sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo 10


X

La mañana fue extraña, el padre Franco prácticamente no había logrado conciliar el sueño, cuando abrió los ojos sólo se quedo inmóvil mirando el fondo de la habitación en busca de alguna señal que le dijera que todo lo que había sucedido la noche anterior había sido un sueño, pero tal señal nunca llegó. Eran alrededor de las nueve y media de la mañana y Franco definitivamente no quería levantarse, no quería ser él, no quería representar su papel aquel día, pero era demasiado tarde.

Todo el mundo notó que estaba particularmente silencioso esa mañana, sólo se dedicó a hacer sus quehaceres sin hablar demasiado. Una parte de él se estaba dando por vencido, creía estar enloqueciendo. Aquellas figuras serpenteantes, blancas y brillantes, que se aparecieron a medida que caminaba, le quitaban lugares en su pensamiento.

Luego, el recordar la definición de Aníbal sobre los druidas lo hizo inquietarse mucho más al darse cuenta que su rol como sacerdote era realmente o debería ser la herencia ancestral de ser el intermediario entre su Dios y sus feligreses. El que esa labor lo acercaba mucho y creara una analogía perfecta para lo que originalmente debería ser un druida, lo perturbaba mucho mas. Sentía que, sin darse cuenta, alguien había encendido una luz que siempre estuvo ahí pero para la cual nadie había encontrado el switch para encenderla. Y en esa luz sentía que técnicamente él también era un druida, pero cuya orden era cristiana, esto le producía una contradicción que le hacía sentir que su fe estaba sucia, y siempre la estuvo, era una crisis distinta a lo de creer o no creer, esta vez se preguntaba si debía creer de la manera en la que se suponía que debía creer.
La tarde pasó tranquila, a pesar de todo, las antiguas dudas y miedos acerca de Aníbal se habían ido, pero aún así las antiguas preguntas dejaron paso a nuevas interrogantes que, aunque molestaban menos, eran igual de intensas. Esa tarde se dedicó a ordenar el papeleo de la iglesia para olvidarse un poco de las dudas, pero aún así ya tenía decidido ir a visitar a Aníbal una vez más.

La noche llegó muy rápido, Franco ya se había vestido con su atuendo de sacerdote, de pantalón de vestir, camisa negra y alzacuellos, y su abrigo favorito para las noches heladas y ventiladas de Valparaíso.
Esta vez, Franco caminaba con una enorme ansiedad a las 11:50 de la noche rumbo a la casa de Aníbal. Decididamente, la situación sería mucho más compleja.

Al llegar a la vieja puerta, golpeó fuertemente, suponiendo que Aníbal estaba en algún ritual en el patio trasero y no le escucharía. Contra toda suposición, la puerta se comenzó a abrir a jalones, como de costumbre, casi inmediatamente. Al terminar de abrir, la primera imagen que vio Franco fue la de un sonriente Aníbal que, con una mano, le indicaba que pasara.

Al entrar como era de costumbre, Franco saludó cordialmente a Aníbal con un apretón de manos. La escena no era paranormal ni extraordinaria como esperaba Franco, la casa estaba casi totalmente oscura de no ser por la luz de la luna y algunas velas encendidas en ciertas partes claves y seguras de la casa.

-Algo me sucedió anoche, mientras caminaba de regreso a la iglesia - dijo Franco con una mirada sincera.
-¿Algo como lo que vio aquí?- preguntó Aníbal.
-No lo sé, algo extraño,- la mirada de Franco se volvió desesperada,- normalmente acudiría a mi fe en casos como estos, pero le confieso, todo esto me está comenzando a dañar la cabeza.
Aníbal invitó a Franco a tomar asiento en una rústica caja de verduras improvisada como silla.
-Anoche vi que desde las partes oscuras sobresalían lentamente ciertas cosas, como líneas blancas tenuemente brillantes - Franco no alcanzo a terminar la frase, cuando notó que Aníbal mostraba preocupación en su rostro.
-Estas líneas ¿eran blancas y ondulantes? - pregunto Aníbal.

La pregunta alivió inmediatamente a Franco, quien inmediatamente borró la posibilidad de locura de su cabeza, que aunque estuvo poco tiempo en su cabeza, había sido una sensación muy molesta.

-¡Sí!- contestó Franco, emocionado.
-Es un tema complejo, Franco, un poco largo y difícil de entender,- advirtió Aníbal.
-¿Es algún tipo de enfermedad?, ¿o algo así? - preguntó Franco inmediatamente.

Aníbal mostro una leve sonrisa, pero su rostro volvió a la seriedad iluminada por las luces de las velas.

-No, Franco, se trata de la apertura de su mente,- respondió Aníbal.
-¿Abrir la mente, como aceptar nuevas ideas y todo eso?- preguntó Franco, que no entendía nada.
-No, es más un término casi biológico y mental - dijo Aníbal, quien trataba de hilar una manera de explicarle un término complejo de manera rápida y concisa a Franco,- ¿cómo sabe que el color rojo es rojo?, ¿cómo puedes saber que el rojo que ves es el mismo rojo que veo yo? - Aníbal preguntó, dejando un lapso para respuestas.
-Entiendo lo que trata de explicar con eso, la subjetividad de la experiencia de las sensaciones-Franco no pudo responder concretamente.
-Algo así, pero netamente, es para explicarte que lo que percibe por los ojos es simplemente un proceso y flujo de datos que hace tu cerebro, es tu mente la que decide etiquetar y mostrarte el color rojo como le parece, y es por eso que el color rojo que veo yo puede diferir mucho del color rojo que puedes ver tú, si es que se encontrara una manera de compararlo.
-Aníbal, siempre me llevas a una idea compleja cuando quiero que me expliques algo simple. ¿Qué cosa eran las líneas blancas? - contestó Franco con decisión.
- Discúlpame si sientes que te doy demasiadas vueltas, pero para entender lo que las líneas blancas son, tienes que entender porqué las puedes ver.
-Bueno, explícame porqué mi cerebro me permite ver las líneas blancas y, por qué ahora, después de ver tu ritual, ¿tiene algo que ver con tu magia? -dijo Franco quien se reclinaba hacia atrás en el cajón de verduras que cumplía las funciones de silla.

Aníbal tomó asiento cerca de Franco en otro cajón de verduras y se rasco la cabeza mirando hacia la muralla, tratando de ordenar las ideas.

-Por lo que se sabe, es que cuando el cerebro tiene que procesar eventos que salen de sus propias leyes de realidad, tiene dos caminos, la ampliación o la locura.
-Entonces, ¿estoy loco? - dijo Franco.
-No, te equivocas, cuando tu cerebro procesó la información que vio cuando los arboles se movieron, lo que estaba acostumbrado a percibir como realidad, tu cerebro entro en un shock, luego del shock tu concepción del mundo logró ampliarse, por lo que tu cerebro técnicamente “desbloqueo” el poder ver los hilos blancos.
-Aníbal, si eso es explicarlo más sencillo, te estás esforzando muy poco,- dijo Franco con su normal tono irónico que relucía cada vez más cuando hablaba con Aníbal.
-El cerebro normalmente te protege de ver cosas demasiado complejas de tu realidad y las bloquea, porque no son parte de la realidad que creaste en tu cabeza, y ahora tu mente puede ver cosas que siempre han estado ahí pero antes no veías, porque tu cerebro superó el shock para poder ver algo más complejo.
-Aún es complejo Aníbal.
Aníbal se exaspero, respiro profundo y aun seguía rascándose la cabeza.
-Cuando los conquistadores llegaron a Norte América, los indígenas no podían ver los barcos en el horizonte, porque su mente les había bloqueado el proceso de esa información, porque no pertenecían a su realidad.
-Pero ellos no se volvieron locos cuando vieron a los conquistadores, ¿o sí?
-No, pero aún así, cuando vieron un jinete, creían que era un solo ente, y cuando un jinete desmontó, corrieron de miedo y pánico, porque el mundo como estaba establecido se les hizo añicos en sus mentes.
-Entonces, a ver si entiendo. Los humanos normales, llámese yo, o la señora que vive en la esquina podemos ver sólo el color rojo, metafóricamente hablando, porque nuestro cerebro bloquea la información respecto al color azul, por ejemplo- dijo Franco tratando de acertar en su suposición.
-Así es, Franco, excelente analogía - dijo Aníbal, - pero aún no puedes ver totalmente el color azul del mundo, recién estas empezando a poder ver un poco el rojo azulado.
-Pero todo tiene un comienzo.
-¿Qué pasaría si le dijera que desde la ventana nos observa un duende que probablemente hable más idiomas que tú y que lleva viviendo en esta calle por más tiempo que usted?- dijo Aníbal con una risita mientras mordía un pasto que llevaba en la mano.
-Te diría que deberías escribir cuentos para niños, porque los duendes no existen.
-¿Por qué no existen, porque no los has visto, o nadie los ha visto?, entonces ¿por qué existen en el folklore de tantas culturas distantes entre sí? O sea una cosa que ha quedado clara es que el hombre es incapaz de crear cosas desde su sola imaginación, aunque sean relatos, todo tiene una base de real aunque sea en sus fuentes más antiguas,- dijo Aníbal con su típica agudeza.
-Pero es que si fuera por eso, los dragones también existirían, existen en todas las culturas, chinas, aztecas, europeas, sudamericanas, pero no existe prueba física de la existencia de ellos,- arremetió duramente Franco de vuelta.
-No te recomiendo que te metas en el tema de los dragones por ahora Franco, es un tema larguísimo, pero sí, existieron y los druidas tenemos pruebas de ello.
-¿Y por qué no se las dan al público general, por qué negar el conocimiento?
-Porque estas cosas no se pueden enseñar, es como entregarle un libro escrito con tinta purpura, a alguien que solo puede ver el color rojo,- dijo Aníbal – además creo que fui claro respecto a cómo se debe conservar el balance del mundo hasta el final, esta información podría desequilibrar la balanza hacia un lado y eso es siempre malo, todo extremo es malo.
-Bueno, pero volviendo al tema, ahora que sé que puedo empezar a ver un poco en púrpura, ¿qué era esa cosa blanca? - preguntó Franco.
-Un bicho,- dijo Aníbal.
-¿Un insecto?
-No, la palabra bicho está mal ocupada en los insectos,- dijo Aníbal mientras se quitaba el pasto de la boca,-La palabra bicho es una palabra viejísima y que no tiene un origen claro, y estaba guiada a describir algo que no se conoce bien qué es,- dijo Aníbal mientras se volvía a comenzar a rascar la cabeza.
-Ya sé qué sucede cuando te rascas la cabeza, y sé que se viene otra explicación compleja,- dijo Franco ya un poco más relajado.
-Es verdad, es complejo,- dijo Aníbal- si trazáramos una línea donde en un extremo está la fuente de la vida, el origen de todo, y en el otro extremo de la línea ponemos al humano, como lo más distante de la vida, tendríamos que ubicar a cada especie según su lugar y cercanía con esta fuente.

Franco sólo asintió con la mirada, porque esto le costaba menos esfuerzo entenderlo.

-Inmediatamente después del humano deberíamos poner a los animales, y luego la vegetación, insectos, microbios, etcétera,- hablaba Aníbal mientras con sus manos dibujaba la línea imaginaria para el mejor entendimiento,- eso estaría cercano a nosotros, porque nosotros podemos verlos de manera natural, luego, a medio camino de la línea hacia la fuente, encontrarías a las especies autorenegadas, como los duendes, o gnomos o como se quieran llamar ellos mismos.
Franco se sobresalto en su rustica silla para interrumpir a Aníbal.
-¿De verdad los duendes existen?
-Así es, pero no son muy numerosos, y ellos de manera especial, pueden decidir hacerse visibles a los humanos, pero no lo hacen prácticamente nunca porque no les gusta ni los humanos ni los druidas, además que muchos dicen que se están desvaneciendo hacia la fuente.
-Interesantísimo, me gustaría ver un duende - dijo Franco.
-Cuando veas uno, trata de no asustarlo, pueden ser muy fastidiosos si se enojan,- dijo Aníbal que aún tenía las manos sosteniendo una línea imaginaria en el vacío,- luego de los duendes, vendrían los dragones.
- ¿Dragones? Esto se está volviendo demasiado fantástico.
-Sé que suena fantástico, pero los dragones desaparecieron también de manera voluntaria hace muchos, muchos años, nadie ha visto uno en siglos.
-Pero, ¿por qué estas especies tan raras deciden autoexiliarse, y exiliarse a dónde?
-Los dragones y duendes eran y son seres de una sabiduría mucho más profunda que cualquier druida, y para ambas razas la conclusión de todo su conocimiento, fue que la mejor manera de preservar el balance de la vida es tratar de no afectarlo, y para no afectarlo, ellos encontraron la manera de dispersarse como energía y vivir como niebla, o como aire, estar en la naturaleza, pero dejar de vivir en estos planos, dispersarse.
- ¿O sea que están muertos? - preguntó Franco.
-No, no se sabe realmente, pero muchos dicen que no. Pero los druidas y dragones siempre han sido grandes enemigos a nivel intelectual y físico, para los dragones el humano está fuera del balance de la vida.
-¿Cómo pueden ser enemigos de algo que no saben si existe o no?
-Existen historias gigantes de luchas contra dragones para que no eliminasen al humano,- dijo Aníbal que seguía todavía sin soltar de las manos su línea imaginaria.
-¿Y escupían fuego y volaban en esas historias? -preguntó Franco como un niño fascinado por un relato de aventuras.
-Al parecer sí, pero netamente podían utilizar las mismas habilidades de los druidas pero mucho más potentes,- dijo Aníbal mientras sacudía la cabeza para volver a su punto original. - En el punto más cercano a la fuente están los bichos, que son seres de muchos tamaños y formas, están conformados netamente de energía, carecen de inteligencia y tienden a ser parásitos emocionales.
-¿Parásitos emocionales? - preguntó Franco intrigado.
-Así es, los bichos, al ser de pura vida, tienden a buscar y acercarse a los planos y visiones de los humanos para parasitar alguna emoción o percepción de ellos.
-¿Y por qué algo así parasitaría emociones si esta a un paso de ser pura vida?- preguntó Franco.
-No se sabe a ciencia cierta, pero al parecer, como te decía, al estar compuestos de vida, carecen de emoción y la parasitan del humano.
-¿Y esto es muy común, al menos que los pueda ver yo? - dijo Franco.
-Que los puedas ver sí, es común entre los druidas, pero que aparezcan no es tanto,- dijo Aníbal.
-Pero, ¿qué podrían estar parasitando esas líneas blancas? - dijo Franco.
-Probablemente estaban tratando de parasitar susto o terror,- dijo Aníbal ya con las manos a los lados,- los fantasmas por lo general son bichos que adoptan formas que saben que al humano aterrorizan para poder sentir el terror de ellos.
-Pero ¿existen más de uno? - preguntó inocentemente Franco.
-Son muchos, nadie sabe cuántos, y algunos son muy peligrosos, pero al menos se sabe que no se reproducen ni son “contagiosos”, sólo pueden suceder.
-Pero si por ejemplo, a mí me atacara un bicho, ¿se puede quitar? - preguntó Franco.
-Totalmente, los druidas nos dedicamos a estudiarlos dentro de lo que se pueda y aparezcan, realmente no se sabe mucho sobre qué los mueve y qué los hace aparecer o desaparecer entre los planos de visión,- dijo Aníbal,- por ejemplo ,existe un bicho muy común que se llama cancutro, que es un pequeño ente imperceptible que se mete en el oído izquierdo de su víctima y parasita el deleite del sonido, realmente no es nada muy alarmante su presencia, pero puedes padecer mucho frio en un sólo oído, o dejar de escuchar en ese oído por instantes.
-¿Y cómo lo quitas, con alguna especie de cirugía?

Aníbal soltó una carcajada muy sutil.

-No, sólo debes meter un par de gotas de té normal por el oído, y el bicho se irá porque no le gusta el sabor del té.
-Vaya, es bastante simple, pero supongo que esa simpleza puede ser una causa para la complejidad,- dijo Franco, bastante complicado tratando de entender el tema.
-En todo caso, como te digo, es raro encontrarse con bichos en grandes cantidades, es más probable que tú entres al lugar donde un bicho habita y que te ataque allí.
-¿Cuál es el bicho más peligroso que conoces?
-Hay de todo, aunque no conozco alguno que quite la vida, he escuchado de bichos que parasitan los recuerdos de una persona al punto que pueden prácticamente borrarte días y semanas de tu memoria,- dijo Aníbal, quien volvía a masticar su varilla de pasto.
-Entonces el bicho que vi anoche, ¿tendría algo que ver con el terror que sentía yo, o el terror que sentí? - preguntó Franco.
-Muy buena pregunta, es verdad, es raro que un bicho aparezca así como así, probablemente debe haber sido por el terror, o puede ser la confusión, la respuesta a eso no me atormenta,- pensaba Aníbal en voz alta, -lo que me atormenta es el porqué están apareciendo en la ciudad, eso es totalmente anti natural para un bicho, no les gusta el ruido, ni el cemento. Algo está pasando,- dijo Aníbal, mientras se ponía de pie mirando la ventana,- creo que algo va a suceder amigo mío, algo pronto va a suceder en esta ciudad, y espero que estés listo para ese día.
-¿De qué hablas?
-Puede que en poco tiempo o en mucho tiempo áun, vengan más druidas, y sus intenciones no serán buenas.
-¿Vienen tras de ti, Aníbal?- preguntó Franco.
-No, a ellos probablemente no les importe mi presencia, yo vine a tratar de salvarlos, porque al menos mi intuición y conocimiento me dicen que querrán partir por esta ciudad.
-¿Partir con qué?
-Una idea a la que siempre estuve opuesto y por la cual me autoexilié.
-¿Una matanza?, -la cara de Franco se veía aterrada.
-No, pero quizás algo peor.

1 comentario:

Sebastardo dijo...

Pedimos disculpas por la informalidad y falta de puntualidad de este capítulo, pero tuvimos dificultades tecnicas llamadas navidad.

No se preocupen, las superamos.

Pd: feliz navidad para el que lea.

Publicar un comentario

Créditos:

Historia original: Sebastián Leonardo