- respondió Aníbal.
-¿Abrir la mente, como aceptar nuevas ideas y todo eso?- preguntó Franco, que no entendía nada.
-No, es más un término casi biológico y mental - dijo Aníbal, quien trataba de hilar una manera de explicarle un término complejo de manera rápida y concisa a Franco,- ¿cómo sabe que el color rojo es rojo?, ¿cómo puedes saber que el rojo que ves es el mismo rojo que veo yo? - Aníbal preguntó, dejando un lapso para respuestas.
-Entiendo lo que trata de explicar con eso, la subjetividad de la experiencia de las sensaciones-Franco no pudo responder concretamente.
-Algo así, pero netamente, es para explicarte que lo que percibe por los ojos es simplemente un proceso y flujo de datos que hace tu cerebro, es tu mente la que decide etiquetar y mostrarte el color rojo como le parece, y es por eso que el color rojo que veo yo puede diferir mucho del color rojo que puedes ver tú, si es que se encontrara una manera de compararlo.
-Aníbal, siempre me llevas a una idea compleja cuando quiero que me expliques algo simple. ¿Qué cosa eran las líneas blancas? - contestó Franco con decisión.
- Discúlpame si sientes que te doy demasiadas vueltas, pero para entender lo que las líneas blancas son, tienes que entender porqué las puedes ver.
-Bueno, explícame porqué mi cerebro me permite ver las líneas blancas y, por qué ahora, después de ver tu ritual, ¿tiene algo que ver con tu magia? -dijo Franco quien se reclinaba hacia atrás en el cajón de verduras que cumplía las funciones de silla.

Aníbal tomó asiento cerca de Franco en otro cajón de verduras y se rasco la cabeza mirando hacia la muralla, tratando de ordenar las ideas.

-Por lo que se sabe, es que cuando el cerebro tiene que procesar eventos que salen de sus propias leyes de realidad, tiene dos caminos, la ampliación o la locura.
-Entonces, ¿estoy loco? - dijo Franco.
-No, te equivocas, cuando tu cerebro procesó la información que vio cuando los arboles se movieron, lo que estaba acostumbrado a percibir como realidad, tu cerebro entro en un shock, luego del shock tu concepción del mundo logró ampliarse, por lo que tu cerebro técnicamente “desbloqueo” el poder ver los hilos blancos.
-Aníbal, si eso es explicarlo más sencillo, te estás esforzando muy poco,- dijo Franco con su normal tono irónico que relucía cada vez más cuando hablaba con Aníbal.
-El cerebro normalmente te protege de ver cosas demasiado complejas de tu realidad y las bloquea, porque no son parte de la realidad que creaste en tu cabeza, y ahora tu mente puede ver cosas que siempre han estado ahí pero antes no veías, porque tu cerebro superó el shock para poder ver algo más complejo.
-Aún es complejo Aníbal.
Aníbal se exaspero, respiro profundo y aun seguía rascándose la cabeza.
-Cuando los conquistadores llegaron a Norte América, los indígenas no podían ver los barcos en el horizonte, porque su mente les había bloqueado el proceso de esa información, porque no pertenecían a su realidad.
-Pero ellos no se volvieron locos cuando vieron a los conquistadores, ¿o sí?
-No, pero aún así, cuando vieron un jinete, creían que era un solo ente, y cuando un jinete desmontó, corrieron de miedo y pánico, porque el mundo como estaba establecido se les hizo añicos en sus mentes.
-Entonces, a ver si entiendo. Los humanos normales, llámese yo, o la señora que vive en la esquina podemos ver sólo el color rojo, metafóricamente hablando, porque nuestro cerebro bloquea la información respecto al color azul, por ejemplo- dijo Franco tratando de acertar en su suposición.
-Así es, Franco, excelente analogía - dijo Aníbal, - pero aún no puedes ver totalmente el color azul del mundo, recién estas empezando a poder ver un poco el rojo azulado.
-Pero todo tiene un comienzo.
-¿Qué pasaría si le dijera que desde la ventana nos observa un duende que probablemente hable más idiomas que tú y que lleva viviendo en esta calle por más tiempo que usted?- dijo Aníbal con una risita mientras mordía un pasto que llevaba en la mano.
-Te diría que deberías escribir cuentos para niños, porque los duendes no existen.
-¿Por qué no existen, porque no los has visto, o nadie los ha visto?, entonces ¿por qué existen en el folklore de tantas culturas distantes entre sí? O sea una cosa que ha quedado clara es que el hombre es incapaz de crear cosas desde su sola imaginación, aunque sean relatos, todo tiene una base de real aunque sea en sus fuentes más antiguas,- dijo Aníbal con su típica agudeza.
-Pero es que si fuera por eso, los dragones también existirían, existen en todas las culturas, chinas, aztecas, europeas, sudamericanas, pero no existe prueba física de la existencia de ellos,- arremetió duramente Franco de vuelta.
-No te recomiendo que te metas en el tema de los dragones por ahora Franco, es un tema larguísimo, pero sí, existieron y los druidas tenemos pruebas de ello.
-¿Y por qué no se las dan al público general, por qué negar el conocimiento?
-Porque estas cosas no se pueden enseñar, es como entregarle un libro escrito con tinta purpura, a alguien que solo puede ver el color rojo,- dijo Aníbal – además creo que fui claro respecto a cómo se debe conservar el balance del mundo hasta el final, esta información podría desequilibrar la balanza hacia un lado y eso es siempre malo, todo extremo es malo.
-Bueno, pero volviendo al tema, ahora que sé que puedo empezar a ver un poco en púrpura, ¿qué era esa cosa blanca? - preguntó Franco.
-Un bicho,- dijo Aníbal.
-¿Un insecto?
-No, la palabra bicho está mal ocupada en los insectos,- dijo Aníbal mientras se quitaba el pasto de la boca,-La palabra bicho es una palabra viejísima y que no tiene un origen claro, y estaba guiada a describir algo que no se conoce bien qué es,- dijo Aníbal mientras se volvía a comenzar a rascar la cabeza.
-Ya sé qué sucede cuando te rascas la cabeza, y sé que se viene otra explicación compleja,- dijo Franco ya un poco más relajado.
-Es verdad, es complejo,- dijo Aníbal- si trazáramos una línea donde en un extremo está la fuente de la vida, el origen de todo, y en el otro extremo de la línea ponemos al humano, como lo más distante de la vida, tendríamos que ubicar a cada especie según su lugar y cercanía con esta fuente.

Franco sólo asintió con la mirada, porque esto le costaba menos esfuerzo entenderlo.

-Inmediatamente después del humano deberíamos poner a los animales, y luego la vegetación, insectos, microbios, etcétera,- hablaba Aníbal mientras con sus manos dibujaba la línea imaginaria para el mejor entendimiento,- eso estaría cercano a nosotros, porque nosotros podemos verlos de manera natural, luego, a medio camino de la línea hacia la fuente, encontrarías a las especies autorenegadas, como los duendes, o gnomos o como se quieran llamar ellos mismos.
Franco se sobresalto en su rustica silla para interrumpir a Aníbal.
-¿De verdad los duendes existen?
-Así es, pero no son muy numerosos, y ellos de manera especial, pueden decidir hacerse visibles a los humanos, pero no lo hacen prácticamente nunca porque no les gusta ni los humanos ni los druidas, además que muchos dicen que se están desvaneciendo hacia la fuente.
-Interesantísimo, me gustaría ver un duende - dijo Franco.
-Cuando veas uno, trata de no asustarlo, pueden ser muy fastidiosos si se enojan,- dijo Aníbal que aún tenía las manos sosteniendo una línea imaginaria en el vacío,- luego de los duendes, vendrían los dragones.
- ¿Dragones? Esto se está volviendo demasiado fantástico.
-Sé que suena fantástico, pero los dragones desaparecieron también de manera voluntaria hace muchos, muchos años, nadie ha visto uno en siglos.
-Pero, ¿por qué estas especies tan raras deciden autoexiliarse, y exiliarse a dónde?
-Los dragones y duendes eran y son seres de una sabiduría mucho más profunda que cualquier druida, y para ambas razas la conclusión de todo su conocimiento, fue que la mejor manera de preservar el balance de la vida es tratar de no afectarlo, y para no afectarlo, ellos encontraron la manera de dispersarse como energía y vivir como niebla, o como aire, estar en la naturaleza, pero dejar de vivir en estos planos, dispersarse.
- ¿O sea que están muertos? - preguntó Franco.
-No, no se sabe realmente, pero muchos dicen que no. Pero los druidas y dragones siempre han sido grandes enemigos a nivel intelectual y físico, para los dragones el humano está fuera del balance de la vida.
-¿Cómo pueden ser enemigos de algo que no saben si existe o no?
-Existen historias gigantes de luchas contra dragones para que no eliminasen al humano,- dijo Aníbal que seguía todavía sin soltar de las manos su línea imaginaria.
-¿Y escupían fuego y volaban en esas historias? -preguntó Franco como un niño fascinado por un relato de aventuras.
-Al parecer sí, pero netamente podían utilizar las mismas habilidades de los druidas pero mucho más potentes,- dijo Aníbal mientras sacudía la cabeza para volver a su punto original. - En el punto más cercano a la fuente están los bichos, que son seres de muchos tamaños y formas, están conformados netamente de energía, carecen de inteligencia y tienden a ser parásitos emocionales.
-¿Parásitos emocionales? - preguntó Franco intrigado.
-Así es, los bichos, al ser de pura vida, tienden a buscar y acercarse a los planos y visiones de los humanos para parasitar alguna emoción o percepción de ellos.
-¿Y por qué algo así parasitaría emociones si esta a un paso de ser pura vida?- preguntó Franco.
-No se sabe a ciencia cierta, pero al parecer, como te decía, al estar compuestos de vida, carecen de emoción y la parasitan del humano.
-¿Y esto es muy común, al menos que los pueda ver yo? - dijo Franco.
-Que los puedas ver sí, es común entre los druidas, pero que aparezcan no es tanto,- dijo Aníbal.
-Pero, ¿qué podrían estar parasitando esas líneas blancas? - dijo Franco.
-Probablemente estaban tratando de parasitar susto o terror,- dijo Aníbal ya con las manos a los lados,- los fantasmas por lo general son bichos que adoptan formas que saben que al humano aterrorizan para poder sentir el terror de ellos.
-Pero ¿existen más de uno? - preguntó inocentemente Franco.
-Son muchos, nadie sabe cuántos, y algunos son muy peligrosos, pero al menos se sabe que no se reproducen ni son “contagiosos”, sólo pueden suceder.
-Pero si por ejemplo, a mí me atacara un bicho, ¿se puede quitar? - preguntó Franco.
-Totalmente, los druidas nos dedicamos a estudiarlos dentro de lo que se pueda y aparezcan, realmente no se sabe mucho sobre qué los mueve y qué los hace aparecer o desaparecer entre los planos de visión,- dijo Aníbal,- por ejemplo ,existe un bicho muy común que se llama cancutro, que es un pequeño ente imperceptible que se mete en el oído izquierdo de su víctima y parasita el deleite del sonido, realmente no es nada muy alarmante su presencia, pero puedes padecer mucho frio en un sólo oído, o dejar de escuchar en ese oído por instantes.
-¿Y cómo lo quitas, con alguna especie de cirugía?

Aníbal soltó una carcajada muy sutil.

-No, sólo debes meter un par de gotas de té normal por el oído, y el bicho se irá porque no le gusta el sabor del té.
-Vaya, es bastante simple, pero supongo que esa simpleza puede ser una causa para la complejidad,- dijo Franco, bastante complicado tratando de entender el tema.
-En todo caso, como te digo, es raro encontrarse con bichos en grandes cantidades, es más probable que tú entres al lugar donde un bicho habita y que te ataque allí.
-¿Cuál es el bicho más peligroso que conoces?
-Hay de todo, aunque no conozco alguno que quite la vida, he escuchado de bichos que parasitan los recuerdos de una persona al punto que pueden prácticamente borrarte días y semanas de tu memoria,- dijo Aníbal, quien volvía a masticar su varilla de pasto.
-Entonces el bicho que vi anoche, ¿tendría algo que ver con el terror que sentía yo, o el terror que sentí? - preguntó Franco.
-Muy buena pregunta, es verdad, es raro que un bicho aparezca así como así, probablemente debe haber sido por el terror, o puede ser la confusión, la respuesta a eso no me atormenta,- pensaba Aníbal en voz alta, -lo que me atormenta es el porqué están apareciendo en la ciudad, eso es totalmente anti natural para un bicho, no les gusta el ruido, ni el cemento. Algo está pasando,- dijo Aníbal, mientras se ponía de pie mirando la ventana,- creo que algo va a suceder amigo mío, algo pronto va a suceder en esta ciudad, y espero que estés listo para ese día.
-¿De qué hablas?
-Puede que en poco tiempo o en mucho tiempo áun, vengan más druidas, y sus intenciones no serán buenas.
-¿Vienen tras de ti, Aníbal?- preguntó Franco.
-No, a ellos probablemente no les importe mi presencia, yo vine a tratar de salvarlos, porque al menos mi intuición y conocimiento me dicen que querrán partir por esta ciudad.
-¿Partir con qué?
-Una idea a la que siempre estuve opuesto y por la cual me autoexilié.
-¿Una matanza?, -la cara de Franco se veía aterrada.
-No, pero quizás algo peor.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Capítulo 9


IX

La situación era tensa, Mateo estaba totalmente cubierto de enredaderas que mantenían sus manos aferradas a la pared y los pies amarrados al piso, completamente inmóvil. El hombre frente a él, de aspecto joven, pero a la vez desaseado y descuidado, con barba y pelo largo, no dejaba de mirarlo fijamente. Las cosas estaban fuera de control para el joven dueño de casa, pero a pesar de eso estaba tranquilo, esta tranquilidad inquietaba al violento invasor que lo observaba detenidamente pensando en cuál sería su actuar. A pesar de tener la situación en sus manos, dudaba respecto a qué hacer.

-Eres un druida del sur, ¿no?- dijo Mateo.
-¿Cómo sabes eso?, ¿cómo sabes sobre los druidas?- contestó el druida ermitaño que estaba concentrado para que la fuerza de su magia no se dispersara.
-Yo pregunté primero - Mateo esbozó una sonrisa en su rostro a pesar de la situación.
-Te concederé ese derecho, - respondió el extraño – sí, soy un druida de Chiloé, sur de Chile. Ahora dime tú, ¿cómo sabías eso?
-Simple, las leyendas chilotas son conocidas en todo el país, sé que los llaman brujos por tradición española, y también sé que suelen transformarse en cormoranes negros, que en tu tierra llaman “cuervo negro” y es augurio de mala suerte para los lugareños, por lo mismo y sumando tu aspecto puedo deducir que tu orden no se les permite ser vistos en formas humanas, sólo se pasean en formas animales entre la gente… son la orden de druidas a nivel mundial que han llevado al extremo el ermitañismo- dijo Mateo mientras forcejeaba discretamente para liberar la mano derecha.
-¿Por qué dices eso de mi aspecto? - preguntó el hombre de apariencia extraña.
-Porque al pasar tanto tiempo lejos de humanos comunes, y tanto tiempo rodeado de otros brujos, tienes un aspecto humano muy deplorable y desaseado.
-Yo pensé que llevar el pelo largo estaba de moda,- dijo el extraño con una respuesta totalmente fuera de lugar.
-Los noventa terminaron en los noventa,- respondió Mateo.

El curioso giro de la conversación descolocó al extraño joven, por un momento su expresión demostró que su mente se distrajo por un instante, durante el cual Mateo pudo soltar una mano.

-Ahora dime, si no eres druida, ¿cómo sabes sobre ellos? – preguntó el extraño que volvía en sí.
-Bueno, me temo que no estoy autorizado a darte esa información,- respondió Mateo quien respiraba profundamente.
-Bueno, si sabes sobre nosotros, sabrás que un brujo chilote debe matar a quien lo ve,- dijo el extraño que preparaba un nuevo movimiento con la mano que sostenía el bastón.
-Sí, había escuchado algo así, pero también escuché que cuando un brujo es desenmascarado muere de manera extraña.
-Ah, sí, es verdad, pero es porque otros integrantes de nuestra comunidad se aseguran de que nuestra orden permanezca en silencio - dijo el extraño que comenzaba a concentrar un brillo verde en su mano izquierda, y unas ramas extrañas se comenzaban a formar en el cuello de Mateo.

Mateo comenzó a sentir que las ramas comenzaban a ahorcarlo muy rápidamente, en el último instante, giró su mano derecha hacia arriba. De golpe y con un ruido considerable, una raíz del castaño se desenterró y se movió rápidamente haciendo que el brujo cayera de espaldas provocando que perdiera la concentración.

Mateo consiguió soltar su brazo derecho completamente y jaló las ramas que tenía en el cuello. En ese instante el hombre que estaba de espaldas, se incorporó moviendo su torso hacia adelante y al mismo tiempo transformando su cuerpo en un zorro, y desde esa posición se lanzó con la mandíbulas abiertas sobre el cuello de mateo. Pero en ese mismo momento, la misma raíz del castaño se interpuso y el brujo se encontró sorpresivamente masticando un trozo de madera que lo azotó contra el suelo y lo lanzó lejos, a unos metros al fondo del patio.

Mateo logró zafarse de todas sus amarras y se apresuró a tomar posición bajo el castaño que parecía estar dispuesto a defenderlo a cualquier costo.

En el suelo, el sorprendido brujo en su transformación de zorro debía tomar una decisión rápida, no esperaba resistencia, de hecho no esperaba nada de lo que estaba sucediendo. Bajo el castaño, Mateo se irguió con los pies separados y brazos abiertos, tenía que concentrarse con los ojos cerrados, era evidente que no estaba acostumbrado a hacer tal desplante de habilidades, pero debía defenderse, sabía que los brujos chilotes cumplen su palabra y tradición.

El zorro se puso de pie y en una fracción de segundo volvió a la carga sobre Mateo quien, sorprendido, levantó tres raíces gruesas del suelo para defenderse lanzándolas rápidamente sobre el atacante, pero el zorro chilote es un depredador de poco tamaño pero feroz, lo cual le daba la determinación y la agilidad para esquivar velozmente las raíces que eran demasiado lentas para su maniobrabilidad superior. Cuando la tercera raíz trato de golpearlo, el zorro se encaramó a la raíz misma para saltar unos metros y dejarse caer directamente sobre Mateo. La pelea parecía decidida, pero en último momento Mateo abrió los ojos y levantó una pared de siete raíces más que rodearon su cuerpo y expusieron sus puntas como espinas protegiendo su cuerpo. El zorro sorprendido nuevamente se retrajo usando una raíz para saltar hacia atrás y replantear su ofensiva, sabía que no podía darse por vencido.

Retrocedió sólo lo suficiente para pensar su estrategia, Mateo aprovechó el momento para observar a su oponente, desde su muralla de raíces podía distinguir el pelaje gris y la mirada decidida de un zorro chilote. Lo había visto sólo en fotografías, el tamaño era pequeño, perfectamente una persona común llegaría a pensar poder enfrentarse al animal a mano limpia y creer que ganaría solo porque su tamaño daba para subestimarlo, pero la fiereza de su decisión y lo afilado de sus dientes podían hacer mucho daño, sin contar con la ya afamada astucia de un zorro que lo hacía un estratega que no sólo atacaba de frente.

Mateo no tenía un plan de defensa mucho más complejo que “evitar lo que venga”, y el brujo estaba diseñando un plan, lo podía ver en la mirada del zorro que mostraba sus afilados dientes bajo los belfos retraídos y buscaba una brecha en la coraza de raíces espinadas. Aún así, el invasor estaba sorprendido, sabía ahora que por lo que había demostrado hasta el momento, Mateo no era alguien con conocimientos y habilidades tan definidas como él, pero lo poco que tenía lo utilizaba con inteligencia.

Aquí venia el nuevo ataque, la partida era la misma, el zorro corría hacia Mateo directamente, nuevamente esquivaba las raíces que trataban de golpearlo, y de un salto se posicionó sobre la última raíz antes de llegar a la muralla. En el último momento, Mateo sorprendido, vio que el zorro se había impulsado a costa de herirse las patas delanteras en la coraza de raíces espinosas para poder dar un salto que sobrepasaba la línea de las raíces y quedar directamente a sus espaldas.

Mateo quedó perplejo, su estrategia de sólo evitar los ataques se había caído totalmente, porque no tenía la espalda cubierta.

Al darse vuelta, Mateo encontró que su propia muralla lo estaba acorralando, y el zorro ya se había transformado en hombre y tenía su bastón con la punta hacia adelante con bastante filo lista para asestar la estocada sobre su víctima.
Mateo casi se dio por derrotado, pero en ese momento vio que en la punta del bastón saltó una rana, que a pesar de su pequeño tamaño, sorprendió a ambos con su valentía, para luego saltar directamente sobre el rostro del atacante.
El brujo se había distraído por un instante y al volver a reaccionar, lanzó la rana lejos.  Con una mano sobre la pared, Mateo asustado gritó,

-¡Mo!

La rabia se había apoderado de Mateo, una rabia ciega, sentía las vísceras ardiendo y casi al punto de perder el control.

El brujo volvía a tratar de propinar el golpe de gracia, pero sintió un leve temblor en la tierra, y una raíz se había apoderado de su bastón y en el mismo instante lo lanzó lejos. Mateo estaba furioso y casi fuera de sí. El brujo retrocedió y se transformo en zorro para aumentar su agilidad. Pero era muy tarde.

Mateo estaba furioso y su rol se había intercambiado de victima a victimario, Mateo, concentrado por su misma rabia, levantó las manos con un grito. Hizo emerger alrededor de diez raíces más del suelo, que entrelazó a una altura de cinco metros, el trenzado era bastante inteligente, desde el piso, el sorprendido brujo sólo vio caer un cúmulo de raíces que asemejaban un martillo gigante blandiéndose sobre él.

En el último segundo logró esquivarlo, pero al caer, las raíces se dispersaron, reconfigurándose en otra forma, una mano gigante que comenzó a encerrar al zorro como un puño. En ese instante, el zorro se dio cuenta que las cosas estaban fuera de control y que la batalla estaba perdida. Tenía las patas heridas, sabía que ya no podía afirmarse en su agilidad para sobrevivir. En un abrir y cerrar de ojos, se transformó rápidamente en un cormorán, para poder salir volando hacia el fondo del patio, pero Mateo no tenía todo dicho aún. El fondo del patio estaba habitado por árboles de huerto: un limonero, un manzano y algunos ciruelos, entre otros. Lo que no sabía el brujo, es que Mateo ya había pensado en eso.

En un instante, las raíces del castaño regresaron a su origen bajo tierra, ahora eran los árboles del huerto quienes aprisionaban al cormorán que trataba de escapar volando. El manzano, que se caracterizaba por ser rebelde con Mateo, no darle muchas frutas y no obedecer su comunicación druídica, con una rama golpeó al cormorán que cayó sobre el suelo con fuerza. Mateo rápidamente corrió hacia el ave y la tomó por las alas, al girarlo hacia él, el cormorán se transformó en humano nuevamente. Mateo, enfurecido, se puso sobre él.

Desde el fondo logró escuchar la voz de Mo quejándose, aquella señal de vida lo tranquilizó y lo regresó a sus cabales.

-Debes matarme, druida- dijo el extraño, maltrecho y con la boca ensangrentada por el golpe del manzano.
-No soy druida, y no te mataré- respondió Mateo, ya más tranquilo,- vienes de muy lejos, ¿no?
-Desde el sur, Chiloé. El viaje no ha sido fácil.
-¿Ah sí?- dijo Mateo, aún sobre él.
-Sí, - respondió inocentemente el extraño.
-Entonces,- en ese instante Mateo le asestó un puñetazo con toda su fuerza al druida, que quedó inconsciente noqueado en el piso,-bienvenido a Valparaíso.

Mateo corrió entonces hacia el lugar donde cayó Mo, y se encontró con la rana de espaldas en el suelo. A pesar de todo, el golpe lo soportó bastante bien su esqueleto flexible.

-¿Estás bien, Mo?
-Cuando te azoten contra una pared gigante con mucha fuerza, pregúntame eso,- al menos el carácter de Mo estaba intacto.
-Pero ¿te sientes bien?, ¿no estás herido? – insistió Mateo, tomándolo en sus manos.
-Creo que se me vació el estomago, voy a necesitar mucha comida.
-Está bien, te compraré comida para tortugas, - dijo Mateo, que reía tiernamente.
-También esta experiencia me mostro lo frágil de mi vida, creo que sería bueno que me consigas una rana hembra, - añadió Mo quien a esas alturas ya fingía su dolor.
-Eso es difícil Mo, y lo sabes, y no empieces que no me esfuerzo.
-Está bien, entonces sólo comida para tortugas.

La situación se había tranquilizado, pero Mateo sabía que debía hacer algo con el intruso que estaba inconsciente, y que ya mostraba signos de volver en sí. Entonces Mateo, arrastró al hombre hasta las faldas del castaño, donde lo amarró fuertemente contra la base.

Al volver en sí, el hombre se encontró con el rostro de Mateo sonriente, que sostenía un vaso con agua en la mano, y sobre su cabeza, una rana que esta vez no saltaba porque estaba adolorida.

-¿Amigos?- dijo Mateo irónicamente.
-¿Por qué no me mataste?
-No es mi estilo- dijo Mateo- pero, necesito saber el porqué estas aquí, tan lejos de tu tierra.
-No te lo puedo decir - dijo el extraño.
-Me parece bien, pero, si eres de la orden de los brujos chilotes, ellos mismos vendrán a matarte, fallaste en tu misión.
-No tengo misión y nadie vendrá, - respondió el extraño, desviando la mirada por un instante.
-¿Por qué?
-Porque ellos creen que estoy muerto,- con estas palabras, Mateo quedó perplejo.
-Eso aún no contesta el porqué estas acá.
-Buscaba la huella de un druida legendario, los rumores más antiguos dicen que está en este lugar.
-No está acá – respondió Mateo.
-¿Le conoces?, ¿sabes dónde está?- preguntó el extraño.
Mateo quedó en silencio sin responder a aquella pregunta.
-¿Cuál es tu nombre?- preguntó Mateo amablemente.
-Mi nombre druida es Vilú - dijo el extraño.
-Ese es el nombre que te dio tu orden, ¿y tu nombre de cuando eras humano?- dijo Mateo mientras comenzaba a desatarlo.
-No lo recuerdo -contesto Vilú.
Mateo se detuvo con esas palabras, como si el olvidar el origen le sonara como un eco en su cabeza, pero al instante se recompuso y esbozó una sonrisa.
-Supongo que como no tienes dónde quedarte, y no tienes dónde ir, quédate aquí, mi casa es tu casa - dijo Mateo mientras le daba la mano para ponerse de pie. -Mi nombre es Mateo, bienvenido a mi refugio.
-Mateo, deberías hacerte algo con tu pelo, si no te cuidas, terminaras como él,- Mo se manifestó desde la cabeza de Mateo.
Mateo no pudo evitar reír a carcajadas.
-¿De qué te ríes?- dijo Vilú, mirándolos de soslayo.
-De lo que dijo la rana, - respondió Mateo con sencillez.
-¿Puedes entender lo que dice una rana? - pregunto Vilú extrañado a muerte.

Zorro de darwin o Zorro chilote

Créditos:

Historia original: Sebastián Leonardo