miércoles, 25 de noviembre de 2009

Capítulo 3


III

La expresión en la cara de Mateo explicaba su perplejidad. A pesar de ser una persona que estaba acostumbrada a cosas extraordinarias, este suceso le sacudió los sesos al punto que dentro de su propia racionalidad no sabía qué ruta tomar. No sabía si realmente escuchó hablar una rana o si alguna parte de sus neuronas se confundieron.

-Hey, humano… si pones esa expresión cada vez que ves una rana, deberías hacer algo respecto a las moscas, este lugar es un banquete.- Era obvio que la rana tampoco se había dado cuenta que él podía escucharlo.

-¿Pu… pu… puedes hablar?...- Mateo quedó en shock.

La rana tenía sus gigantescos ojos color rojo girando distraidamente en las moscas que había en la casa para inmediatamente fijarse en el rostro de Mateo.

-¿Puedes entenderme?...- la rana estaba sorprendida dentro de su rígida expresión.

-¡Tú…puedes entenderme?...- respondió Mateo.

-Bah, mi primera conversación con uno de los que se auto proclaman seres inteligentes y lo único que obtengo es una conversación que va en círculos…- la rana dijo muy segura de sí misma.

-Pero, esto es… fantástico, puedes hablar…

-¿Hablar?... Todos hablan, humano, la cuestión es qué lengua hablan… las ranas hablamos en lengua rana, como los perros hablan en perro y los gatos en gato…

-Pero cómo es que tú puedes hablar un idioma que yo entiendo…- Mateo hablaba mientras dejó el bonsái con cuidado sobre la pequeña mesa que estaba junto a la ventana parchada de su casa y se sentó a verlo y examinarlo con miradas rápidas alrededor de su cuerpo que estaba en el fondo del macetero.

-Yo no estoy hablando en ningún lenguaje especial humano, yo estoy hablando en mi idioma nativo… eres tú el que puede entenderme de alguna manera paranormal.

-Pero si fuera así, podría entender a los perros y a los gatos del lugar…

-No me preguntes a mí, yo solo hago lo que una rana hace…

-¿Y cómo puedes entender lo que hablo yo?- preguntó Mateo inmediatamente.

-La mayoría de los animales podemos entender el idioma humano, su lenguaje es bastante arcaico y esencial, pero en lo personal, digamos que yo me he dedicado a instruirme en lo humano, soy una rana muy educada.

Mateo se quedó suspendido en sus pensamientos tratando de tragar esta anormal situación y a la vez intentando enteder de qué se trataría todo esto.

-Bueno, no sé qué tendrás que hacer ahora, pero yo tengo que comer, espero que no te moleste si la población de moscas disminuye,- dijo la rana, por lo que tuvo de respuesta un distraído silencio.

-¿Cómo te llamas?...- dijo Mateo mirando fijamente a la rana.

-Mi nombre es Mo, ¿cuál es el tuyo, humano?…

-Mateo…

-Un gusto en poder hablar contigo Mateo.

-Supongo que para mí también es un gusto,- dijo mateo mientras se rascaba el pelo desordenado, - ahora, supongo que te puedes quedar aquí mientras tengas cuidado, hay muchas plantas como para que vivas en ellas,- dijo Mateo mientras comenzaba a examinar el accidentado Bonsái con una pequeña lupa que guardaba en su bolsillo.

-Tiene unas ramas rotas, uhmmm una fisura mayor en el ápice principal, un poco de levantamiento en las raíces… me pregunto qué diablos estaban haciendo cuando sucedió esto.

-Estaban discutiendo, ella y su macho reproductor,- dijo Mo mientras comenzaba a buscar un buen lugar moviéndose a saltos cortos en la mesa.

-Macho reproductor te refieres a su novio, ¿no?- Dijo mateo poniéndole atención.

-Ah sí, eso, no entiendo muy bien cómo es el sistema de apareamiento humano, pero sé que él era su pareja,- dijo Mo mientras mantenía su mirada fija en una descuidada mosca en la ventana,-estaban discutiendo y gritando, y él trato de hacer algo medio brusco y ella lo empujó y él casi se sienta sobre el bonsái y sobre mí.

-Al parecer ese tipo es un imbécil, pero un imbécil con dinero… algo muy útil en este mundo,- dijo Mateo mientras buscaba una bolsa de plástico para picarla en pequeñas tiras.

-Bueno, el mundo es mucho más grande que tu cabeza, Mateo, pero sí te entiendo. Una vez estuve en una situación parecida, la rana que me gustaba se sentía atraída por una rana macho que lo único que tenía era un pie de color amarillo, maldito Pogo, farsante.

-Así es amigo mío, las hembras son inentendibles, es la parte más fea con que lidiar de la realidad.

-¿Feo?, feo será el día que te despiertes y veas un trasero humano gigante tratando de sentarse sobre el bonsái que escogiste como casa, ESO es feo,- dijo Mo mientras masticaba moscas, Mateo no pudo evitar soltar una carcajada.

-Metafóricamente, lo he visto, sobre todo en este lugar y el resto de lugares pobres,- dijo Mateo mientras ataba algunas de las tiritas de bolsa para reparar ramas separas y rotas y sostenerlas en el Bonsái. - ¿Cómo es que una rana como tú llegó hasta acá?, o sea conozco un poco sobre anfibios y tú no eres de esta área… o región.

-Así es, no fue un viaje corto ni un viaje tranquilo. Vengo desde muy al norte, llegué en una planta en la tienda donde estaba este bonsái,- dijo Mo mientras saltaba en la mesa donde Mateo trabajaba sobre el bonsái.


-Este bonsái se demorará un par de semanas en recuperarse, es bastante daño estético, pero sobrevivirá,- dijo Mateo mientras seguía amarrando el tronco partido y las ramas rescatables con la bolsa.

La situación no era de lo más común, por más que ambos sostuvieran largas conversaciones rana-humano, para Mateo algo estaba cambiando en su plácida rutina de cultivador y experto en plantas. El barrio comenzó nuevamente a hablar entre chismes y una vez más el blanco de esto fue él, esta vez por diversas ocasiones en las que fue visto hablándole a los gatos y perros del lugar. Lo peor de todo era que Mateo efectivamente estaba hablándole a un gato negro con manchas grises que tenía la costumbre de dormir descaradamente estirado a un lado de la puerta de su casa, allí donde el sol golpeaba todo el día. No lo hizo sólo una vez, fueron muchas veces, Intentaba hablarle y seguía intentado y el gato sólo lo quedaba mirando despreocupado para seguir acicalándose como si nada hubiera sucedido.

Los rumores habían vuelto y Mateo sabía que tenía que hacer algo para que las cosas dentro del barrio no se salieran de control. Sabía que podían decirle brujo, satánico o quizás alguna otra conclusión loca que hubieran sacado por verlo comportarse de maneras extrañas.

Pero fue un día miércoles en la tarde, una tarde soleada cuando las verdaderas complicaciones se comenzarían a presentar. Mateo estaba trabajando un poco de tierra orgánica que él mismo creaba enterrando restos de comida, llámese cáscaras de frutas y verduras y comida en descomposición en ciertos lugares de su apretado patio. Este proceso producía en dos meses composta, un componente esencial de cualquier tierra nutritiva para cultivar.


El sol golpeaba directamente sobre su cabellera castaña desordenada y sobre su camiseta roja que traía un estampado de “Mc Donald’s, I’m loving it.” Mateo se secaba el sudor de la frente y Mo estaba en la sombra de un árbol remojándose en un pequeño recipiente de vidrio con una piedra y agua, cuando algo en el ambiente, algo instintivo comenzó a llamarle la atención y provocó inmediatamente que levantara la vista y comenzara a mirar el horizonte completo. Algo estaba por suceder pero no sabía qué, así que decidió hacer caso omiso a su instinto y continuó haciendo sus labores y enterrar lo que debería convertirse en composta en un futuro.

La tarde transcurrió normal, Mo seguía chapoteándose en su improvisada pecera, hablando sobre las estrepitosas aventuras de su corta vida y Mateo hurgaba entre las plantas por maleza que quitar. Revisaba un pequeño invernadero creado sólo con bolsas de supermercado donde tenía algunos tomates y algunas legumbres para su propia comida. Dio mantenimiento a algunos de sus bonsáis que estaban dispuestos en una repisa hecha a mano en la pared que daba al patio de su casa. Cumplió su rutina diaria normal y por dentro se sentía satisfecho, así que fue a darse una ducha rápida, como era de esperarse, para poder cocinar la cena para la noche que estaba cayendo rápidamente con un color carmesí en el horizonte.

Después de la ducha, y mientras se vestía Mateo, alguien comenzó a llamar a la puerta. Mateo sabía que no era alguien conocido por la manera de tocar, algo dentro de sí comenzó a darle la corazonada de que no se trataba de alguien común y corriente tampoco. Se acercó lentamente a la puerta, mientras lograba concentrarse para hacer algo. Mateo tomó un viejísimo palo que tenía cerca de la ventana y se acercó a ella para poder ver algo y solo distinguió una extraña silueta que no estaba acostumbrado a encontrar, dio un par de pasos y se llenó de valor y lo llevo hacia su brazo, donde estiró la mano y abrió la puerta rápidamente.

Click Aqui para el capitulo 4

5 comentarios:

Sebastardo dijo...

Proximo Chap, el viernes.

agradecimientos a Her Kommandant Mary ann por su trabajo consistente de traer mi sanscrito a lenguaje legible.

Marian dijo...

aaaaawn ... gracias.

...pero no te salvas, aún lo quiero :D mío mío mío.

Sebastardo dijo...

¬¬

Hely dijo...

Jajaja, lo tomó bien para ser la primera vez que escucha a una rana parlante.

Gracias! y a la espera del siguiente capi jojojo.

Karasu dijo...

Ya quiero q sea Viernes!!! x3

Esta muy padre la historia, muchas felicitaciones

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Créditos:

Historia original: Sebastián Leonardo