lunes, 11 de enero de 2010

Capítulo 13

XIII

Un par de días habían pasado con relativa calma por la vida de Mateo, a pesar de que su rutina había sido alterada definitivamente con la llegada de Vilú eso sin contar con la presencia de Mo. Vilú ya se sentía mas cómodo en su nueva vida, más urbanizada que la anterior, no le costó para nada insertarse en la rutina del cultivo de las plantas, conocía muchas de las que había allí y a través de su empatía druida podía percibir muy bien la manera de cultivarlas sanas y frondosas.

En cierta manera Mateo necesitaba un compañero para repartirse las tareas, ahora que contaba con más tiempo para sí mismo, dedicaba tiempo para pasear por el barrio, aprovechaba para visitar a Franco quien lo recibía siempre con una sonrisa y una grata conversación y discusiones terminológicas. Mateo siempre se mantuvo agnóstico por razones obvias, su capacidad de ver cosas en este plano que poca gente podía ver. A pesar de eso, durante mucho tiempo Franco trató de convertirlo al catolicismo, pero Mateo se negó, no porque lo encontrara malo, netamente porque le era imposible creer en ese Dios sabiendo que había muchas otras cosas más en el universo que él podía ver.

Esa tarde todo era tranquilo y como de costumbre, el silencio viajaba a través de la calle sin que nadie lo interrumpiera, todo era paz; sólo el calor exageradamente fuerte caía desde un sol implacable. Vilú y Mateo disfrutaban de lo poco de brisa que había en el patio de la casa.

-Este calor no es normal - comentaba Mateo - he vivido aquí toda mi vida y este calor, sé que no es normal - dijo mientras se limpiaba el sudor de la frente tendido a los pies del castaño de la entrada a la casa.
-No puedo decirte nada, todo esto para mí aún es novedad; para mí que soy del sur, sentir calor es casi una bendición - respondió Vilú que se secaba el sudor de la frente y tomaba un vaso de agua.

Desde el horizonte una fuerte y grande cortina de humo se comenzó a levantar, al rato el humo había tapado el sol totalmente, haciendo que todo se viera color anaranjado.

-Un incendio forestal - dijo Mateo.
-Es normal con este calor - respondió Vilú.
-¿No deberías hacer algo?, digo, eres druida y se supone que proteges la naturaleza y todo eso - preguntó Mateo quien tomaba agua de una botellita previamente llenada.
-No soy un protector de la naturaleza per se, soy un comunicador y nexo de ella; además los incendios forestales se pueden producir por sí solos con o sin humanos en el planeta – contestó Vilú relajadamente – es más, los incendios son parte de ciclos para los bosques, de muerte y renovación.
-Pero aquí hay muchos incendios provocados por el humano, directa e indirectamente - dijo Mateo.
-Aún así es difícil hacer algo, no soy lo suficientemente fuerte como para poder controlar el fuego - dijo Vilú.
-¿El fuego es difícil de controlar? - pregunto Mateo, interesado.
-Mucho, el fuego es pura energía, por lo tanto se requiere una gran cantidad de la misma para poder controlarlo.

La conversación se vio interrumpida con el sonido de la puerta siendo golpeaba agitadamente a lo que Mateo se levantó inmediatamente para poder abrirla a los jalones como era de costumbre.

Martina Marpas apareció detrás de la puerta con una sonrisa y con lentes de sol, en su mano sostenía las llaves del auto que estaba justo afuera de la casa.

-Mateo, vengo a molestarte con lo del bonsái - dijo Martina con su voz amable.
-Ah sí, aquí lo tengo, adelante, - dijo Mateo invitando a pasar a Martina.
-No puedo quedarme mucho, tengo que ir al lugar del incendio, necesito sacar fotografías para el proyecto anual de un ramo de análisis de impacto medio ambiental.

Mateo recogió un bonsái en pleno proceso de brote, las ramas quebradas se habían soldado casi totalmente y el bonsái relucía un nuevo macetero un poco más espacioso.
Martina estaba por despedirse cuando de la nada apareció en escena el zorro chilote moviendo la cola, con la lengua afuera y las orejas atrás. Martina quedo impactada con tal desplante de cariño y no pudo evitar ser tocada en el corazón con la ternura prefabricada de Vilú.

-¿Y quién es esta belleza? - dijo Martina haciéndole cariño en la cabeza.
- Es el perro de un amigo - contestó Mateo con una obvia cara de incomodidad.
- Parece una raza muy rara, ¿cuál es?- preguntó Martina mirando a Mateo.

Mateo después de unos segundos de pensarlo dijo:

-Retriever Snauser.
-Es muy lindo y tierno - replicó Martina.
-Es todo un amor,- dijo Mateo mientras asomaba una sonrisa irónica por su boca,- ¿tienes que ir a fotografiar las zonas del incendio? - preguntó Mateo cambiando el tema.
-Netamente a las zonas ya quemadas, las que aún arden están cerradas, ¿te gustaría ir conmigo? - preguntó Martina amablemente.
Antes de que Mateo emitiera su clásico “no”, Martina sacó de su bolso una bolsita de tela roja y se la extendió a Mateo.
-Se me había olvidado, te quería dar esto, son semillas raras que he coleccionado por ahí, creo que tu podrás darle mejor uso que yo.
La imagen de Martina entregándole las semillas se le repitió como un flash en la memoria a Mateo, en conjunto con la imagen del sueño que tenía almacenada en la memoria aún fresca. Todo le pareció extraño pero de una manera rara, lógico.
-Iré contigo, deja que cierre la puerta de la cocina - Mateo dijo esto mientras corría al fondo de la casa a cerrar la puerta que daba al patio.
Al pasar junto a la pecera de Mo escuchó una frase que lo congeló por una milésima de segundo.
-Ten cuidado hacia dónde vas Mateo - dijo la rana.

Mateo sabía que en esa circunstancia no podía establecer una mesa de discusión con una rana, así que decidió mejor actuar como si no la escuchara y pasar hacia el fondo.

Cuando salía, se dio cuenta que no podía avanzar porque Vilú le estaba mordiendo el pantalón en las pantorrillas. Sabía lo que quería decir Vilú con esto.

-¿Puedo llevar el perro?- preguntó Mateo, - es que si lo dejo solo se puede escapar.

Martina lo pensó por un instante, pero al ver la cara de tierno del perro-zorro no pudo evitar decir que sí.

Mateo dejó la puerta bien cerrada y Martina encendió su auto, un típico citycar compacto color blanco de cuatro puertas; Mateo se sentó en el asiento del copiloto y Vilú tomó los asientos traseros.

El camino no fue muy largo, solo media hora de viaje en auto y desde la ventanilla trasera se asomaba la cabeza de Vilú como zorro, con la lengua al aire y las orejas al viento. Por su parte Martina cantaba muy animada y contenta la música que salía por la radio, lo cual ciertamente no era del todo agradable para la gente que la rodeaba, la verdad es que el canto no era su don. Aún así la mente de Mateo estaba demasiado ocupada tratando de resolver el acertijo que se le había presentado en el sueño, y con todo, estos ecos de situaciones no se interpusieron para que disfrutase el viaje.

Todos notaron la cercanía del incendio con el humo que se hacía presente y el profundo olor a madera quemada que se deja percibir fácilmente. Tomaron unos cuantos senderos alternativos de tierra hasta que llegaron a un camino que estaba atiborrado de carros bombas y cisternas a la orilla.

Eligieron un buen lugar para estacionarse, a la sombra de un eucalipto que se alzaba triunfante por haber sobrevivido al incendio, se internaron unos metros a campo traviesa hasta que, luego escalaron una pequeña colina y observaron cómo en la cima el paisaje mutaba impresionantemente. Se dejaba ver lo que hace poco era un bosque, total y completamente quemado, el suelo era negro con manchones cafés, y sólo se levantaban restos de troncos completamente carbonizados por doquier como marcas para recordar que ahí alguna vez se alzó un bosque majestuoso.

Los tres viajeros no pudieron evitar quedar sin aliento a ver tal sendero de destrucción, el fuego ciertamente ya no estaba ahí, pero su paso había sido cruel e implacable. El descenso de la colina fue lento y pensativo, nadie quería decir mucho, sólo se atenían a observar y Martina sacaba fotos implacablemente de todo lo que podría servirle.

Mateo se quedó de pie, mirando el escenario, totalmente paralizado, cualquier cosa que hubiera pensado antes sobre un incendio forestal había sido totalmente derrotada por la realidad. Vilú se paseaba aletargado también, imaginándose lo que había sido este bosque y qué habrá pasado con todo el ecosistema que contenía.

De pronto, al fondo de la vista de Mateo, pudo distinguir una figura familiar; era una forma felina que lo miraba desde muy lejos, Mateo sabía que lo había visto en su sueño.

-Vuelvo en seguida, - dijo Mateo caminando rápidamente en dirección a la extraña figura, sin dejar espacio para alguna respuesta de Martina que sólo lo vio marcharse con Vilú tras de él.

Cuando Mateo estaba cerca del felino, éste se movió, como instándole a seguirla. La curiosidad de Mateo estaba totalmente encendida, mientras más se acercaba podía distinguir su figura, era un felino ciertamente, pero de tamaño medio, no era grande como un león pero tampoco era pequeño como gato, mostraba un pelaje moteado que casi no se podía distinguir entre los destellos que desprendía su contorno.
-¿Dónde vas? - preguntó Vilú- pareciera que buscas algo.

-Hace un par de noches tuve un sueño, que una figura felina se me presentaba, muchas cosas hoy se han dado muy parecidas a lo que soñé y acabo de distinguir la figura felina entre los restos del bosque.
-Espera, ¿sueño?,- Vilú se alarmó muy de golpe- ¿una figura felina?... Detente Mateo.

Mateo se detuvo pero ya estaban en un claro de lo que quedaba del bosque, en cuyo centro estaba majestuosa esa forma felina observando sagazmente.
La escena se detuvo por un instante, Mateo pudo recordar de pronto cómo terminaba el sueño, lo cual lo aterró muy rápidamente. El felino se acerco paso a paso, muy lentamente y mostrando mucha seguridad.

-Eres Mateo, ¿no? - de pronto habló el felino.
-¿Quién quiere saberlo?- respondió Mateo.
-Sólo contesta - dijo el felino agazapándose sobre sus patas delanteras.
-Idiota, nos trajiste a una trampa - gritó Vilú.
-¿Cómo puede ser esto una trampa, si lo soñé?- preguntó Mateo totalmente convencido.
-Los druidas pueden manipular los sueños, bueno, no todos, pero algunos pueden predecir el futuro o tener visiones o algo así, no recuerdo bien… la cuestión es que pueden aparecer en los sueños de otras personas a voluntad, y mezclado con el futuro, ahí tienes una trampa muy común entre los druidas.
-Yo no sabía - dijo Mateo.

En ese momento el felino se lanzó sobre Mateo pero antes de llegar sobre su víctima, fue interceptado por el zorro que se lanzó sobre él, botándolo de costado, la situación se había vuelto rápidamente peligrosa.

El felino de inmediato se puso de pie y se lanzó sobre el zorro, el cual se lanzó hacia atrás pero sin lograr evitar ser arañado en el pecho.

-Un brujo, esto no lo tenía contemplado - dijo el felino.
-Es un ocelote, Mateo, haz algo - gritó Vilú mientras se retraía.
Mateo estaba en estado de shock, no sabía qué hacer.
-Sé que tienes un vínculo con Aníbal,- dijo el felino mientras se acercaba hacia Mateo - quiero verlo.

Mateo se concentró, se paró sobre sus pies y comenzó a reunir todo lo que podía para defenderse pero extrañamente no pudo hacer nada.

-Idiota, ¿qué raíces vas a mover en un bosque muerto?- gritó Vilú que se abalanzaba nuevamente sobre el ocelote.

Mateo estaba inmóvil, paralizado en su mente sin poder solucionar el problema de qué hacer en una situación así. Era verdad, no era un druida, no había sido entrenado formalmente como tal, solo sabía improvisar. Mientras, el zorro peleaba con el ocelote como podía, el ocelote era un felino demasiado ágil aún para la gran rapidez del zorro, pero éste tampoco quedaba atrás. Usaba todo lo que tenia para luchar, se sentó calmadamente y espero el ataque del felino, que se lanzó corriendo con todas sus fuerzas, con garras y dientes sobre el zorro, y éste en el último momento se hizo a un lado y dejo ver que tras de él escondía los restos de un tronco, donde el ocelote atasco sus garras por un buen momento.

Vilú aprovecho esos segundos para transformarse en humano y coger un palo del suelo, corriendo sobre el ocelote, pero este se liberó en último momento y forzando su propia velocidad se lanzó sobre el humano que no alcanzó a asestarle el golpe. En ese instante, Vilú se transformó en cormorán para tratar de hacerse un espacio volando, aún le quedaban cartas bajo la manga, pero debía saber usarlas, sentía que este no era un druida común y ordinario, era algo con lo que no estaba acostumbrado a luchar.

Ya en los cielos, el brujo debía plantear una estrategia rápida, sabía que no podía dejar a Mateo solo con el felino, entonces se transformo y dividió en alrededor de diez pájaros distintos que atacaron desde el cielo como una bandada, era un ataque fuerte y muy eficaz.

El felino sólo vio que le rodeaban y picaban pequeños pájaros que eran muy rápidos, y reaccionaban demasiado bien a sus zarpazos. El ocelote peleaba como podía contra las aves, cuando en su mente se dio cuenta que esto podía ser una estratagema, y al mirar hacia el cielo, vio la silueta de un hombre cayendo con un bastón de madera listo a asestar un gran golpe.

El druida sorprendido logró hacerse a un lado, y el golpe sacudió la tierra y las cenizas del lugar.

-Mateo, ¡reacciona!, no podré hacer esto sin ti. – gritó Vilú.

Mateo en su interior comenzó a escuchar voces, voces de su pasado, sabía que había algo que le sería útil, algo que recordar.

-Me trajiste a un suelo estéril a combatir - dijo Mateo de pronto- pero lo que no sabes es que Aníbal era un druida de tierra.

Mateo comenzó a hacer un agujero en la tierra, primero con el pie y luego, cuando había despejado las cenizas, levantó la mano derecha, se concentró y cerró los ojos. Con todas sus fuerzas enterró su brazo hasta la altura del codo, sintió el calor de la tierra y la muerte que trajo el fuego.

Con los ojos cerrados comenzó a concentrarse, la tierra comenzó a temblar levemente. Por su parte, Vilú aún trataba de zafarse de la presión del ocelote, que ahora estaba cerrado en atacar a Mateo, sentía que podía ir algo mal.

En el último instante, Vilú se interpuso en su forma de zorro, como escudo frente a Mateo, sabía que fuese lo que fuera que hacía Mateo, estaba en una posición vulnerable. El ocelote se detuvo un instante, estaba midiendo la jugada y sabía qué hacer. Sin aviso alguno se lanzó en carrera contra el brujo, sentía que debía eliminar la guardia para poder acceder a su víctima principal.

Dio un salto fuerte hacia el zorro, pero en el momento que debería haber caído sobre su presa, un gran golpe lo levantó desde el suelo, era una mano gigante hecha de tierra, de unos tres metros. El druida quedó choqueado por el primer impacto. La mano era la mano de Mateo, pero creada de tierra, y mucho más grande; podía desplazarse por la tierra como si esta fuera hielo. Vilú quedó estupefacto, era algo que nunca antes había visto, pero no se dio el tiempo para paralizarse, rápidamente fue corriendo hacia el felino que aún estaba aturdido, pero éste no se dejaría vencer tan rápidamente, y esquivó con presteza la mordida del zorro, sin embargo, cuando trató de contraatacar, nuevamente la mano gigante apareció protegiendo a Vilú.

Esto se había vuelto en contra del druida ocelote, la mano crecía y se movía más rápidamente a medida que Mateo se concentraba. Entonces el felino supo que debía atacar a Mateo directamente para romper su concentración, fue corriendo hacia el joven que tenia medio brazo enterrado. Al tratar de llegar a su presa, se dio cuenta que era una trampa, y se vio rodeado rápidamente por cinco grandes dedos de tierra que se levantaban alrededor simulando una jaula, y sin darse cuenta estaba en la palma de la mano gigante, Vilú subía por la mano de tierra rápidamente en un formidable trabajo en equipo para asestarle el golpe de gracia.

-Definitivamente tienes la línea de Aníbal,- dijo la voz felina muy decidida – pero no vine hasta acá para ser derrotada tan fácilmente.

El ocelote cerró los ojos y en un instante todo alrededor de ellos se volvió verde oscuro con destellos blancos, y se escucharon miles de voces y gritos.

-Estas son las voces de los ancestros de estas tierras, y los ancestros animales y los ancestros de los arboles, escuchen su llanto…

Mateo perdió totalmente la concentración, sacando su brazo de la tierra para taparse los oídos que no podían dejar de escuchar el fuerte ruido que se hacía alrededor. Vilú se había transformado en humano sólo para hacer lo mismo, el ruido era ensordecedor.

-Volveremos a vernos, joven Mateo, porque tú me buscaras a mí – dijo el ocelote.
-¡Qué crees que yo pueda necesitar de ti?- gritó Mateo- tú quieres matarme.
-Te equivocas, sólo quería probarte - dijo el felino que sonaba a esas alturas dentro de la mente de Mateo y Vilú. - Yo sé quién mató a Aníbal.
-¿Quién?, ¡dime!- gritó Mateo.
Pero en el instante que lo dijo, todo había vuelto a la normalidad. Mateo tenía lágrimas en los ojos, de rabia y pena mezclada. Al abrir los ojos, no había rastros del ocelote, solo estaban él y Vilú, mirándose fijamente.
-Eso no es un druida común y corriente - dijo Vilú mientras se ponía de pie.

Mateo permaneció en silencio, muchas cosas pasaron por su cabeza, y aún estaban pasando cuando su taciturna reflexión fue rota por el medio cuando en el fondo de la escena pudo distinguir a Martina, parada estupefacta con los ojos llorosos que solamente dijo.

-¡Qué eres? - entre gritos y sollozos.

1 comentario:

Hely dijo...

Oh oh! La nena quiere respuestas. :( Pensé que Aníbal estaba vivo. Nooo!

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Créditos:

Historia original: Sebastián Leonardo