jueves, 31 de diciembre de 2009

Capitulo 11 1/2

Equis-palito-palito

La tarde era gris y era brillante a la vez, el calor caía como de costumbre, un joven padre franco caminaba por las empolvadas calles de Valparaíso rumbo al obispado, de pronto puso la mirada en el firmamento, y pudo distinguir una forma flameante que venía contra el cerro, cuando puso su mano en su frente para poder divisar mejor, era muy tarde, una bomba atómica había caído sobre Valparaíso y todos murieron.







FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS LOS QUE LEEN ESTA HISTORIA, Y PARA LOS QUE NO LA LEEN, BUENO… TAMBIEN.

 
PD: Chap 12 para después que todos pasemos la resaca.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Capítulo 11


XI

La tarde era de lo más tranquila, el viento cruzaba normalmente el patio fresco de la casa vieja de la calle el roble. Mateo estaba atónito con el comentario de Vilú, quien miraba al vacío tratando de dilucidar toda la situación.

-¿No puedes escuchar a la rana? - preguntó Mateo con sorpresa.
-No, o sea sí, la escucho croar, pero no escucho palabras, ni frases, ni oraciones - la expresión de Vilú demostraba que decía la verdad,- ¿tú puedes escucharla, o sea, entenderla?
-Sí, puedo escucharla decir palabras,- contestó Mateo con una expresión rara en el rostro.
-Entonces estás loco,- contestó Vilú.
-¿Hablar con un rana?, ¿locura?, me lo dice a alguien que hace media hora vi transformarse en zorro y en cormorán,- dijo Mateo,- además la rana me dijo su nombre, se llama Mo.
-Se llama Mo, y baila tap y quiere ser un niño, ¿no?... eso no es nada mágico, es demencia,- dijo Vilú mientras se ponía de pie y se sacudía.
-Hey, de verdad puedo entenderla, puedo hablar con ella, yo pensé que podía ser algo así como habilidad druídica - dijo Mateo.
-Mateo, los druidas nos comunicamos, simpatizamos con las cosas, tú simpatizas con las plantas y te comunicas con ellas de manera… esencial, al punto que logras hacer lo que puedes hacer, moverlas como si fueran tus propios brazos,- dijo Vilú con un tono serio pero a la vez sarcástico - pero, por favor, hablar con una rana, y con los animales, entonces los druidas seriamos traductores de rana-español/español-rana.

Vilú miro al castaño y luego divisó un gato durmiendo en el tejado y no pudo evitar decir.

-Hey tú, castaño, sírveme un café,- dijo Vilú riéndose de Mateo. - Gato, baja aqui y discutamos el significado de la vida, o el significado de alguna de tus siete vidas.

Mateo, que no era una persona fácil de irritar, no pudo evitar soltar una risa con el espectáculo de Vilú. Pero Mo, dentro de su carácter, apenas podía soportar las ironías de Vilú:

-De los humanos que he conocido, probablemente este sería el único al que mataría por estrangulación.
-¿Y cómo podrías estrangularlo? - preguntó Mateo, y al mismo tiempo Vilú cambio su atención hacia la conversación de Mateo.
-Me metería en su boca y haría que se atragante con mi voluminoso cuerpo - dijo Mo medio irritado.
-No conocía tus dotes de kamikaze, ¿lo desarrollo tu especie? - preguntó Mateo a Mo y Vilú se acercaba lentamente a Mateo y acerco su oído a su cabeza.
-Lo desarrolle yo, diseñado para superar evolutivamente la idiotez de tu especie, - Mo no se aguantaba el enojo.

Vilú, quien trataba de dilucidar si esto era verdad o mentira, a través de movimientos extraños, oliendo el cabello de Mateo, tomando su cabeza y poniendo el oído sobre ella. No pudo evitar preguntar:

-¿Te estaban hablando, no?
-Así es, Mo, la rana - dijo Mateo totalmente sereno - sólo decía que quiere estrangularte.
-Entonces hablemos de sicosis,- dijo Vilú entre risa y susto,-¿“las voces me están diciendo que te mate”?
-No, no son las voces, y el que te matara será la rana,- dijo Mateo.- no seré yo.
Vilú aun no entendía bien del todo.
-Algo me dice que aparecerás vestido de rana y con un cuchillo persiguiéndome,- Vilú reía mucho con sus propias ironías.

Mateo se quedó pensando en cómo resolver este enigma, ciertamente la duda de que todo estuviera en su mente era fuerte, pero era esta la ocasión ideal para dilucidar sus dudas. Mateo estaba acostumbrado al universo de los druidas, no se consideraba uno, porque no tenía una orden, de hecho no era muy feliz con ese tipo de etiquetas. Pero a pesar de estar envuelto con la comunicación y empatía con la naturaleza y su entorno, no podía comprender la lógica de porqué entendía y podía comunicarse verbalmente solamente con una rana en todo el planeta.

Vilú por su lado, sentía mucho regocijo, toda la vida que recuerda había sido druida, o brujo para su orden, y la vida de humano le parecía muy atractiva por razones propias y muy secretas, pero no sabía que el paso de brujo a humano sería un paso difícil. Como druida experimentado, sabía que hablar con animales, verbalmente era totalmente imposible, porque no se trata de escuchar lo que dice un animal, se trata de que cada animal hablaría su propio idioma y lengua, y esa lengua estaría basada en formas totalmente opuestas a las que el humano desarrollo por más de 2000 años.

-Hagamos un experimento, me estas convenciendo de que todo esto podría estar sólo en mi mente,- dijo Mateo ante la mirada estupefacta de Mo, quien sólo guardo silencio.- pero realmente no creo que sea así.
-¿Cuál es la idea?, estrangulador.
-Vilú, párate frente a mí a 5 metros y pon tus manos en la espalda,- dijo Mateo que ya ideaba y materializaba un plan,- Mo, tú por favor ponte a espaldas de Vilú y mira sus manos.
-Espero que la comida para tortugas valga la pena,- dijo Mo que se bajaba y avanzaba a saltos pequeños por su lesión por la hierba hasta ubicarse en la entrada de la casa.
-Ok,- dijo Mo.- ahora puedo ver las sucias manos de tu invitado - dijo Mo con desprecio.
-Ahora Vilú, muéstrame cierta cantidad de dedos, y Mo debería poder decirme cuantos son,- la idea de Mateo parecía simple, pero muy efectiva.
- Me gusta la idea.- dijo Vilú, quien comenzaba empuñando sus manos a sus espaldas.
Todos los integrantes estaban en posición, Vilú, Mateo y un irritado Mo.
-Comencemos,- dijo Vilú.

El juego parecía fácil, pero la disposición de Mo al ejercicio que podría ser crucial, Vilú comenzó mostrando tres dedos, dos en su mano derecha y uno en su mano izquierda.

- Tres dedos,- dijo Mo,- dos en la mano derecha y uno en la mano izquierda.

Mateo repitió el mensaje tal cual, y la cara de sorpresa de Vilú no se dejo esperar.

-Repitámoslo - dijo Vilú incrédulo aún.
-Está bien,- dijo Mo, aburrido ya en su primera prueba,- pero esto va a costarte comida Mateo.
El ejercicio se repitió, y esta vez Vilú mostro siete dedos, dos en la mano izquierda y cinco en la derecha.
-Siete, cinco en la izquierda, dos en la derecha,- dijo Mo inmediatamente, sin percatarse de su error de extremidades.
-Siete, cinco dedos en la izquierda, y 2 en la derecha,- dijo Mateo incrédulamente.
-¡Error!, porque eran siete, pero las manos están equivocadas.
-Hey, no soy Pitágoras, sé contar, pero me puedo confundir con las manos - dijo Mo con un tono de irritación.
-Así es,- contestó Mateo,- es una rana, puede equivocarse de manos, pero el número es el correcto, lo cual lo hace real.

Vilú se tocaba la barbilla pensando, sabía que a pesar de que él estaba envuelto e influenciado por un universo más extraordinario que el de un humano común, el hecho de que Mateo hablara con Mo y viceversa le perturbaba lentamente y de manera paulatina, tenía una personalidad bastante efervescente con el aprehender conocimientos que rara vez podía controlar.

El enigma era evidente, y Vilú comenzó a plantear muy lentamente ideas en su cabeza que pudieran develar el secreto detrás de esta muy extraña habilidad. ¿Seré que Mo puede hablar humano?, ¿Mateo puede hablar rana?

Un silencio sutil se paseo por la escena, como alivianando la cabeza de todos. Mateo estaba bastante a gusto de tener otro druida con quien compartir, pero no tenía idea aun cuales eran las intenciones originales de Vilú, lo cual le causaba curiosidad.

-Están golpeando la puerta - dijo Mo sin demasiados ánimos.
-Voy a ver - dijo Mateo.
- ¿Perdón? – Vilú miró sorprendido a Mateo.
-Es que están golpeando la puerta, - explicó Mateo.
- Yo no he escuchado nada – dijo Vilú.
-Yo tampoco - dijo Mateo.
-¿Y cómo sabes, entonces?, ¿hablas con las puertas también? - dijo Vilú con su sentido del humor que ya lo caracterizaba.
-No, me lo dijo la rana.

Mateo avanzó lentamente, con un paso relajado hacia la puerta, mientras Vilú clavaba su mirada en Mo, y lo observaba tocándose la barbilla.

-¿Qué secreto escondes tú, pequeña criatura?

Mateo forcejeaba con la puerta a jalones y la mirada de un hombre con el pelo a encanecer se hacía presente al otro lado, con una barba que no era ni corta ni larga, vestía una sotana y dejaba ver una sonrisa en su mirada de casi cuarenta años.

-Franco, hace semanas que no venía, - dijo Mateo con candidez.
-Lo sé, he estado muy ocupado con los asunto de la iglesia,- dijo Franco -te traje ropa, hay una gabardina, varias camisetas, tres pantalones, y un par de zapatillas que acaban de llegar a la iglesia.
-¿Una gabardina?, eso será curioso de ver – decía Mateo, mientras se hacía a un lado para dejar pasar al sacerdote.

Franco entró a la casa junto con un par de bolsas, que dejó en un rincón.

-¿Y tú qué cuentas, qué ha sucedido? - preguntó Franco que se estiraba la espalda con las manos en la espalda.
-Es una larga historia - dijo Mateo.
-Vas a tener que resumir, porque no tengo mucho tiempo, creo que vendré mañana a tomar un café contigo – lo atajó Franco.
-Bueno, lo voy a resumir bien corto pero sé que no entenderás nada.
-Ponme a prueba, Mateo - dijo Franco con una media sonrisa.
-Está bien, aquí voy, - Mateo se rascó la cabeza, tomó aire y mirando al vacío, comenzó. - Martina Marpas, la hija de David Marpas, el que me compra los bonsáis, ella me trajo un bonsái roto para arreglar, y bueno, ahora es fanática de mi café y cómo lo cultivé.

Franco siempre había disfrutado del patio bien cuidado y armónico de la casa de Mateo, así que se encaminó a la entrada del mismo donde la puerta ya se encontraba abierta, y desde allí dijo:

-Me parece muy bien, no es algo malo que te sucedan esas cosas.
-Lo sé pero…
-Mateo,- interrumpió Franco mirando al patio con curiosidad- ¿por qué hay un zorro chilote, una especia casi extinta, en el patio de tu casa?
-Ah bueno, esa es la segunda parte de la historia,- contestó Mateo que se acercaba al patio -bueno, también encontré una rana que puede entender lo que hablo y yo puedo escuchar lo que dice como si me hablara otra persona - dijo Mateo un poco nervioso.
Franco permaneció inmutable en la puerta observando el paisaje.
-También llegó un druida, con el que tuve que pelear, le gané y ahora está ahí afuera transformado en zorro, - resumió Mateo.

Franco aún permanecía inmóvil respirando relajadamente mientras admiraba la vista desde allí. Sólo se inmutó cuando Mateo dijo:

-Buscaba a Aníbal.

Franco volteó inmediatamente hacia Mateo y le dijo con voz gruesa lo increpó:

-¿Qué le dijiste tú?
-Nada, por el momento, quería preguntarte qué es lo que debería hacer.
-Hiciste bien,- dijo Franco de pronto, con dureza , mientras caminaba hacia el zorro que lo miraba despectivo. –Sé que eres un druida, fuimos advertidos de tu venida, y lo mejor es que te marches de aquí, no eres bienvenido en esta tierra,- dijo franco con una sorpresiva rudeza que dejó perplejo tanto a Vilú como a Mateo.
-Franco, hablas duro para ser un hombre de Dios,- dijo Mateo.
-Lo sé, pero con los años mi parte humana, no la religiosa, no puede dejar de despreciar la causa de todo lo que pretenden hacer,- explicó Franco con voz aún dura, dirigiéndose en seguida de nuevo al zorro, - no serás atacado en tu regreso y no serás perseguido, puedes volver desde donde viniste.
-No puedo regresar,- contestó Vilú, hablando como zorro - tuve que simular mi propia muerte para poder escapar.
-Entonces, si no vienes con un propósito puntual, ¿por qué estás aquí?- preguntó Franco.
-Busco a Aníbal, el druida de tierra.
-¿Con qué propósito?
-Necesito una guía,- dijo Vilú.- Escapé de mi orden porque no estaba de acuerdo con su cabecilla y sus ideas extremistas.
-¿Acabar con la humanidad? - interrumpió Mateo que estaba recargado en un árbol escuchando la conversación.
-Así es, desde hace años se ha ido gestado la idea de regresar a la especie humana hacia la fuente - respondió Vilú. – Esta idea nunca antes había sido tomada en cuenta con mucha seriedad, pero en nuestra orden ha ascendido un líder de ideas radicales que comienza a afianzarla.
-Pero no pueden hacerlo, mientras no tengan el dominio de la fuente de Aníbal… ¿No?- intervino Franco.
-Al parecer, no, eso es lo que me asustó demasiado,- dijo Vilú mientras se rascaba detrás de las orejas con la pata trasera - en los últimos años, la orden de brujos está logrando reclutar varias órdenes de druidas pequeñas y mayores a su causa, y la idea se ha aferrado fuertemente, ahora existe un buen número de fanáticos de una idea fundamentalista en la que el humano no debería existir en el balance.
-Entonces es peor de lo que nos habían advertido,- dijo Franco, que sobresaltado dijo a Vilú.- Retiro lo dicho, puedes quedarte aquí el tiempo que desees, necesitaremos toda la ayuda posible- aclaró Franco y continuó ya más relajado - te pido disculpas, pero nos dijeron que los druidas que llegasen aquí no serian amistosos.
-Está bien,- dijo Vilú mientras se transformaba en humano.- Mi nombre es Vilú, y soy de la orden… era de la orden de los brujos chilotes.

Franco se acercó y al observar el ojo en tinta de Vilú, con una sonrisa en la cara, dijo:

-Veo que Mateo no te recibió precisamente con los brazos abiertos, mañana traeré algo para el ojo en tinta - dijo Franco.
- La bienvenida al gran puerto de Valparaíso - dijo Mateo, - yo tengo algunas plantas que pueden servirle para la hinchazón de ojo.
-Me parece, creo que tendré que traer ropa y un corte de pelo para Vilú, pero por el momento, no me gustaría que Vilú sea visto como humano, hay demasiado en juego aquí, cualquier rumor de los lugareños puede ser nuestra perdición.-
-Está bien, me parece - dijo Vilú.

La tarde, que ya era casi noche, se deslizó sobre ellos acompañada de una brisa fresca que hizo que los individuos entraran a la casa, donde Mateo preparó el café justo como lo disfrutaba Franco. Vilú se había integrado bastante bien en el grupo, un combinación de druidas jóvenes.

Cuando cayó la noche, Mateo se acostó en su cama, ordenada y pulcra, y Vilú se dispuso a dormir en forma de zorro sobre una frazada que hacía de cama.

La noche transcurrió tranquila y pacífica, pero Mateo tuvo un sueño muy extraño. Mezclada con toda su inconsciencia, estaba Martina, de pié, que se acercaba a él y le entregaba un objeto. Luego, detrás de ella había un río de luz que caía por la calle donde estaban parados Aníbal y Franco, de pronto la escena cambió a la imagen de Martina gritando y estirando la mano mientras él caminaba de espaldas; pero lo que lo más lo perturbó, fue que de pronto en su sueño apareció un gato, o lince, no podía identificarlo porque era etéreo y de contornos dibujados en colores amarillosos.

Estaba de pie observándolo, y le hablaba, pero Mateo no podía entender lo que decía, en el sueño, Mateo daba un par de pasos para tratar de escuchar mejor, y el fondo al rededor cambiaba, pero el gato aún estaba allí, y trataba de hablar y acercarse Mateo, y el gato se inclinaba y se lanzaba sobre él. Mateo podía sentir el dolor mientras el animal le clavaba los colmillos en el cuello y sus garras le abrían la carne lentamente mientras el sólo podía quedarse inmóvil. Detrás del gato comenzó a aparecer a flashazos nuevamente la imagen de Martina gritando y estirando la mano como si todo ocurriera en cámara lenta, pero el dolor llegó en un momento a hacerse demasiado real, y cuando Mateo levantó las manos en el aire, se dio cuenta que había despertado, pero el sueño no había sido normal.

Revisó sus manos y su cuello, todo parecía en orden, sabía que debía comentar esto con alguien, miró hacia el rincón de la casa donde dormía Vilú, a pesar de que había llegado recién, sentía confianza con él, pero aún así, había partes de sí mismo que le costaba confiar a otros. De cualquier forma, Vilú era con la única persona con la que podría comentar estas cosas, pero lo haría en la mañana. En ese momento sólo regresó a dormir, esperando no volver a soñar con lo mismo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo 10


X

La mañana fue extraña, el padre Franco prácticamente no había logrado conciliar el sueño, cuando abrió los ojos sólo se quedo inmóvil mirando el fondo de la habitación en busca de alguna señal que le dijera que todo lo que había sucedido la noche anterior había sido un sueño, pero tal señal nunca llegó. Eran alrededor de las nueve y media de la mañana y Franco definitivamente no quería levantarse, no quería ser él, no quería representar su papel aquel día, pero era demasiado tarde.

Todo el mundo notó que estaba particularmente silencioso esa mañana, sólo se dedicó a hacer sus quehaceres sin hablar demasiado. Una parte de él se estaba dando por vencido, creía estar enloqueciendo. Aquellas figuras serpenteantes, blancas y brillantes, que se aparecieron a medida que caminaba, le quitaban lugares en su pensamiento.

Luego, el recordar la definición de Aníbal sobre los druidas lo hizo inquietarse mucho más al darse cuenta que su rol como sacerdote era realmente o debería ser la herencia ancestral de ser el intermediario entre su Dios y sus feligreses. El que esa labor lo acercaba mucho y creara una analogía perfecta para lo que originalmente debería ser un druida, lo perturbaba mucho mas. Sentía que, sin darse cuenta, alguien había encendido una luz que siempre estuvo ahí pero para la cual nadie había encontrado el switch para encenderla. Y en esa luz sentía que técnicamente él también era un druida, pero cuya orden era cristiana, esto le producía una contradicción que le hacía sentir que su fe estaba sucia, y siempre la estuvo, era una crisis distinta a lo de creer o no creer, esta vez se preguntaba si debía creer de la manera en la que se suponía que debía creer.
La tarde pasó tranquila, a pesar de todo, las antiguas dudas y miedos acerca de Aníbal se habían ido, pero aún así las antiguas preguntas dejaron paso a nuevas interrogantes que, aunque molestaban menos, eran igual de intensas. Esa tarde se dedicó a ordenar el papeleo de la iglesia para olvidarse un poco de las dudas, pero aún así ya tenía decidido ir a visitar a Aníbal una vez más.

La noche llegó muy rápido, Franco ya se había vestido con su atuendo de sacerdote, de pantalón de vestir, camisa negra y alzacuellos, y su abrigo favorito para las noches heladas y ventiladas de Valparaíso.
Esta vez, Franco caminaba con una enorme ansiedad a las 11:50 de la noche rumbo a la casa de Aníbal. Decididamente, la situación sería mucho más compleja.

Al llegar a la vieja puerta, golpeó fuertemente, suponiendo que Aníbal estaba en algún ritual en el patio trasero y no le escucharía. Contra toda suposición, la puerta se comenzó a abrir a jalones, como de costumbre, casi inmediatamente. Al terminar de abrir, la primera imagen que vio Franco fue la de un sonriente Aníbal que, con una mano, le indicaba que pasara.

Al entrar como era de costumbre, Franco saludó cordialmente a Aníbal con un apretón de manos. La escena no era paranormal ni extraordinaria como esperaba Franco, la casa estaba casi totalmente oscura de no ser por la luz de la luna y algunas velas encendidas en ciertas partes claves y seguras de la casa.

-Algo me sucedió anoche, mientras caminaba de regreso a la iglesia - dijo Franco con una mirada sincera.
-¿Algo como lo que vio aquí?- preguntó Aníbal.
-No lo sé, algo extraño,- la mirada de Franco se volvió desesperada,- normalmente acudiría a mi fe en casos como estos, pero le confieso, todo esto me está comenzando a dañar la cabeza.
Aníbal invitó a Franco a tomar asiento en una rústica caja de verduras improvisada como silla.
-Anoche vi que desde las partes oscuras sobresalían lentamente ciertas cosas, como líneas blancas tenuemente brillantes - Franco no alcanzo a terminar la frase, cuando notó que Aníbal mostraba preocupación en su rostro.
-Estas líneas ¿eran blancas y ondulantes? - pregunto Aníbal.

La pregunta alivió inmediatamente a Franco, quien inmediatamente borró la posibilidad de locura de su cabeza, que aunque estuvo poco tiempo en su cabeza, había sido una sensación muy molesta.

-¡Sí!- contestó Franco, emocionado.
-Es un tema complejo, Franco, un poco largo y difícil de entender,- advirtió Aníbal.
-¿Es algún tipo de enfermedad?, ¿o algo así? - preguntó Franco inmediatamente.

Aníbal mostro una leve sonrisa, pero su rostro volvió a la seriedad iluminada por las luces de las velas.

-No, Franco, se trata de la apertura de su mente,- respondió Aníbal.
-¿Abrir la mente, como aceptar nuevas ideas y todo eso?- preguntó Franco, que no entendía nada.
-No, es más un término casi biológico y mental - dijo Aníbal, quien trataba de hilar una manera de explicarle un término complejo de manera rápida y concisa a Franco,- ¿cómo sabe que el color rojo es rojo?, ¿cómo puedes saber que el rojo que ves es el mismo rojo que veo yo? - Aníbal preguntó, dejando un lapso para respuestas.
-Entiendo lo que trata de explicar con eso, la subjetividad de la experiencia de las sensaciones-Franco no pudo responder concretamente.
-Algo así, pero netamente, es para explicarte que lo que percibe por los ojos es simplemente un proceso y flujo de datos que hace tu cerebro, es tu mente la que decide etiquetar y mostrarte el color rojo como le parece, y es por eso que el color rojo que veo yo puede diferir mucho del color rojo que puedes ver tú, si es que se encontrara una manera de compararlo.
-Aníbal, siempre me llevas a una idea compleja cuando quiero que me expliques algo simple. ¿Qué cosa eran las líneas blancas? - contestó Franco con decisión.
- Discúlpame si sientes que te doy demasiadas vueltas, pero para entender lo que las líneas blancas son, tienes que entender porqué las puedes ver.
-Bueno, explícame porqué mi cerebro me permite ver las líneas blancas y, por qué ahora, después de ver tu ritual, ¿tiene algo que ver con tu magia? -dijo Franco quien se reclinaba hacia atrás en el cajón de verduras que cumplía las funciones de silla.

Aníbal tomó asiento cerca de Franco en otro cajón de verduras y se rasco la cabeza mirando hacia la muralla, tratando de ordenar las ideas.

-Por lo que se sabe, es que cuando el cerebro tiene que procesar eventos que salen de sus propias leyes de realidad, tiene dos caminos, la ampliación o la locura.
-Entonces, ¿estoy loco? - dijo Franco.
-No, te equivocas, cuando tu cerebro procesó la información que vio cuando los arboles se movieron, lo que estaba acostumbrado a percibir como realidad, tu cerebro entro en un shock, luego del shock tu concepción del mundo logró ampliarse, por lo que tu cerebro técnicamente “desbloqueo” el poder ver los hilos blancos.
-Aníbal, si eso es explicarlo más sencillo, te estás esforzando muy poco,- dijo Franco con su normal tono irónico que relucía cada vez más cuando hablaba con Aníbal.
-El cerebro normalmente te protege de ver cosas demasiado complejas de tu realidad y las bloquea, porque no son parte de la realidad que creaste en tu cabeza, y ahora tu mente puede ver cosas que siempre han estado ahí pero antes no veías, porque tu cerebro superó el shock para poder ver algo más complejo.
-Aún es complejo Aníbal.
Aníbal se exaspero, respiro profundo y aun seguía rascándose la cabeza.
-Cuando los conquistadores llegaron a Norte América, los indígenas no podían ver los barcos en el horizonte, porque su mente les había bloqueado el proceso de esa información, porque no pertenecían a su realidad.
-Pero ellos no se volvieron locos cuando vieron a los conquistadores, ¿o sí?
-No, pero aún así, cuando vieron un jinete, creían que era un solo ente, y cuando un jinete desmontó, corrieron de miedo y pánico, porque el mundo como estaba establecido se les hizo añicos en sus mentes.
-Entonces, a ver si entiendo. Los humanos normales, llámese yo, o la señora que vive en la esquina podemos ver sólo el color rojo, metafóricamente hablando, porque nuestro cerebro bloquea la información respecto al color azul, por ejemplo- dijo Franco tratando de acertar en su suposición.
-Así es, Franco, excelente analogía - dijo Aníbal, - pero aún no puedes ver totalmente el color azul del mundo, recién estas empezando a poder ver un poco el rojo azulado.
-Pero todo tiene un comienzo.
-¿Qué pasaría si le dijera que desde la ventana nos observa un duende que probablemente hable más idiomas que tú y que lleva viviendo en esta calle por más tiempo que usted?- dijo Aníbal con una risita mientras mordía un pasto que llevaba en la mano.
-Te diría que deberías escribir cuentos para niños, porque los duendes no existen.
-¿Por qué no existen, porque no los has visto, o nadie los ha visto?, entonces ¿por qué existen en el folklore de tantas culturas distantes entre sí? O sea una cosa que ha quedado clara es que el hombre es incapaz de crear cosas desde su sola imaginación, aunque sean relatos, todo tiene una base de real aunque sea en sus fuentes más antiguas,- dijo Aníbal con su típica agudeza.
-Pero es que si fuera por eso, los dragones también existirían, existen en todas las culturas, chinas, aztecas, europeas, sudamericanas, pero no existe prueba física de la existencia de ellos,- arremetió duramente Franco de vuelta.
-No te recomiendo que te metas en el tema de los dragones por ahora Franco, es un tema larguísimo, pero sí, existieron y los druidas tenemos pruebas de ello.
-¿Y por qué no se las dan al público general, por qué negar el conocimiento?
-Porque estas cosas no se pueden enseñar, es como entregarle un libro escrito con tinta purpura, a alguien que solo puede ver el color rojo,- dijo Aníbal – además creo que fui claro respecto a cómo se debe conservar el balance del mundo hasta el final, esta información podría desequilibrar la balanza hacia un lado y eso es siempre malo, todo extremo es malo.
-Bueno, pero volviendo al tema, ahora que sé que puedo empezar a ver un poco en púrpura, ¿qué era esa cosa blanca? - preguntó Franco.
-Un bicho,- dijo Aníbal.
-¿Un insecto?
-No, la palabra bicho está mal ocupada en los insectos,- dijo Aníbal mientras se quitaba el pasto de la boca,-La palabra bicho es una palabra viejísima y que no tiene un origen claro, y estaba guiada a describir algo que no se conoce bien qué es,- dijo Aníbal mientras se volvía a comenzar a rascar la cabeza.
-Ya sé qué sucede cuando te rascas la cabeza, y sé que se viene otra explicación compleja,- dijo Franco ya un poco más relajado.
-Es verdad, es complejo,- dijo Aníbal- si trazáramos una línea donde en un extremo está la fuente de la vida, el origen de todo, y en el otro extremo de la línea ponemos al humano, como lo más distante de la vida, tendríamos que ubicar a cada especie según su lugar y cercanía con esta fuente.

Franco sólo asintió con la mirada, porque esto le costaba menos esfuerzo entenderlo.

-Inmediatamente después del humano deberíamos poner a los animales, y luego la vegetación, insectos, microbios, etcétera,- hablaba Aníbal mientras con sus manos dibujaba la línea imaginaria para el mejor entendimiento,- eso estaría cercano a nosotros, porque nosotros podemos verlos de manera natural, luego, a medio camino de la línea hacia la fuente, encontrarías a las especies autorenegadas, como los duendes, o gnomos o como se quieran llamar ellos mismos.
Franco se sobresalto en su rustica silla para interrumpir a Aníbal.
-¿De verdad los duendes existen?
-Así es, pero no son muy numerosos, y ellos de manera especial, pueden decidir hacerse visibles a los humanos, pero no lo hacen prácticamente nunca porque no les gusta ni los humanos ni los druidas, además que muchos dicen que se están desvaneciendo hacia la fuente.
-Interesantísimo, me gustaría ver un duende - dijo Franco.
-Cuando veas uno, trata de no asustarlo, pueden ser muy fastidiosos si se enojan,- dijo Aníbal que aún tenía las manos sosteniendo una línea imaginaria en el vacío,- luego de los duendes, vendrían los dragones.
- ¿Dragones? Esto se está volviendo demasiado fantástico.
-Sé que suena fantástico, pero los dragones desaparecieron también de manera voluntaria hace muchos, muchos años, nadie ha visto uno en siglos.
-Pero, ¿por qué estas especies tan raras deciden autoexiliarse, y exiliarse a dónde?
-Los dragones y duendes eran y son seres de una sabiduría mucho más profunda que cualquier druida, y para ambas razas la conclusión de todo su conocimiento, fue que la mejor manera de preservar el balance de la vida es tratar de no afectarlo, y para no afectarlo, ellos encontraron la manera de dispersarse como energía y vivir como niebla, o como aire, estar en la naturaleza, pero dejar de vivir en estos planos, dispersarse.
- ¿O sea que están muertos? - preguntó Franco.
-No, no se sabe realmente, pero muchos dicen que no. Pero los druidas y dragones siempre han sido grandes enemigos a nivel intelectual y físico, para los dragones el humano está fuera del balance de la vida.
-¿Cómo pueden ser enemigos de algo que no saben si existe o no?
-Existen historias gigantes de luchas contra dragones para que no eliminasen al humano,- dijo Aníbal que seguía todavía sin soltar de las manos su línea imaginaria.
-¿Y escupían fuego y volaban en esas historias? -preguntó Franco como un niño fascinado por un relato de aventuras.
-Al parecer sí, pero netamente podían utilizar las mismas habilidades de los druidas pero mucho más potentes,- dijo Aníbal mientras sacudía la cabeza para volver a su punto original. - En el punto más cercano a la fuente están los bichos, que son seres de muchos tamaños y formas, están conformados netamente de energía, carecen de inteligencia y tienden a ser parásitos emocionales.
-¿Parásitos emocionales? - preguntó Franco intrigado.
-Así es, los bichos, al ser de pura vida, tienden a buscar y acercarse a los planos y visiones de los humanos para parasitar alguna emoción o percepción de ellos.
-¿Y por qué algo así parasitaría emociones si esta a un paso de ser pura vida?- preguntó Franco.
-No se sabe a ciencia cierta, pero al parecer, como te decía, al estar compuestos de vida, carecen de emoción y la parasitan del humano.
-¿Y esto es muy común, al menos que los pueda ver yo? - dijo Franco.
-Que los puedas ver sí, es común entre los druidas, pero que aparezcan no es tanto,- dijo Aníbal.
-Pero, ¿qué podrían estar parasitando esas líneas blancas? - dijo Franco.
-Probablemente estaban tratando de parasitar susto o terror,- dijo Aníbal ya con las manos a los lados,- los fantasmas por lo general son bichos que adoptan formas que saben que al humano aterrorizan para poder sentir el terror de ellos.
-Pero ¿existen más de uno? - preguntó inocentemente Franco.
-Son muchos, nadie sabe cuántos, y algunos son muy peligrosos, pero al menos se sabe que no se reproducen ni son “contagiosos”, sólo pueden suceder.
-Pero si por ejemplo, a mí me atacara un bicho, ¿se puede quitar? - preguntó Franco.
-Totalmente, los druidas nos dedicamos a estudiarlos dentro de lo que se pueda y aparezcan, realmente no se sabe mucho sobre qué los mueve y qué los hace aparecer o desaparecer entre los planos de visión,- dijo Aníbal,- por ejemplo ,existe un bicho muy común que se llama cancutro, que es un pequeño ente imperceptible que se mete en el oído izquierdo de su víctima y parasita el deleite del sonido, realmente no es nada muy alarmante su presencia, pero puedes padecer mucho frio en un sólo oído, o dejar de escuchar en ese oído por instantes.
-¿Y cómo lo quitas, con alguna especie de cirugía?

Aníbal soltó una carcajada muy sutil.

-No, sólo debes meter un par de gotas de té normal por el oído, y el bicho se irá porque no le gusta el sabor del té.
-Vaya, es bastante simple, pero supongo que esa simpleza puede ser una causa para la complejidad,- dijo Franco, bastante complicado tratando de entender el tema.
-En todo caso, como te digo, es raro encontrarse con bichos en grandes cantidades, es más probable que tú entres al lugar donde un bicho habita y que te ataque allí.
-¿Cuál es el bicho más peligroso que conoces?
-Hay de todo, aunque no conozco alguno que quite la vida, he escuchado de bichos que parasitan los recuerdos de una persona al punto que pueden prácticamente borrarte días y semanas de tu memoria,- dijo Aníbal, quien volvía a masticar su varilla de pasto.
-Entonces el bicho que vi anoche, ¿tendría algo que ver con el terror que sentía yo, o el terror que sentí? - preguntó Franco.
-Muy buena pregunta, es verdad, es raro que un bicho aparezca así como así, probablemente debe haber sido por el terror, o puede ser la confusión, la respuesta a eso no me atormenta,- pensaba Aníbal en voz alta, -lo que me atormenta es el porqué están apareciendo en la ciudad, eso es totalmente anti natural para un bicho, no les gusta el ruido, ni el cemento. Algo está pasando,- dijo Aníbal, mientras se ponía de pie mirando la ventana,- creo que algo va a suceder amigo mío, algo pronto va a suceder en esta ciudad, y espero que estés listo para ese día.
-¿De qué hablas?
-Puede que en poco tiempo o en mucho tiempo áun, vengan más druidas, y sus intenciones no serán buenas.
-¿Vienen tras de ti, Aníbal?- preguntó Franco.
-No, a ellos probablemente no les importe mi presencia, yo vine a tratar de salvarlos, porque al menos mi intuición y conocimiento me dicen que querrán partir por esta ciudad.
-¿Partir con qué?
-Una idea a la que siempre estuve opuesto y por la cual me autoexilié.
-¿Una matanza?, -la cara de Franco se veía aterrada.
-No, pero quizás algo peor.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Capítulo 9


IX

La situación era tensa, Mateo estaba totalmente cubierto de enredaderas que mantenían sus manos aferradas a la pared y los pies amarrados al piso, completamente inmóvil. El hombre frente a él, de aspecto joven, pero a la vez desaseado y descuidado, con barba y pelo largo, no dejaba de mirarlo fijamente. Las cosas estaban fuera de control para el joven dueño de casa, pero a pesar de eso estaba tranquilo, esta tranquilidad inquietaba al violento invasor que lo observaba detenidamente pensando en cuál sería su actuar. A pesar de tener la situación en sus manos, dudaba respecto a qué hacer.

-Eres un druida del sur, ¿no?- dijo Mateo.
-¿Cómo sabes eso?, ¿cómo sabes sobre los druidas?- contestó el druida ermitaño que estaba concentrado para que la fuerza de su magia no se dispersara.
-Yo pregunté primero - Mateo esbozó una sonrisa en su rostro a pesar de la situación.
-Te concederé ese derecho, - respondió el extraño – sí, soy un druida de Chiloé, sur de Chile. Ahora dime tú, ¿cómo sabías eso?
-Simple, las leyendas chilotas son conocidas en todo el país, sé que los llaman brujos por tradición española, y también sé que suelen transformarse en cormoranes negros, que en tu tierra llaman “cuervo negro” y es augurio de mala suerte para los lugareños, por lo mismo y sumando tu aspecto puedo deducir que tu orden no se les permite ser vistos en formas humanas, sólo se pasean en formas animales entre la gente… son la orden de druidas a nivel mundial que han llevado al extremo el ermitañismo- dijo Mateo mientras forcejeaba discretamente para liberar la mano derecha.
-¿Por qué dices eso de mi aspecto? - preguntó el hombre de apariencia extraña.
-Porque al pasar tanto tiempo lejos de humanos comunes, y tanto tiempo rodeado de otros brujos, tienes un aspecto humano muy deplorable y desaseado.
-Yo pensé que llevar el pelo largo estaba de moda,- dijo el extraño con una respuesta totalmente fuera de lugar.
-Los noventa terminaron en los noventa,- respondió Mateo.

El curioso giro de la conversación descolocó al extraño joven, por un momento su expresión demostró que su mente se distrajo por un instante, durante el cual Mateo pudo soltar una mano.

-Ahora dime, si no eres druida, ¿cómo sabes sobre ellos? – preguntó el extraño que volvía en sí.
-Bueno, me temo que no estoy autorizado a darte esa información,- respondió Mateo quien respiraba profundamente.
-Bueno, si sabes sobre nosotros, sabrás que un brujo chilote debe matar a quien lo ve,- dijo el extraño que preparaba un nuevo movimiento con la mano que sostenía el bastón.
-Sí, había escuchado algo así, pero también escuché que cuando un brujo es desenmascarado muere de manera extraña.
-Ah, sí, es verdad, pero es porque otros integrantes de nuestra comunidad se aseguran de que nuestra orden permanezca en silencio - dijo el extraño que comenzaba a concentrar un brillo verde en su mano izquierda, y unas ramas extrañas se comenzaban a formar en el cuello de Mateo.

Mateo comenzó a sentir que las ramas comenzaban a ahorcarlo muy rápidamente, en el último instante, giró su mano derecha hacia arriba. De golpe y con un ruido considerable, una raíz del castaño se desenterró y se movió rápidamente haciendo que el brujo cayera de espaldas provocando que perdiera la concentración.

Mateo consiguió soltar su brazo derecho completamente y jaló las ramas que tenía en el cuello. En ese instante el hombre que estaba de espaldas, se incorporó moviendo su torso hacia adelante y al mismo tiempo transformando su cuerpo en un zorro, y desde esa posición se lanzó con la mandíbulas abiertas sobre el cuello de mateo. Pero en ese mismo momento, la misma raíz del castaño se interpuso y el brujo se encontró sorpresivamente masticando un trozo de madera que lo azotó contra el suelo y lo lanzó lejos, a unos metros al fondo del patio.

Mateo logró zafarse de todas sus amarras y se apresuró a tomar posición bajo el castaño que parecía estar dispuesto a defenderlo a cualquier costo.

En el suelo, el sorprendido brujo en su transformación de zorro debía tomar una decisión rápida, no esperaba resistencia, de hecho no esperaba nada de lo que estaba sucediendo. Bajo el castaño, Mateo se irguió con los pies separados y brazos abiertos, tenía que concentrarse con los ojos cerrados, era evidente que no estaba acostumbrado a hacer tal desplante de habilidades, pero debía defenderse, sabía que los brujos chilotes cumplen su palabra y tradición.

El zorro se puso de pie y en una fracción de segundo volvió a la carga sobre Mateo quien, sorprendido, levantó tres raíces gruesas del suelo para defenderse lanzándolas rápidamente sobre el atacante, pero el zorro chilote es un depredador de poco tamaño pero feroz, lo cual le daba la determinación y la agilidad para esquivar velozmente las raíces que eran demasiado lentas para su maniobrabilidad superior. Cuando la tercera raíz trato de golpearlo, el zorro se encaramó a la raíz misma para saltar unos metros y dejarse caer directamente sobre Mateo. La pelea parecía decidida, pero en último momento Mateo abrió los ojos y levantó una pared de siete raíces más que rodearon su cuerpo y expusieron sus puntas como espinas protegiendo su cuerpo. El zorro sorprendido nuevamente se retrajo usando una raíz para saltar hacia atrás y replantear su ofensiva, sabía que no podía darse por vencido.

Retrocedió sólo lo suficiente para pensar su estrategia, Mateo aprovechó el momento para observar a su oponente, desde su muralla de raíces podía distinguir el pelaje gris y la mirada decidida de un zorro chilote. Lo había visto sólo en fotografías, el tamaño era pequeño, perfectamente una persona común llegaría a pensar poder enfrentarse al animal a mano limpia y creer que ganaría solo porque su tamaño daba para subestimarlo, pero la fiereza de su decisión y lo afilado de sus dientes podían hacer mucho daño, sin contar con la ya afamada astucia de un zorro que lo hacía un estratega que no sólo atacaba de frente.

Mateo no tenía un plan de defensa mucho más complejo que “evitar lo que venga”, y el brujo estaba diseñando un plan, lo podía ver en la mirada del zorro que mostraba sus afilados dientes bajo los belfos retraídos y buscaba una brecha en la coraza de raíces espinadas. Aún así, el invasor estaba sorprendido, sabía ahora que por lo que había demostrado hasta el momento, Mateo no era alguien con conocimientos y habilidades tan definidas como él, pero lo poco que tenía lo utilizaba con inteligencia.

Aquí venia el nuevo ataque, la partida era la misma, el zorro corría hacia Mateo directamente, nuevamente esquivaba las raíces que trataban de golpearlo, y de un salto se posicionó sobre la última raíz antes de llegar a la muralla. En el último momento, Mateo sorprendido, vio que el zorro se había impulsado a costa de herirse las patas delanteras en la coraza de raíces espinosas para poder dar un salto que sobrepasaba la línea de las raíces y quedar directamente a sus espaldas.

Mateo quedó perplejo, su estrategia de sólo evitar los ataques se había caído totalmente, porque no tenía la espalda cubierta.

Al darse vuelta, Mateo encontró que su propia muralla lo estaba acorralando, y el zorro ya se había transformado en hombre y tenía su bastón con la punta hacia adelante con bastante filo lista para asestar la estocada sobre su víctima.
Mateo casi se dio por derrotado, pero en ese momento vio que en la punta del bastón saltó una rana, que a pesar de su pequeño tamaño, sorprendió a ambos con su valentía, para luego saltar directamente sobre el rostro del atacante.
El brujo se había distraído por un instante y al volver a reaccionar, lanzó la rana lejos.  Con una mano sobre la pared, Mateo asustado gritó,

-¡Mo!

La rabia se había apoderado de Mateo, una rabia ciega, sentía las vísceras ardiendo y casi al punto de perder el control.

El brujo volvía a tratar de propinar el golpe de gracia, pero sintió un leve temblor en la tierra, y una raíz se había apoderado de su bastón y en el mismo instante lo lanzó lejos. Mateo estaba furioso y casi fuera de sí. El brujo retrocedió y se transformo en zorro para aumentar su agilidad. Pero era muy tarde.

Mateo estaba furioso y su rol se había intercambiado de victima a victimario, Mateo, concentrado por su misma rabia, levantó las manos con un grito. Hizo emerger alrededor de diez raíces más del suelo, que entrelazó a una altura de cinco metros, el trenzado era bastante inteligente, desde el piso, el sorprendido brujo sólo vio caer un cúmulo de raíces que asemejaban un martillo gigante blandiéndose sobre él.

En el último segundo logró esquivarlo, pero al caer, las raíces se dispersaron, reconfigurándose en otra forma, una mano gigante que comenzó a encerrar al zorro como un puño. En ese instante, el zorro se dio cuenta que las cosas estaban fuera de control y que la batalla estaba perdida. Tenía las patas heridas, sabía que ya no podía afirmarse en su agilidad para sobrevivir. En un abrir y cerrar de ojos, se transformó rápidamente en un cormorán, para poder salir volando hacia el fondo del patio, pero Mateo no tenía todo dicho aún. El fondo del patio estaba habitado por árboles de huerto: un limonero, un manzano y algunos ciruelos, entre otros. Lo que no sabía el brujo, es que Mateo ya había pensado en eso.

En un instante, las raíces del castaño regresaron a su origen bajo tierra, ahora eran los árboles del huerto quienes aprisionaban al cormorán que trataba de escapar volando. El manzano, que se caracterizaba por ser rebelde con Mateo, no darle muchas frutas y no obedecer su comunicación druídica, con una rama golpeó al cormorán que cayó sobre el suelo con fuerza. Mateo rápidamente corrió hacia el ave y la tomó por las alas, al girarlo hacia él, el cormorán se transformó en humano nuevamente. Mateo, enfurecido, se puso sobre él.

Desde el fondo logró escuchar la voz de Mo quejándose, aquella señal de vida lo tranquilizó y lo regresó a sus cabales.

-Debes matarme, druida- dijo el extraño, maltrecho y con la boca ensangrentada por el golpe del manzano.
-No soy druida, y no te mataré- respondió Mateo, ya más tranquilo,- vienes de muy lejos, ¿no?
-Desde el sur, Chiloé. El viaje no ha sido fácil.
-¿Ah sí?- dijo Mateo, aún sobre él.
-Sí, - respondió inocentemente el extraño.
-Entonces,- en ese instante Mateo le asestó un puñetazo con toda su fuerza al druida, que quedó inconsciente noqueado en el piso,-bienvenido a Valparaíso.

Mateo corrió entonces hacia el lugar donde cayó Mo, y se encontró con la rana de espaldas en el suelo. A pesar de todo, el golpe lo soportó bastante bien su esqueleto flexible.

-¿Estás bien, Mo?
-Cuando te azoten contra una pared gigante con mucha fuerza, pregúntame eso,- al menos el carácter de Mo estaba intacto.
-Pero ¿te sientes bien?, ¿no estás herido? – insistió Mateo, tomándolo en sus manos.
-Creo que se me vació el estomago, voy a necesitar mucha comida.
-Está bien, te compraré comida para tortugas, - dijo Mateo, que reía tiernamente.
-También esta experiencia me mostro lo frágil de mi vida, creo que sería bueno que me consigas una rana hembra, - añadió Mo quien a esas alturas ya fingía su dolor.
-Eso es difícil Mo, y lo sabes, y no empieces que no me esfuerzo.
-Está bien, entonces sólo comida para tortugas.

La situación se había tranquilizado, pero Mateo sabía que debía hacer algo con el intruso que estaba inconsciente, y que ya mostraba signos de volver en sí. Entonces Mateo, arrastró al hombre hasta las faldas del castaño, donde lo amarró fuertemente contra la base.

Al volver en sí, el hombre se encontró con el rostro de Mateo sonriente, que sostenía un vaso con agua en la mano, y sobre su cabeza, una rana que esta vez no saltaba porque estaba adolorida.

-¿Amigos?- dijo Mateo irónicamente.
-¿Por qué no me mataste?
-No es mi estilo- dijo Mateo- pero, necesito saber el porqué estas aquí, tan lejos de tu tierra.
-No te lo puedo decir - dijo el extraño.
-Me parece bien, pero, si eres de la orden de los brujos chilotes, ellos mismos vendrán a matarte, fallaste en tu misión.
-No tengo misión y nadie vendrá, - respondió el extraño, desviando la mirada por un instante.
-¿Por qué?
-Porque ellos creen que estoy muerto,- con estas palabras, Mateo quedó perplejo.
-Eso aún no contesta el porqué estas acá.
-Buscaba la huella de un druida legendario, los rumores más antiguos dicen que está en este lugar.
-No está acá – respondió Mateo.
-¿Le conoces?, ¿sabes dónde está?- preguntó el extraño.
Mateo quedó en silencio sin responder a aquella pregunta.
-¿Cuál es tu nombre?- preguntó Mateo amablemente.
-Mi nombre druida es Vilú - dijo el extraño.
-Ese es el nombre que te dio tu orden, ¿y tu nombre de cuando eras humano?- dijo Mateo mientras comenzaba a desatarlo.
-No lo recuerdo -contesto Vilú.
Mateo se detuvo con esas palabras, como si el olvidar el origen le sonara como un eco en su cabeza, pero al instante se recompuso y esbozó una sonrisa.
-Supongo que como no tienes dónde quedarte, y no tienes dónde ir, quédate aquí, mi casa es tu casa - dijo Mateo mientras le daba la mano para ponerse de pie. -Mi nombre es Mateo, bienvenido a mi refugio.
-Mateo, deberías hacerte algo con tu pelo, si no te cuidas, terminaras como él,- Mo se manifestó desde la cabeza de Mateo.
Mateo no pudo evitar reír a carcajadas.
-¿De qué te ríes?- dijo Vilú, mirándolos de soslayo.
-De lo que dijo la rana, - respondió Mateo con sencillez.
-¿Puedes entender lo que dice una rana? - pregunto Vilú extrañado a muerte.

Zorro de darwin o Zorro chilote

lunes, 14 de diciembre de 2009

Capítulo 8


VIII

La escena habría volcado la mente de una persona, de hecho, semejante quiebre de la realidad habría llevado a la locura cualquiera; pero Aníbal sabía que Franco estaba bien calificado para poder soportar algo así. Cuando él aprendió en su juventud el camino de la naturaleza le prohibieron hacer movimientos druídicos en público, a no ser que fuera estrictamente necesario. No era una regla de vida o muerte, pero sabía que cualquier cosa así tendría consecuencias.

Franco estaba shockeado hasta los huesos, no sabía muy bien por dónde empezar, las cosas que lograba ver o percibir estaban más allá de cualquier canon de realidad. Los árboles se movían como si estuvieran respondiendo a un ritmo humanamente inaudible. De pronto, Aníbal bajó las manos y los árboles se calmaron, pero no así las raíces gruesas y añosas, que se habían levantado como serpientes y se erguían sobre si como tales. Aníbal giró hacia Franco y caminó hacia él, el brillo que emitía su silueta era imperceptible, pero aún así era presente. Cada paso que afirmaba contra la tierra, hacía crecer pequeñas plantas alrededor de sus pies. A pesar de todo, Franco lograba mezclar inútilmente la imagen de su hermano, con la de algún santo, o algo por el estilo para poder explicar lo que era Aníbal.

-Déjeme pasar - pidió Aníbal, quien avanzo hasta donde habían enterrado la basura que se debería convertir en composta.

De pie sobre lo que había sido el agujero para enterrar basura, Aníbal se concentró y comenzó a mover las manos nuevamente de arriba hacia abajo y en el lugar de la futura composta, comenzaron a surgir cientos de gusanillos de tierra que se movían y pululaban felices como si les hubieran regalado un manjar.
Franco ya resignado sólo se dedicó a mirar con atención para ver de cierta manera cómo funcionaba el ritual de Aníbal.

De pronto Aníbal levantó la mano derecha hacia al cielo y las raíces, que esperaban como serpientes alzadas, se sumergieron en la tierra junto con los gusanos. Lentamente las raíces se fueron penetrando en la tierra, hasta el punto en el cual no se podía notar si habían estado allí.

El ritual había concluido, los perros se quedaron rascándose insolentemente como si nada les preocupara y juntos salieron hacia la calle atreves de la casa. Aníbal respiraba profundamente como tratando de salir de una especie de trance. La situación se calmó, y la escena había vuelto a la normalidad, los árboles se veían un poco más vivos, era obvio que se habían estado alimentando del la composta que había mezclado Aníbal y cuyo proceso de descomposición también se había encargado de acelerar.

-Este no es un gran truco, Franco- dijo Aníbal – pero creo que es un buen punto de partida.

Franco no replicó respuesta alguna, no tenía como ni sabía porque, todo estaba dado vuelta en su cabeza.

- De qué color es color verde, Franco - dijo Aníbal. Mientras tomaba un par de hojas que había en el suelo.
-¿Qué… que fue todo esto?- dijo Franco tomando aire en bocanadas gigantes.
-Llamémosle magia- contesto Aníbal.
-Pero... ¿cómo es que... cómo funciona?- Franco estaba decididamente shoqueado.
-Esto no es una gran ciencia, Franco- dijo Aníbal
-Lo de la composta y lo de la conservación de las plantas y el medio ambiente esta bien, pero no entiendo lo de los arboles moviéndose, raíces moviéndose, etc.-
-Calma Franco le explicaré todo en cierta medida, pero lo que le contaré es como comida, hay que tragarla y digerirla, pero no se atasque la boca comiendo.
-¿Cómo explica su religión la vida?- pregunto Aníbal mientras invitaba a entrar a la casa a Franco.
-El señor dispuso que hubiera vida en el planeta.
-¿Y cómo lo sabes eso tu?- pregunto Aníbal.
-La biblia lo dice.
-¿Y quién escribió la biblia?
-La escribió… ¿A dónde quieres llegar?
-¿Qué tal si te dijera que comenzaras a aceptarte como humano?
-¿Cómo?, un discurso motivacional no es el tipo de respuesta que busco - dijo Franco quien tocaba el castaño de la entrada buscando alguna marca.
- Eres humano Franco, eres un sacerdote y muy inteligente, pero netamente eres humano.
-¿Errar es humano?... no entiendo nada - dijo Franco que trataba de buscar aun algún rastro de movimiento articulación en la caída del tronco hasta la tierra.
-Si aceptas lo diminuto que eres, puedes comenzar a entender - dijo Aníbal quien lo miraba desde el marco de la puerta, - la vida en este planeta está desde siempre, no hay registros de desde cuándo, y con todo respeto, la biblia es una novela fascinante, pero no cuenta como registro.
-¿Por qué no?, ¿tienes 3000 años de antigüedad?- dijo Franco con una postura algo incisiva.
- No, pero los druidas existimos desde que se genero la humanidad en este planeta.

Franco se puso en su lugar y duramente dijo:

- Hasta el momento eres un brujo para mí, explícame eso de druidas, porque que yo sepa es un término celta o vikingo o algo así.
Aníbal tomó aire y paciencia y miró el techo como ordenando las ideas.
- Desde que el hombre es hombre, y desde que vive en comunidades, llámese tribus o clanes, siempre ha existido una figura sacra si se puede llamar así, una persona o personas que, a estas alturas la historia se ha deformado tanto que la figura sacra es una institución.
-¿La iglesia?
- Así es, siempre ha existido una persona capaz de estar en contacto con muchas cosas que no todos pueden ver, o se auto convencen de ver, lo que podría llamar para que entiendas “naturaleza”.
- Y porque “para que yo entienda”, la naturaleza… ¿es lo natural?- el mismo Franco esbozó una sonrisa al darse cuenta que le costaba definir el término de una manera total.
- La naturaleza es mucho más de lo que puedes ver, oír, e incluso estudiar, la naturaleza es la vida, pero no la que da si no también la que quita, es la fuerza omnipresente en todas las cosas incluso en las que no se mueven. Para los druidas existe, lo que se podría llamar deidad, lo que llamamos “la fuente”, es la vida como centro y núcleo de todo lo que nos rodea, todos tenemos un poco de la fuente.
- Una fuente como una vasija de agua y de esa agua se requiere para que algo tenga vida - dijo Franco.
- Me gusta que aprendas rápido, - sonrió Aníbal suavemente.- Esa fuente, en la visión druida, pende de un balance, si tú quitas algo, algo nuevo nacerá, si algo nuevo nace algo debe morir. Es como la composta, la fuente utiliza esa lógica, la muerte y descomposición de distintas cosas genera la oportunidad para que otras cosas nuevas vivan.

Franco tomó asiento en el suelo mirando a Aníbal y pensando con la mirada al vacío,  Aníbal siguió explicando desde el marco de la puerta.

- La fuente en la que creemos los druidas es casi visible bajo ciertas circunstancias - dijo Aníbal delicadamente - no es un hecho de fe. Entonces desde siempre la fuente se mantiene en una armonía perfecta, todas las especies viven y se mantienen en perfecta armonía, menos una.
- El humano.
- No es difícil deducirlo, pero el humano es el más grande enigma de los druidas modernos, nadie sabe a ciencia cierta porque se crearon y porque están aquí.
- Según la religión cristiana, el ser humano está aquí para buscar su camino hacia el paraíso y el cielo.
- ¿Ah sí?, y ¿cómo?
- A través del perdón y la devoción.
-Y ¿qué rol cumple la naturaleza en ese cuento?- preguntó Aníbal mientras se rascaba la barbilla con la barba media crecida.
- La naturaleza esta para servir al humano, al menos eso dice la biblia - dijo Franco con inocencia.
- Ese es el error de tu creencia, no voy a debatir tus creencias de paraísos o cielos lejanos, pero para los druidas el ser humano no debe utilizar la naturaleza a destajo, debe convivir con ella; allí radica el primer problema, la explotación.
- Pero eso viene siendo la modernidad ¿no? - acota Franco.
- Exactamente, el hombre en su origen era capaz de vivir y convivir con su entorno, porque tomaba de él sólo lo que necesitaba para poder vivir. Ahora que el hombre moderno amplió sus estándares de felicidad, se toma más de lo que se puede, porque necesitas hacer cosas más complejas, para poder vivir al nivel del estándar moderno, que por cierto es bastante artificial.
- En eso cualquiera podría estar de acuerdo - dijo Franco - pero… todo este discurso ambientalista no explica lo que sucedió aquí.
Aníbal soltó una risa bastante comprendedora.
-Los druidas no tenemos un poder determinado, o al menos así lo vemos, nuestra habilidad es comprender y entender el entorno a tales puntos que puede usar técnicas muy olvidadas para lograr cosas.

Franco miró y le dijo:

-Aún no me explica lo de los árboles.
-Cada druida hace sus propias investigaciones sobre lo que es la fuente, pero cuando te acercas y comprendes cómo funciona la fuente, puedes tener la habilidad de simpatizar con el entorno - Aníbal se veía complicado con la manera de explicarlo - lo que yo hice fue pedirle a los gusanos que comieran la composta y que lo transformaran en humus, y luego pedí a las plantas que se alimentaran de eso, y eso lo logre simplemente utilizando mi empatía con la fuente, o sea mi propia vida.
-Esto sonara ridículo pero, ¿moviste las plantas con amor?- dijo Franco incrédulamente.
-No, les ordene que se alimentaran de la composta.
-Pero los árboles no se mueven - contestó Franco.
-Los árboles sí se mueven todo el tiempo, que no los puedas ver, percibir o no sabías. Eso, no es problema mío - dijo Aníbal algo agobiado -pero sí, te sorprenderías de lo que puedes llegar a ver cuando te internas en la naturaleza, sobre todo cuando la fuente de vida se les acerca.
-Entonces asumo que tu mentalmente dijiste “arboles muévanse” y ellos se movieron - dijo Franco.
-Nadie puede hablar con las plantas como tal, para el caso tampoco con los animales, eso es una ley universal incluso para nosotros, sólo se puede motivar, estimular o en este caso, lo que yo hago es comunicarme con las plantas, pero no de una manera verbal, sólo empática, y de esta manera se pueden sugerir o motivar el movimiento de ellas. 
-Entonces supongo que es algo interior y de espíritu que logra mayores cosas, o sea que existen distintos tipos de magnitudes de habilidades druídicas.
-Sí, totalmente, pero estas no están regidas por algo físico, técnicamente tú podrías hacer lo mismo que yo hago si hubieras vivido y conocido lo mismo que yo; las habilidades de un druida, mejor dicho, de una persona, son limitadas solamente por su conocimiento.
- ¿Qué clase de druida eres tú? De hecho… ¿por qué la palabra druida?
-Se adoptó la palabra druida como convención, porque los celtas fueron los únicos que adoptaron las creencias druídicas, fueron una clase aristócrata entre ellos, y allí se desarrolló mucho la habilidad como academia, la palabra druida significa en celta “rico en conocimiento”. Y respecto a lo otro, digamos que de donde yo vengo, soy un druida aplicado, me considero sobre la media en lo que hago.
-¿Hay más de tu tipo? - contestó Franco quien rompía su silencio, impresionadísimo.
-Así es, muchos más, de todo tipo; de hecho los druidas se clasifican por lo que llamamos “ordenes”, y estas órdenes están definidas solamente por posturas filosóficas respecto a la fuente, para explicarte es como si…
-Los distintos credos según la interpretación de la biblia - contestó Franco sagazmente.
-Así es, hay de todo, aunque la mayoría y las más fuertes órdenes druidas son ermitañas como la mía.
-Pero, si tienen la solución para el mundo y la naturaleza, porque no intervienen, aparecen y cambian todo.
-Por lo mismo, si hay una cosa que hemos aprendido es que todo cambio en la fuente tiene una consecuencia; es todo acción y reacción.
-Y si tú eres un druida ermitaño, ¿qué haces aquí?
-Yo, me autoexilié de mi orden.
-¿Por qué?
-Porque no estaba de acuerdo con lo que estaban planeando.
- ¿Y por qué viniste aquí?
-Todo eso es una historia que te contare en su debido tiempo y creo que debo hacerlo, ahora necesito que entiendas lo que soy.
-Lo he entendido a duras penas, pero aún no es fácil de digerir - dijo Franco a medio convencer.
- Necesito que vengas a la media noche de mañana, para que te siga explicando, aún quedan cosas bastante importantes que necesito que entiendas.

Franco le dio la mano a Aníbal, casi temblando de la emoción que pasó, todo era confuso en su cabeza, pero tenía una respuesta y bastante clara, ahora lo que tenía que hacer era hacer encajar una respuesta conceptualmente gigantesca en cada una de las preguntas que tenía en la cabeza.

Al salir de casa, levantó la mano para despedirse de él mientras Aníbal cerraba la puerta a jalones.

El regreso a la iglesia fue relajado, pero a mitad de camino, a un par de cuadras de su destino, pudo distinguir un resplandor blanco muy sutil entre la hierba de la vereda, sobre todo en las partes oscuras de la calle. Al acercarse, se dio cuenta que era algo muy extraño, horrorizado vio que de entre todas las partes oscuras de las veredas, y calles, comenzaban a salir extrañas líneas culebrantes, gruesas, color blanco que se movían a un ritmo desconcertante, y salían más y más. Franco creyó ciertamente que se volvía loco. Así que decidió correr a casa como pudo, pero vio que estas cosas estaban por doquier, no parecían numerosas pero estaban en casi todos los lugares oscuros y semioscuros que veía. Sabía en su interior que tenía algo que ver con lo que había presenciado ese día. Así que prefirió encerrarse en su cuarto y dormir hasta el día siguiente para poder hacer las preguntas pertinentes a Aníbal.

martes, 8 de diciembre de 2009

Capítulo 7

VII

El ave no era fácil de distinguir, pero al mirar con más minuciosidad, Mateo pudo distinguir que se trataba de un cormorán negro; un ave algo común en la zona, pero era muy raro que llegara hasta el cerro y justamente junto a su ventana. La cabeza de Mateo giraba en suposiciones, todo esto estaba pasando por algo, pero aún no estaba muy claro qué podía ser. ¿Por qué podía entenderse con Mo?, ¿por qué solamente con Mo?, ¿un cormorán negro? Estaba ciertamente acostumbrado a cosas extraordinarias, pero esta vez las cosas se estaban saliendo de control.

La noche había llegado y el ave continuaba observando inmutada desde el castaño que se asomaba por la ventana de la cocina. Mateo había preparado un guiso de verduras para cenar y había dado algunos insectos muertos a Mo, quien ciertamente ya no exhibía rasgos de ser una rana introvertida.

Antes de pensar en prepararse para a ir a la cama, en aquel momento en el que lavaba los platos y ollas de la cena, ya no aguanto más y tomó la escoba, abrió la puerta del patio y se paró a las faldas del árbol, pero no alcanzó siquiera a levantar la escoba y ya el pájaro salía volando por detrás del techo de la casa.

-¿Ya se fue?- fue la única pregunta que escuchó Mateo desde la casa.
-Así es- dijo Mateo, con cierta mirada perdida en la luna que estaba a punto de hacerse llena.
- ¿No volverá?- preguntó un atemorizado Mo, mientras Mateo entraba con la mirada en ninguna parte, pensando en qué podría significar todo esto.

Mateo distrajo su mente lo suficiente como para no poder responder esa pregunta, aunque dentro de sí, fácilmente podía sentir que no sería la última vez que vería ese pájaro. Había escuchado que en el sur de Chile, a esas aves, los cormoranes, se les asociaba con un mensajero de malas noticias.

La noche pasó suave a pesar de las dudas que tenía Mateo en la cabeza y la mañana llegó suave, con el típico olor a mar que caracteriza a la zona de Valparaíso. Mateo se levantó como de costumbre a las 10 de la mañana, para saludar a Mo que dormía plácidamente en la roca que había en su pecera.

El regar las plantas que requerían agua ese día no fue nada complejo, sólo la rutina de tomar del patio su elaborado set de botellas desechables llenas con agua y destapadas, esperando que se esfumara el cloro del agua de la cañería para regar las plantas que necesitaban agua más seguido que las demás. Al pasar frente al castaño, notó que no había cormorán. La presión se le había aliviado por un momento, y en ese momento fue que escuchó sonar la puerta con fuerza.

Martina Marpas esperaba al otro lado de la entrada, estaba algo inquieta, pero más que todo estaba llena de curiosad. Todo se había vuelto un manto divertido de descorrer, Mateo significaba algo que no podía entender y ese enigma la atraía demasiado visceralmente. En realidad no tenía una excusa clara para estar allí, pero sabía que tenía que hacerle sólo una pregunta.

-Hola Mateo,- dijo Martina mirando fijamente a Mateo a los ojos, mientras él se restregaba los mismos como un niño levantándose de la cama.
-Hola Martina, ¿qué te trae por aquí?- dijo Mateo mientras tironeaba la puerta para que se abriera bien- pasa, adelante.

Martina entró con una pregunta que no pudo calmar en su cabeza.
La vida de Martina no había sido fácil, la pérdida de su madre cuando niña le marcó la adolescencia y la manera en que se desenvolvía en el mundo. Había aprendido a generar una máscara de calma e indiferencia que se le había incrustado más y más en su carácter, al punto que le costaba demasiado sacársela para mostrar la persona que era realmente.

Martina fue una niña muy inquieta y de imaginación muy volátil, siempre sentía que mamá la observaba, que estaba en alguna parte junto a ella; solía tener un amigo imaginario al cual llamaba “Manu” pero a medida que creció y se expuso al ambiente de su escuela y el colegio, fue desapareciendo. En su adolescencia, a pesar de ser una chica muy sociable y normal, internamente le gustaba creer en extraterrestres, ovnis, fantasmas, duendes, gnomos, en toda clase de cosas paranormales. Creía que todas las cosas tenían vida, sentía que lo sobrenatural estaba en todas partes pero sólo estaba a un centímetro de descubrirlas. Sin embargo fue la crianza científica que le dio su padre la que se tomó la paciencia de matar una por una las creencias que atesoraba desde la niñez, al punto que un día cualquiera, sin que sucediera nada particular que lo produjera, decidió dejar de lado todo lo extraño de su persona. Asumió que creer en cosas que el resto de las personas no creen era un signo de inmadurez, no podría decirse que eso la hizo madurar, pero la hizo mimetizarse con mayor precisión en el mundo que buscaba, o al menos ella creía que buscaba. Es aquí donde Mateo cumplía un extraño papel, porque a simple vista simbolizaba todo lo que ella había dejado atrás, una comunicación directa con el núcleo que necesitaba creer en algo.

-¿Cómo pudiste hacer crecer café aquí?- dijo Martina sin pelos en la lengua, la pregunta le había carcomido lo suficiente como para tratar fútilmente de disfrazarla con cortesía.

A pesar de eso, no obtuvo respuesta de Mateo, quien sólo continuó regando las plantas que había en el living de la casa.

-Es que no hay manera que alguien obtenga una semilla de café sin pagar por ella, y no venden café a puñados en ni una parte, no aquí, no en Chile, y si aún así fuera, tendrías que mandar a comprar semillas lejos, a Cuba, Colombia, y te venderían sacos- siguió Martina mientras Mateo continuaba haciendo lo suyo,- la única solución que se me ocurre es que, de todo el café que se pueda comprar, un grano de café este mal tostado, y para eso me imagino que tendría que ser café de mala calidad, y que de los miles de millones de granos que se procesan, el único grano de café apto para ser plantado haya llegado a tus manos, un experto en plantas.
Mateo se detuvo y quedó mirando a Martina.

-No es algo posible,- concluyó Martina, con una mirada sincera de querer saber la verdad.
-… es magia, Martina- dijo Mateo sin demasiada emoción.
-Explícame- replicó Martina.
-Es como dijiste, de alguna manera el único grano de café que quedo mal tostado, el único que se salvo de varios procesos que lo habrían matado, el único que podría servir como semilla, llegó a mis manos, en eso estas en lo correcto- Mateo hablaba mientras se rascaba el pelo que tenia medio desordenado.
-Pero, como, ¿cómo pudiste levantar una planta de una semilla que aún de llegar a tus manos, está prácticamente muerta?- Martina ya se había tranquilizado.
-Esa es la parte donde entra la magia a jugar.
-¿Magia?
-Técnicamente, escuchar, escuchar a las plantas, comunicarte con ellas,- explicó Mateo con tranquilidad mientras acariciaba una de las enredaderas.
- ¿Escuchar?, ¿cómo puedes escuchar a las plantas?- dijo Martina, a punto de menospreciar el argumento de Mateo.
-Comunicarte, seria la manera más sensata de llamarle a eso, cuando puedes saber que cada una quiere algo, cuidado, riego, luz y estar rodeadas de otras plantas,- dijo Mateo- nosotros los humanos estamos demasiado sordos o ciegos, no podemos escuchar nuestro entorno, nos autoproclamamos los más inteligentes, y nos decimos que estamos solos en este planeta, pero este planeta está lleno de vida, en todas partes, y todas y cada una de las manifestaciones de este mundo nos quiere comunicar algo, cada una tiene emociones, ambiciones, pero nosotros nos apresuramos en asumir de que son menores, sólo porque no las entendemos, todo se basa en eso, exigimos que el mundo nos entienda, pero no podemos entenderlo a él siquiera.
Martina se quedo en un lapsus de silencio, su niña interior danzaba en las frases de Mateo, pero la adolecente forzada solo encontraba que todo esto era solo fanatismo hippie.

-Cuando entiendes eso, cuando ves una semilla herida, te darás cuenta inmediatamente que esa semilla quiere salvarse, y salvar una semilla significa sólo hacerla crecer,- Mateo parecía extasiado y nostálgico al decir estas palabras- sé que me llamaras demente, pero, cuando logras ver… realmente ver lo que existe en este planeta, es cuando realmente eres parte de él.

Martina sin duda tenia la respuesta que buscaba, pero ciertamente no era lo que esperaba. Ella esperaba cálculos, mezclas de tierra, métodos y procesos para lograr algo tan simple y cotidiano como el café, pero sin darse cuenta la serendipia le había entregado algo mucho más grande, un trozo de reflexión tan grande, pero aún así una muestra, que se demoraría días en digerir.

-Pero ¿cómo averiguaste el tipo de tierra?- Martina trataba de aun encontrar la respuesta precisa que encajara en su pequeño esquema.
-Fácil, el mejor instrumento para conseguir resultados es la boca,- dijo Mateo, que continuó regando las plantas.
- ¿Te comiste la semilla?-preguntó Martina que no sabía qué preguntar a esas alturas, a lo que Mateo soltó una sonrisa muy sincera.
-No, cuando tomas café, puedes distinguir la acidez que requiere un café, no es totalmente ácido; por otro lado, el café usado sirve como fertilizante, así que asumo que una semilla necesita una cantidad grande de nitrógeno, pero aún así, lo más útil es…-
-Hacer tierra de composta enterrando café podrido,-intervino Martina muy sagazmente.
-Asi es, y bueno, el resto es magia,- dijo Mateo.
Martina estaba más que satisfecha, pero maravillada por la respuesta en su forma básica, pero quería averiguar más, había algo que le llamaba a averiguar más de esta perspectiva de la vida. Mateo por su lado, seguía relajadamente con su rutina, y sólo agradecía internamente no escuchar a Mo gritando cosas desde su pecera, y esto se debía solamente a que aún dormía plácidamente.
-¿Magia?- repitió Martina inocentemente, pero sólo recibió el silencio típico de Mateo a esas alturas, que le decía que no obtendría más respuestas de él por hoy.
-Bueno creo que no te molestare más por hoy, pero me gustaría platicar más sobre lo de las plantas, me causa curiosidad tu método,- dijo Martina quien se retiraba educadamente hacia la puerta.
- Ya sabes que sólo debes golpear fuerte la puerta,- dijo Mateo mientras le abría la puerta cortésmente a Martina.
-Espero que me invites otro café pronto,- dijo Martina mientras salía por la puerta, pero algo le llamo la atención al pasear la vista por la casa,- ¿por qué hay un pájaro mirando desde la ventana de tu patio?

Al voltear la vista, Mateo se percató con un escalofrió en las vertebras, que el cormorán negro había vuelto y estaba mirándolo desde la ventana.

-No es nada, pasa todo el tiempo,- sonrío tan falsamente Mateo al decir esto, que Martina no pudo dejar de darse cuenta que algo sucedía con el pájaro, pero sabía que su tiempo allí se había terminado por hoy.
Bueno, adiós.
-Adiós Martina.

Al cerrar la puerta, Mateo giró decidido a encarar su amenaza con toda la valentía que tenia, dio los pasos de manera decidida hacia el patio, abrió la puerta y se instaló directamente bajo el pájaro.

- ¡Sé que vienes por algo, manifiéstate!- increpó al pájaro que lo miraba fijamente,- ¡déjanos en paz!-
- Eres valiente para desafiarme así,- contestó el pájaro con una voz humana medianamente grave.

El pájaro extendió sus amplias alas y voló hasta el suelo, a unos pasos de Mateo, el cual retrocedió abruptamente un poco ante este movimiento brusco. En el suelo, el pájaro extendió las alas hacia atrás y comenzó a torcer la cabeza hacia su interior, pero una extraña aura de color entre gris y café comenzó a envolverlo, y comenzó a crecer, y en un par de segundos el ave se había transformado en una figura humana.

La persona que Mateo tenía enfrente parecía a simple vista joven, de alrededor de unos 25 años, la edad de Mateo, pero vestía solo una piel grande que le cubría la cabeza como una túnica, un ropaje muy arcaico. Llevaba el pelo largo, suelto, que caía por su cara y un poco de barba sobre una tez morena. El hombre sostenía un trozo de madera añoso como báculo, pero era una madera retorcida, como un trozo de árbol escogido.

Mateo estaba en shock pero no fuera de sí, retrocedió unos pasos y su espalda dio con la pared de la casa. El hombre de aspecto ermitaño, levantó la mano izquierda y la apunto hacia Mateo, quien en pocos segundos veía como varias enredaderas comenzaban a treparle por el cuerpo, inmovilizándolo y dejándolo fijo contra la pared. Mateo estaba asustado, pero sabía que sería peor si gritaba.

-¿Eres el druida de aquí?, ¿a qué orden perteneces?- dijo el hombre con una mirada fría y penetrante.
-…No soy druida,-contestó Mateo forcejeando inútilmente.
-¿Entonces quién es el vigilante de esta área?
-Soy yo,- dijo Mateo mirando fijamente a los ojos al extraño.
-Pero no eres un druida.
-No, pero sé que tú si lo eres,- dijo Mateo decididamente- y sabía que en algún momento uno de los tuyos vendría.

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domingo, 6 de diciembre de 2009

Capítulo 6


VI

La cara del padre Franco mostraba un descuadre mental de una proporción considerable. No estaba seguro de lo que estaba siendo testigo, el hecho de que el piso estuviera casi reluciente en menos de un día se encontraba fuera de toda lógica en la cabeza del joven párroco. Sin siquiera llegar a consentírselo a sí mismo, ya creía que esto era una obra mágica, de brujería o de fuerzas extrañas, su mente estaba siendo invadida por pensamientos sobrenaturales, y sólo sobrenaturales, de un solo click su cabeza había abandonado el pensamiento científico y racional al cual estaba acostumbrado a aferrarse.

En una milésima de segundo ocurre una cantidad incontable de pensamientos en la cabeza de una persona, igual sucedía en la de Franco, y estos pensamientos sólo hacían preguntas. ¿Sacó la tierra solo?, ¿cómo?, ¿con qué?, ¿quién lo ayuda?, ¿vecinos?, ¿usó los animales?, ¿pero dónde está la tierra entonces?... ¿por qué no está en el patio?, ¿se la comieron los animales?, y las preguntas rebotaban en una nada eterna. El rostro de Franco dejaba ver que no podía entenderlo, no era un hecho impactante, pero era un hecho que realmente le había sacudido su conciencia de la realidad. En proporciones estándares es como algo que estaba allí, y después de una noche desapareció.

La sensación le llegó al estómago al darse cuenta que las paredes estaban bastante limpias, el mal olor se estaba marchando y estaba mutando en un olor profundo a tierra de hojas.

Aníbal se le quedó mirando durante la milésima de segundo en que el universo giró hacia el otro lado en la cabeza de Franco, y le pregunto amablemente:

-¿Y qué le parece?, ¿cómo se ve?- Aníbal sonreía mientras metía las manos los bolsillos de su ajado pantalón café oscuro.

-¿Cómo logró esto?... ¿qué clase de ayuda tuvo para lograr esto? - la mente aguda de Franco estaba tratando de agredir directamente la garganta de Aníbal para lograr alguna respuesta concreta, – no me gusta ser prejuicioso y soy bastante racional, pero ¿es esto alguna clase de brujería… o magia?

Aníbal lanzó una carcajada gigante al viento, de esas que requieren ponerse una mano detrás para permitir a la espalda arquease y poder reír más a fondo.
-Supongo que sí, es magia. Explíqueme qué entiende como magia,- dijo Aníbal totalmente sereno.

La pregunta era tan simple, pero a la vez tan compleja para Franco que poco podía decir.

-…Un hecho sobre natural… que no se puede explicar,- dijo Franco inocentemente pero con una mirada tenaz sobre Aníbal, quien la esquivaba serenamente.
- ¿Sobrenatural? Qué extraño término… ¿qué significa? - dijo Aníbal agudizando su mente.
- Supongo que es un hecho que no se puede explicar con las leyes naturales, o que es ajeno a la naturaleza.
- ¿Y tú crees que conoces a toda la naturaleza?... ¿no será que la naturaleza no te conoce a ti?
- Está tratando de esquivar mi pregunta Aníbal, quiero saber cómo logro esto,- dijo Franco, bajando un poco la guardia, algo le decía que la respuesta estaba dispuesta a ser revelada si se hacia la pregunta correcta.
- Magia, definitivamente magia,- dijo Aníbal con una sonrisa en la cara, mientras caminaba hacia el patio.
- ¿Magia?... ¿Brujería? …¿Algo que ver con Satanás?... respóndame por favor.- La paciencia del padre Franco no era una maravilla cuando se trataba de enigmas.
Aníbal se detuvo como si ya se hubiera hartado de la conversación, se dio vuelta y encaró a Franco.
- Dígame, señor Franco, cuando un mago saca un conejo de su sombrero, ¿es magia?- Aníbal quedó mirando seriamente a Franco quien contestó.
-Sí, lo es, pero no es lo mismo que esto…
- ¿Lo dices porque no tengo un sombrero y un conejo en la mano? - dijo Aníbal gravemente, interrumpiendo cualquiera que fuese la respuesta que Franco hubiera querido lanzar.
- El mago toma su sombrero, lo golpea con su varita y saca un conejo tomándolo de las orejas de dentro del sombrero, más allá del truco que utilice para realizarlo. Ustedes llaman a eso magia porque dentro de sus mentecillas no pueden explicar la lógica de cómo un conejo puede salir de un sombrero racionalmente, entonces inmediatamente etiquetan ese vacío de conocimiento como “magia”.

Franco trato de esbozar alguna palabra para no ser humillantemente callado, pero Aníbal aún tenía más.

- Si quiere ver esto como magia, o brujería, o con el nombre que quiera, me da lo mismo… sólo le voy a decir esto, ¿le gusto el conejo? - dijo Aníbal con ironía en su voz.
-Ahora páseme esa pala por favor, tengo mucho que hacer,- concluyó Aníbal con voz más relajada.

Franco le paso la pala amablemente, pero con la cabeza en un estado de catatonia. Eran miles de preguntas cruzándose en alto tráfico por su cabeza. Aníbal tomó la pala, la puso en su hombro y se dirigió a la puerta del patio. Al llegar a la puerta se detuvo y dijo con fuerza:

- ¿Me va a acompañar? No podemos discutir puntos de vista si usted se queda en la puerta de entrada.

Franco movió la cabeza para reaccionar y fue caminando hacia donde estaba el patio. Al salir, Franco quedó maravillado, pero a la vez no pudo evitar soltar un silbido por el trabajo que tendrían que hacer. El patio era bastante espacioso y la superficie era inclinada hacia abajo, siguiendo la pendiente natural del cerro donde se ubicaba la casa. La maleza estaba gigante, de más de un metro de alto; los arboles se levantaban humildemente medio enjutos por la falta de nutrientes y algo tímidos entre la hierba, junto a la ventana y puerta del patio había un castaño añoso que se destacaba del resto y proyectaba una sombra pacifica sobre la entrada de la casa.

Ese día, a pesar que situaciones extraordinarias estaban sucediendo alrededor de Franco, y esa era una ocasión perfecta para que Franco desenredara todas sus dudas, la tarde se mantuvo en bastante silencio, con conversaciones esporádicas. Franco se abstraía mentalmente en suposiciones y divagaciones mientras cavaba. Hicieron dos agujeros en la tierra, en uno enterraron la basura orgánica de la casa y en el segundo y más pequeño Aníbal reunió las malezas que arrancaba con las manos ayudado por un par de bolsas que tenia para protegerlo.

- ¿Por qué entierra esta basura… no le hará mal a la tierra?- pregunto Franco humildemente.
- Al contrario, al descomponerse los materiales orgánicos, la tierra se fertiliza mucho mas, se produce composta, que es la materia que toda planta necesita para crecer.

La respuesta fue satisfactoria para Franco, y Aníbal descansaba con justificadas razones sentado bajo el castaño mientras la tarde se marchaba inevitablemente bajo el paisaje carmesí que ofrecía la vista al mar de un cerro de Valparaíso.
Franco tomó la chaqueta larga color café que se había quitado para trabajar, y se la puso entonces Aníbal le dijo:

-Es complejo…
- ¿Qué es complejo?,- preguntó Franco, quien asomó una sonrisa de media boca, ironizado por la situación e interiormente por su constante posición de preguntar.
-Todo – respondió relajadamente Aníbal mientras tranquilamente miraba el cielo tirado en la base del tronco del castaño,- todo es complejo, pero todo puede ser explicado, Franco.
-Pero supongo que no todo puede ser abiertamente explicado,- dijo Franco con cierto desánimo.
-Venga dentro de cuatro noches contando esta,- indicó Aníbal.
-¿Con qué objeto?- preguntó aún desanimado Franco.
- Sacaré más conejos de mi sombrero- dijo Aníbal, con la mirada perdida en las nubes, buscando formas en ellas,-me gustaría que estuvieras aquí, te he observado y creo que estas calificado para ayudarme… realmente ayudarme.
-Soy un hombre de Dios, Aníbal, lo que quiere decir que soy un hombre de una sola fe, no puedes convencerme de involucrarme actos de brujería.
-Me estas hartando con tus etiquetas baratas de ignorante,- el tema de la brujería comenzaba a irritar con facilidad a Aníbal,- además, yo no quiero que dejes de tener fe en lo que creas que es mejor para ti, sólo necesito tu ayuda.
-Entonces, ¿cómo podría ayudarle?, además de ser como dices, ¿cómo podría ayudarte?- dijo Franco con mucho escepticismo.
-Simplemente entendiendo, o comenzando a entender - espetó Aníbal.

Esta respuesta supuso uno más a la colección de cortocircuitos en la cabeza de Franco. Inmediatamente en su mente dijo “no vendré”, pero en lo más profundo de su instinto encontraba fascinante la idea de conocer y resolver el enigma al que apuntaba la presencia de Aníbal, su misteriosa llegada, y su inesperada estadía. ¿Es un brujo realmente?, ¿es un agente del bien, o es un agente de Satanás?, ¿es un lunático con suerte?, ¿un fanático perdido en su fanatismo? De pronto se observo a sí mismo pensando como las señoras, viejas y vecinas que chismeaban las mismas cosas sobre Aníbal, entonces supo que debía contenerse y usar su aguda mente racional para resolver esto y no dejar que el tema agonizara entre prejuicios que aún no tenían fundamento.

Franco se despidió de Aníbal con un apretón de manos y caminó lentamente por las calles, pensando, pensando en lo que vio, en lo que podría ver o presenciar, ¿será un embauco? Su cabeza realmente estaba sobrecargada de preguntas sin respuesta, preguntas que se reproducían entre sí.

Los días pasaron y Franco siguió haciendo su vida como mejor pudo, pero no lograba mentirse a sí mismo, rezó profundamente buscando consuelo en su fe para sus dudas. Recibía a sus feligreses con alegría y escuchaba sus problemas tratando de aconsejar la mejor solución. Pero aún así, su mente estaba demasiado inquieta.

Al segundo día, los pensamientos de Franco se habían vuelto un tornado de conciencia, pero demasiado profundo como para que su fe pudiera acallarlo. Estuvo distraído todo el día, perdía la cuenta del rosario.

Finalmente, el día que había sido citado por Aníbal había llegado, Franco en su mente sostenía un férreo “no” conteniendo una avalancha de “sí” que lo invadía. Ese día Franco se declaró enfermo y se retiró a su dormitorio, con el plan fútil de dormir temprano y así solucionar el problema ignorándolo. Pero el sueño nunca vino, la noche cayó a un ritmo lento, y cuando era casi media noche su mente no podía dejar de pensar en qué sería, o cómo sería lo que él podría ver en la casa de Aníbal. Su mente se paseaba desde las posibilidades más sobrenaturales, hasta las más terroríficas por igual, y sus ojos no podían dejar de mirar el reloj despertador que marcaba las 11:58.

Cuando el reloj marcó las 11:59 Franco saltó de su cama, se llenó de coraje instintivamente y sin buscar un fundamento racional a lo que se disponía a hacer, apartó todos sus pensamientos miedosos y tomó su cuerpo, lo enfundó en una chaqueta, buscó sus calcetines a tientas en la oscuridad escogiendo sin saberlo uno azul y uno gris, se puso mal el alza cuellos. Se calzó de mala manera los zapatos, que fue arreglando mientras salía del dormitorio, caminó por el atrio de la iglesia, donde se persignó al pasar junto a la biblia y se arrodilló por costumbre frente al mueble de madera color caoba que guardaba las ostias para la comunión.

El camino le parecía especialmente largo esa noche, la impaciencia y ansiedad de encontrar respuestas a la colección de poderosas dudas internas de Franco se hacían tan presentes que lo convertían en un ansioso niño.

La respiración se le agitaba cada vez más cuando golpeo la puerta, una vez, y no escuchó movimiento. Trató de mirar por la ventana a medio destruir que estaba junto a la entrada y no vio nada, golpeó otra vez y no obtuvo respuesta. Entonces le pareció escuchar ruido en el patio, y golpeó una vez más, dándose cuenta que la puerta estaba abierta muy sutilmente. En cualquier otra situación no hubiera entrado, pero esa noche no se trataba del Franco habitual, se trataba del Franco hambriento de respuestas. Sin demasiado apremio, abrió la puerta con un par de empujones, ya que estaba descuadrada y se apretaba fácilmente contra el suelo, así que tuvo que aplicar la misma cantidad de empujones para cerrarla.

La habitación estaba oscurísima, pero la puerta al patio trasero estaba abierta y dejaba entrar la luz de una luna llena especialmente esplendorosa esa noche.
Al llegar al umbral de la puerta el espectáculo era algo fuera de lo normal, habría dejado desquiciado a cualquier científico.

En medio del patio estaba Aníbal, cubierto con su habitual frazada a mal traer haciendo unos movimientos extraños, sus brazos iban de abajo hacia arriba con fuerza. Alrededor había tres perros callejeros, que miraron a Franco con desdén para seguir su tarea de aullar a la luna como si estuvieran ofreciéndole una serenata.

El asombro de Franco era de proporciones gigantescas, pero no se comparaba a lo que estaba por venir.

Los árboles comenzaron a moverse sobre su tronco, el castaño que estaba más próximo a Franco comenzó a crujir y emitir un sonido de madera torciéndose, pero sin embargo no se rompía. La hierba que había a su alrededor bailaba y oscilaba al ritmo de una música inaudible, de pronto la tierra comenzó a agitarse.

-Franco, pensé que no vendría, tuve que comenzar sin usted.

Franco no respondió ya que su mundo como lo conocía estaba ocupado colapsándose, pero le quedaba suficientemente lucidez para acercarse un poco al centro del patio. De pronto vio cómo las raíces de los árboles comenzaron a avanzar lentamente y a bailar un poco bajo ese ritmo silencioso. En el lugar donde estaba parado Aníbal, comenzaron a brotar pequeñas plantitas que se asomaban como sonriéndole a quien las llamaba. Era un espectáculo terriblemente hermoso. Franco estaba literalmente con la boca abierta; había cierta parte de su interior que sentía horror y otra que estaba en completa paz.

-¡Brujo!- fue la mejor exclamación que Franco podía hacer.

Aníbal giró la cabeza y con una leve sonrisa le respondió.

-No, druida.

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jueves, 3 de diciembre de 2009

Capítulo 5


V

Abrir la puerta era algo medianamente anormal, ya que se debía hacer con cuidado, sumando que la madera había hecho que la puerta se apretara contra el suelo, entonces se tenía que aplicar fuerza para poder abrirla en las partes en que se trancaba. Pero aquella tarde con tintura de noche, Mateo logro abrirla con la misma mecánica que ya había adoptado, y el rostro de Martina Marpas y un suave “hola” le chocaron de golpe. Ella se veía un poco más amable de lo normal, al menos el “normal” de Mateo, este hecho le perturbaba porque no sabía si estaba siendo amable genuinamente con él, o sólo se mostraba interesada por la habilidad con los bonsáis de Mateo. Aun así Mateo saludó cortésmente y con un automático gesto para que pasara dentro de la casa.

-No tengo que ser una rana genio para darme cuenta que ella tiene problemas…- desde el fondo de la pequeña sala se escucho el croar de Mo que se aventuraba a sacar conclusiones apresuradas.

Mateo miró hacia donde estaba Mo, pensando que Martina lo había escuchado también, pero no; ella paso sutilmente y en cierta manera Mateo se dio cuenta que Mo podía tener razón, sentía instintivamente un dejo de fragilidad en ella.

-¿Quieres algo?, ¿un té, café, algo por el estilo?,- preguntó Mateo.
-Una danza de cortejo…- Desde el fondo grito Mo intransigentemente.

Mateo nuevamente distrajo su vista, la situación se volvía tensa sin siquiera comenzar. Ella miró a Mateo y su mente divagó entre praderas de prejuicios pero finalmente decidió aceptar el ofrecimiento, aunque no sabía si lo hacía porque efectivamente lo quería o simplemente no quería ser grosera con su humilde anfitrión.

-Un café estaría bien para mí,- dijo Martina.
-Pues… toma asiento, y dame siete minutos y lo traigo.

Mateo caminó hacia el fondo de la sala, donde una separación muy pequeña hacía notar que estabas en lo que correspondía a la cocina y a pesar de la humildad, Mateo no sufría de una cocina pequeña, tenía de todo lo que un cocinero podría requerir, claro que la mayoría de las herramientas eran fabricadas e improvisadas por el mismo. Sacó de un pequeño frasco de plástico que alguna vez albergó cereales, un puñado de café en grano y lo metió en una pequeña máquina hecha con piezas de otras diversas máquinas en desuso y comenzó a moler el grano, que salía por la parte inferior del artefacto, así reunía suficiente café en grano molido que arrojaba sobre un recipiente de plástico preparado expresamente para el proceso.

-Vaya, ella debe ser la hembra más fértil del lugar, porque veo que le pones demasiadas ganas al café,- increpó Mo desde una piedra en su pecera, que estaba en un rincón de la cocina.
- No lo hago con ánimo de reproducirme Mo, es un gesto de gentileza, nada más,- dijo Mateo cuando revisaba con una lupa el grano molido buscando imperfecciones.
- ¿Perdón?, no puedo escucharte desde acá,- se hizo escuchar Martina que se había puesto de pie para observar de cerca la extraña pero atractiva disposición de las plantas en toda la casa.
- No, nada, sólo sacaba cálculos mentales en voz alta.
- Yo creo que ella te gusta, Mateo, pero está bien por mí, puedo ayudarte si quieres, ayudé a muchos amigos a cortejar en el amazonas, ¿sabías?
- No voy a cortejar a la hija de uno de mis benefactores, Mo, entiéndelo,- replicó Mateo con tono duro, pero al terminar miró hacia el fondo donde estaba Martina ,quien no se había percatado de la conversación mientras observaba y tocaba una planta muy bella que caía por el contorno de la sala y se preparaba para lanzar una flor al mundo en un botón muy bello color carmín.
-¡Cortejo!, ¡cortejo!, !cortejo!,- Mo saltaba en su roca húmeda embravecido por sus propias ideas, pero un instante después se detuvo observando a Mateo diciendo:
- No tienes colores muy vivos para cortejarla, pero podrías pintarte verde, y hacer algo con los ojos, ¡no!, amarillo, ¡píntate de amarillo y es tuya!- Mo saltaba emocionado por su propio plan,- luego le bailas, saltas alrededor de ella de esta manera, sutilmente, y si ella sique aquí es porque te aceptó, entonces cuando no se dé cuenta te subes a su espalda, y listo.

Mateo tomó el termo con agua caliente y agregó el agua al café molido mientras tapaba la pecera de vidrio de Mo con una tabla para matar moscas que tenía por allí.

- ¿Esto significa que no te pintarás?, aún así puedes saltar, puede resultar, ¡una mosca, sí!,- inmediatamente se distrajo Mo devorándose un par de cadáveres de moscas, pero volvió en un instante al borde de la pecera, donde Mateo acercó su rostro mientras sostenía dos tazas de café perfectamente hecho. Mo movía sus ojos rojos con cierto compás, Mateo entendió en seguida que decían “cor - te - jo”.

Al llegar a la mesa Mateo tuvo que inmediatamente fabricar una excusa.

- Lo siento, pero se me acabo el azúcar, apenas pueda debo comprar.
- No importa, yo tengo en mi bolso,- la respuesta de Martina sacudió los cimientos de Mateo, -es que suelo guardar estas bolsitas de azúcar de las tiendas, creo que no se deberían desperdiciar, nada se debería desperdiciar de este planeta.
La curiosa solución de Martina había esbozado una sincerísima sonrisa en la cara de Mateo, la cual Martina acepto con aprecio. Al probar el sabor del café, Martina quedo perpleja, ella esperaba un café de mala muerte, instantáneo y obtuvo un café, sin embargo, de muy buen sabor y un acaramelado aroma.
- Excelente café, muy bueno, ¿es de grano?
- Así es.

Mateo se disponía a hablar sobre el tema del bonsái roto cuando fue interrumpido.

- ¿Cómo lograste vivir así, rodeado de vegetación y plantas?
- Supongo que desde siempre, no me imagino una vida sin estar rodeado de esto.
- Me encanta lo que lograste hacer con todo esto, ¿no has pensado en trabajar para algún departamento de biología?, tienes especies de plantas muy exóticas aquí, y muchas muy bellas.
- Muchas gracias, pero no me interesa,- dijo Mateo mientras miraba hacia el fondo de su tosca taza- además, no soy muy bueno llevándome con más gente.
- Me parece una respuesta sensata, pero bueno, veré si te puedo ayudar en lo que sea.
- Gracias, pero no necesito mucha ayuda realmente,- el ser huraño de Mateo se deslizaban por su boca provocando un retraimiento en la actitud de Martina, y a la vez una sabrosa curiosidad.
- ¿Cuánto tiempo te tomo cultivar todo esto?,- preguntó Martina.

Su curiosidad se había encendido, era algo inevitable de su personalidad, adquirido y heredado de su padre. Encontraba siempre alguna manera de averiguar verdades, pero no estaba preparada para luchar contra la muralla defensiva de Mateo.

- Las de la esquina de la puerta me costó alrededor de dos años, las del fondo de la cocina seis meses.
- ¿Y el resto de las plantas, las más grandes y crecidas, las enredaderas que se nota que llevan más años... desde cuándo estaban?
La pregunta flotó en el aire y Mateo se negó a atraparla, sólo se quedo en silencio mirando el fondo de su taza y Martina, a quien la curiosidad se le había instaurado como un virus en la cabeza, sagazmente se dio cuenta que debía cambiar de tema.
- ¿Cómo te fue con el asunto del bonsái?,- dijo Martina cambiando el tema suavemente, sin dejar de sacar cálculos en su mente.
- Bastante bien, pero vas a tener que dejarlo aquí al menos dos semanas,- respondió Mateo mientras se rascaba la cabeza sopesando más o menos los datos del pequeño árbol.
- ¿No te molestaría si vengo la próxima semana para ver como esta?,- Martina tenía un enigma en la cabeza y estaba convencida de resolverlo.
- No tengo problemas, sólo golpea fuerte la puerta, muchas veces estoy en el patio.- Mateo estaba sorprendido con la gradual cortesía y afecto con que Martina lo trataba.
- Está bien, yo me retiro entonces.- Martina se puso de pie dejando la taza de café sobre la humilde mesa, seguido de Mateo que imitó su movimiento.
- Me encantó tu café por cierto, ¿qué marca es?,- preguntó Martina mientras salía de la casa, con Mateo abriéndole la puerta a jalones.
- No tiene marca,- dijo Mateo mientras terminaba de abrir la puerta.
- ¿Cómo no tiene marca?, ¿dónde lo compras?- se sorprendió Martina mientras buscaba en su bolso las llaves del auto en el otro lado de la puerta.
- Yo lo cultivo, por eso no tiene marca,- respondió inocentemente Mateo, y Martina levanto la vista y se quedo mirando los sinceros ojos de Mateo.
- ¿Cultivarlo?... pero el clima… y la cantidad, y el proceso.
- No es nada que no requiera un poco de esfuerzo adicional, como muchas cosas que se deben hacer en la vida- Mateo sonrió rascándose la cabeza.

Para Mateo el cultivo de plantas que son difíciles o que nadie cultivaría era una costumbre, el café era difícil, pero él lo había logrado, y claro, no era una gran cantidad, pero cosechaba lo suficiente para él y un poco más para visitas, lo cual era suficiente.

Esa frase insertó más electricidad en el cortocircuito mental que llevaba Martina en el cerebro respecto a Mateo. Eran demasiados datos para hacerse una sola imagen de Mateo, pero decidió que era suficiente por ese día, Martina estaba dispuesta a descubrir qué clase de persona era Mateo, demasiados enigmas en una sola persona.

Al cerrar la puerta, Mateo sintió que algo había pasado con Martina, pero no lograba identificarlo, era una atracción, pero no una atracción típica. Él sabía en alguna parte de su persona que Martina quería averiguar quién era, y él sabía que de alguna manera ella terminaría averiguándolo, pero bueno, daba igual. Recordar que tenía que destapar la pecera de Mo lo hizo olvidar sensaciones volátiles. Al destapar la pecera encontró a Mo durmiendo panza arriba, hastiado de moscas, Mo no pudo evitar despertar al escuchar a Mateo preguntar:

- ¿Qué haces Mo?
- Disfrutaba, hasta que llegaste tú,- dijo Mo mientras se volvía a poner en posición de rana.
- ¿Cómo te fue con la hembra?,- preguntó Mo bostezando, a la manera de una rana.
- Bien, y no es una hembra, se llama Martina y es hija de un buen amigo mío, así que me gustaría que hablaras con respeto sobre ella.
- ¿Respeto?, dime una cosa, ¿ustedes tienen algo en común con las arañas?- Preguntó Mo mientas movía sus ojos rojos en círculos.
- No que yo sepa, o sea, no sé a qué te refieres.
- Porque odiaría que cuando te aparees con ella te corte la cabeza y ponga sus huevos dentro de tu cuerpo, de ser así, sólo recordaría la parte en que me hablaste de “respeto”,- concluyó Mo.
- No me vengas a hablar de relaciones ejemplares, ustedes se suben a la espalda de la hembra, se aparean y se van, no hay una gran profundidad ni respeto envuelto,- respondió Mateo mientras lavaba las tazas en un muy prolijo pero humilde lavadero a un costado de Mo.
- Bueno, es amor basado en independencia y respeto,- afirmó Mo orgullosamente.
- ¿independencia?, dime, ¿qué sabes tú de tu padre?,- Mateo esbozó una sonrisa triunfal.
La pregunta obviamente hizo pensar rápidamente a Mo, ya que realmente no conocía a su padre.
-…era verde… ¿de ojos rojos?- dijo Mo bajando la voz.
- Entonces no sabes quién fue tu padre…- dijo Mateo, riendo.
-Hey, en nuestra especie todo lo que necesitamos es a nuestra mamá y nuestros cincuenta y ocho hermanos. Todos trabajamos duro para crecer grandes y fuertes.
-Pero tu mamá nunca tuvo una pareja estable,- dijo Mateo secando una taza, mirando hacia la pecera.
-Hey, nadie habla así de mi mamá, una más y te doy una paliza aquí mismo con mis patas mojadas.
- Está bien… está bien, entendí el mensaje, sólo decía, demonios, qué carácter, Mo.
-Es familiar, tuve que lidiar con cincuenta y siete hermanos más. Así fue como me hice la rana ruda que soy ahora, y quizá a ti te hubiera sido útil tener que alimentarte con alrededor de cuarenta hermanos mayores, matones y abusones, te faltó construir carácter- dijo Mo tranquilizándose,- menos mal que todo eso termino.
-¿No los extrañas?,- preguntó Mateo.
-¿A los matones? No, además la mayoría están en el estomago de algún ave de rapiña en este momento.

Mo saltaba alegremente, cuando al mirar por la ventana que da al patio trasero, quedo perplejo.  En un instante, dio un salto rápido hacia el hombro de Mateo y luego sobre su cabeza, donde se escondió en el cabello medianamente corto de Mateo.

-¿Qué sucede, Mo?,- dijo Mateo levantando la vista.
- ¡Vienen por mí! … ¡lo sé, lo presiento!, las aves me persiguen,- dijo Mo, asustadísimo.
-Pero, ¿qué sucede, Mo?, explícame.
-Mira aquel árbol, el que está directamente afuera de esta ventana.

Mateo giró su cabeza y observó en el árbol añoso que estaba afuera de su ventana, en la rama próxima a la ventana había un ave negra silenciosamente observadora, que lo miraba fijamente a los ojos. Mateo supo que no era un ave común, e inmediatamente su instinto se puso en alerta, porque algo estaba sucediendo.

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Créditos:

Historia original: Sebastián Leonardo