jueves, 3 de diciembre de 2009

Capítulo 5


V

Abrir la puerta era algo medianamente anormal, ya que se debía hacer con cuidado, sumando que la madera había hecho que la puerta se apretara contra el suelo, entonces se tenía que aplicar fuerza para poder abrirla en las partes en que se trancaba. Pero aquella tarde con tintura de noche, Mateo logro abrirla con la misma mecánica que ya había adoptado, y el rostro de Martina Marpas y un suave “hola” le chocaron de golpe. Ella se veía un poco más amable de lo normal, al menos el “normal” de Mateo, este hecho le perturbaba porque no sabía si estaba siendo amable genuinamente con él, o sólo se mostraba interesada por la habilidad con los bonsáis de Mateo. Aun así Mateo saludó cortésmente y con un automático gesto para que pasara dentro de la casa.

-No tengo que ser una rana genio para darme cuenta que ella tiene problemas…- desde el fondo de la pequeña sala se escucho el croar de Mo que se aventuraba a sacar conclusiones apresuradas.

Mateo miró hacia donde estaba Mo, pensando que Martina lo había escuchado también, pero no; ella paso sutilmente y en cierta manera Mateo se dio cuenta que Mo podía tener razón, sentía instintivamente un dejo de fragilidad en ella.

-¿Quieres algo?, ¿un té, café, algo por el estilo?,- preguntó Mateo.
-Una danza de cortejo…- Desde el fondo grito Mo intransigentemente.

Mateo nuevamente distrajo su vista, la situación se volvía tensa sin siquiera comenzar. Ella miró a Mateo y su mente divagó entre praderas de prejuicios pero finalmente decidió aceptar el ofrecimiento, aunque no sabía si lo hacía porque efectivamente lo quería o simplemente no quería ser grosera con su humilde anfitrión.

-Un café estaría bien para mí,- dijo Martina.
-Pues… toma asiento, y dame siete minutos y lo traigo.

Mateo caminó hacia el fondo de la sala, donde una separación muy pequeña hacía notar que estabas en lo que correspondía a la cocina y a pesar de la humildad, Mateo no sufría de una cocina pequeña, tenía de todo lo que un cocinero podría requerir, claro que la mayoría de las herramientas eran fabricadas e improvisadas por el mismo. Sacó de un pequeño frasco de plástico que alguna vez albergó cereales, un puñado de café en grano y lo metió en una pequeña máquina hecha con piezas de otras diversas máquinas en desuso y comenzó a moler el grano, que salía por la parte inferior del artefacto, así reunía suficiente café en grano molido que arrojaba sobre un recipiente de plástico preparado expresamente para el proceso.

-Vaya, ella debe ser la hembra más fértil del lugar, porque veo que le pones demasiadas ganas al café,- increpó Mo desde una piedra en su pecera, que estaba en un rincón de la cocina.
- No lo hago con ánimo de reproducirme Mo, es un gesto de gentileza, nada más,- dijo Mateo cuando revisaba con una lupa el grano molido buscando imperfecciones.
- ¿Perdón?, no puedo escucharte desde acá,- se hizo escuchar Martina que se había puesto de pie para observar de cerca la extraña pero atractiva disposición de las plantas en toda la casa.
- No, nada, sólo sacaba cálculos mentales en voz alta.
- Yo creo que ella te gusta, Mateo, pero está bien por mí, puedo ayudarte si quieres, ayudé a muchos amigos a cortejar en el amazonas, ¿sabías?
- No voy a cortejar a la hija de uno de mis benefactores, Mo, entiéndelo,- replicó Mateo con tono duro, pero al terminar miró hacia el fondo donde estaba Martina ,quien no se había percatado de la conversación mientras observaba y tocaba una planta muy bella que caía por el contorno de la sala y se preparaba para lanzar una flor al mundo en un botón muy bello color carmín.
-¡Cortejo!, ¡cortejo!, !cortejo!,- Mo saltaba en su roca húmeda embravecido por sus propias ideas, pero un instante después se detuvo observando a Mateo diciendo:
- No tienes colores muy vivos para cortejarla, pero podrías pintarte verde, y hacer algo con los ojos, ¡no!, amarillo, ¡píntate de amarillo y es tuya!- Mo saltaba emocionado por su propio plan,- luego le bailas, saltas alrededor de ella de esta manera, sutilmente, y si ella sique aquí es porque te aceptó, entonces cuando no se dé cuenta te subes a su espalda, y listo.

Mateo tomó el termo con agua caliente y agregó el agua al café molido mientras tapaba la pecera de vidrio de Mo con una tabla para matar moscas que tenía por allí.

- ¿Esto significa que no te pintarás?, aún así puedes saltar, puede resultar, ¡una mosca, sí!,- inmediatamente se distrajo Mo devorándose un par de cadáveres de moscas, pero volvió en un instante al borde de la pecera, donde Mateo acercó su rostro mientras sostenía dos tazas de café perfectamente hecho. Mo movía sus ojos rojos con cierto compás, Mateo entendió en seguida que decían “cor - te - jo”.

Al llegar a la mesa Mateo tuvo que inmediatamente fabricar una excusa.

- Lo siento, pero se me acabo el azúcar, apenas pueda debo comprar.
- No importa, yo tengo en mi bolso,- la respuesta de Martina sacudió los cimientos de Mateo, -es que suelo guardar estas bolsitas de azúcar de las tiendas, creo que no se deberían desperdiciar, nada se debería desperdiciar de este planeta.
La curiosa solución de Martina había esbozado una sincerísima sonrisa en la cara de Mateo, la cual Martina acepto con aprecio. Al probar el sabor del café, Martina quedo perpleja, ella esperaba un café de mala muerte, instantáneo y obtuvo un café, sin embargo, de muy buen sabor y un acaramelado aroma.
- Excelente café, muy bueno, ¿es de grano?
- Así es.

Mateo se disponía a hablar sobre el tema del bonsái roto cuando fue interrumpido.

- ¿Cómo lograste vivir así, rodeado de vegetación y plantas?
- Supongo que desde siempre, no me imagino una vida sin estar rodeado de esto.
- Me encanta lo que lograste hacer con todo esto, ¿no has pensado en trabajar para algún departamento de biología?, tienes especies de plantas muy exóticas aquí, y muchas muy bellas.
- Muchas gracias, pero no me interesa,- dijo Mateo mientras miraba hacia el fondo de su tosca taza- además, no soy muy bueno llevándome con más gente.
- Me parece una respuesta sensata, pero bueno, veré si te puedo ayudar en lo que sea.
- Gracias, pero no necesito mucha ayuda realmente,- el ser huraño de Mateo se deslizaban por su boca provocando un retraimiento en la actitud de Martina, y a la vez una sabrosa curiosidad.
- ¿Cuánto tiempo te tomo cultivar todo esto?,- preguntó Martina.

Su curiosidad se había encendido, era algo inevitable de su personalidad, adquirido y heredado de su padre. Encontraba siempre alguna manera de averiguar verdades, pero no estaba preparada para luchar contra la muralla defensiva de Mateo.

- Las de la esquina de la puerta me costó alrededor de dos años, las del fondo de la cocina seis meses.
- ¿Y el resto de las plantas, las más grandes y crecidas, las enredaderas que se nota que llevan más años... desde cuándo estaban?
La pregunta flotó en el aire y Mateo se negó a atraparla, sólo se quedo en silencio mirando el fondo de su taza y Martina, a quien la curiosidad se le había instaurado como un virus en la cabeza, sagazmente se dio cuenta que debía cambiar de tema.
- ¿Cómo te fue con el asunto del bonsái?,- dijo Martina cambiando el tema suavemente, sin dejar de sacar cálculos en su mente.
- Bastante bien, pero vas a tener que dejarlo aquí al menos dos semanas,- respondió Mateo mientras se rascaba la cabeza sopesando más o menos los datos del pequeño árbol.
- ¿No te molestaría si vengo la próxima semana para ver como esta?,- Martina tenía un enigma en la cabeza y estaba convencida de resolverlo.
- No tengo problemas, sólo golpea fuerte la puerta, muchas veces estoy en el patio.- Mateo estaba sorprendido con la gradual cortesía y afecto con que Martina lo trataba.
- Está bien, yo me retiro entonces.- Martina se puso de pie dejando la taza de café sobre la humilde mesa, seguido de Mateo que imitó su movimiento.
- Me encantó tu café por cierto, ¿qué marca es?,- preguntó Martina mientras salía de la casa, con Mateo abriéndole la puerta a jalones.
- No tiene marca,- dijo Mateo mientras terminaba de abrir la puerta.
- ¿Cómo no tiene marca?, ¿dónde lo compras?- se sorprendió Martina mientras buscaba en su bolso las llaves del auto en el otro lado de la puerta.
- Yo lo cultivo, por eso no tiene marca,- respondió inocentemente Mateo, y Martina levanto la vista y se quedo mirando los sinceros ojos de Mateo.
- ¿Cultivarlo?... pero el clima… y la cantidad, y el proceso.
- No es nada que no requiera un poco de esfuerzo adicional, como muchas cosas que se deben hacer en la vida- Mateo sonrió rascándose la cabeza.

Para Mateo el cultivo de plantas que son difíciles o que nadie cultivaría era una costumbre, el café era difícil, pero él lo había logrado, y claro, no era una gran cantidad, pero cosechaba lo suficiente para él y un poco más para visitas, lo cual era suficiente.

Esa frase insertó más electricidad en el cortocircuito mental que llevaba Martina en el cerebro respecto a Mateo. Eran demasiados datos para hacerse una sola imagen de Mateo, pero decidió que era suficiente por ese día, Martina estaba dispuesta a descubrir qué clase de persona era Mateo, demasiados enigmas en una sola persona.

Al cerrar la puerta, Mateo sintió que algo había pasado con Martina, pero no lograba identificarlo, era una atracción, pero no una atracción típica. Él sabía en alguna parte de su persona que Martina quería averiguar quién era, y él sabía que de alguna manera ella terminaría averiguándolo, pero bueno, daba igual. Recordar que tenía que destapar la pecera de Mo lo hizo olvidar sensaciones volátiles. Al destapar la pecera encontró a Mo durmiendo panza arriba, hastiado de moscas, Mo no pudo evitar despertar al escuchar a Mateo preguntar:

- ¿Qué haces Mo?
- Disfrutaba, hasta que llegaste tú,- dijo Mo mientras se volvía a poner en posición de rana.
- ¿Cómo te fue con la hembra?,- preguntó Mo bostezando, a la manera de una rana.
- Bien, y no es una hembra, se llama Martina y es hija de un buen amigo mío, así que me gustaría que hablaras con respeto sobre ella.
- ¿Respeto?, dime una cosa, ¿ustedes tienen algo en común con las arañas?- Preguntó Mo mientas movía sus ojos rojos en círculos.
- No que yo sepa, o sea, no sé a qué te refieres.
- Porque odiaría que cuando te aparees con ella te corte la cabeza y ponga sus huevos dentro de tu cuerpo, de ser así, sólo recordaría la parte en que me hablaste de “respeto”,- concluyó Mo.
- No me vengas a hablar de relaciones ejemplares, ustedes se suben a la espalda de la hembra, se aparean y se van, no hay una gran profundidad ni respeto envuelto,- respondió Mateo mientras lavaba las tazas en un muy prolijo pero humilde lavadero a un costado de Mo.
- Bueno, es amor basado en independencia y respeto,- afirmó Mo orgullosamente.
- ¿independencia?, dime, ¿qué sabes tú de tu padre?,- Mateo esbozó una sonrisa triunfal.
La pregunta obviamente hizo pensar rápidamente a Mo, ya que realmente no conocía a su padre.
-…era verde… ¿de ojos rojos?- dijo Mo bajando la voz.
- Entonces no sabes quién fue tu padre…- dijo Mateo, riendo.
-Hey, en nuestra especie todo lo que necesitamos es a nuestra mamá y nuestros cincuenta y ocho hermanos. Todos trabajamos duro para crecer grandes y fuertes.
-Pero tu mamá nunca tuvo una pareja estable,- dijo Mateo secando una taza, mirando hacia la pecera.
-Hey, nadie habla así de mi mamá, una más y te doy una paliza aquí mismo con mis patas mojadas.
- Está bien… está bien, entendí el mensaje, sólo decía, demonios, qué carácter, Mo.
-Es familiar, tuve que lidiar con cincuenta y siete hermanos más. Así fue como me hice la rana ruda que soy ahora, y quizá a ti te hubiera sido útil tener que alimentarte con alrededor de cuarenta hermanos mayores, matones y abusones, te faltó construir carácter- dijo Mo tranquilizándose,- menos mal que todo eso termino.
-¿No los extrañas?,- preguntó Mateo.
-¿A los matones? No, además la mayoría están en el estomago de algún ave de rapiña en este momento.

Mo saltaba alegremente, cuando al mirar por la ventana que da al patio trasero, quedo perplejo.  En un instante, dio un salto rápido hacia el hombro de Mateo y luego sobre su cabeza, donde se escondió en el cabello medianamente corto de Mateo.

-¿Qué sucede, Mo?,- dijo Mateo levantando la vista.
- ¡Vienen por mí! … ¡lo sé, lo presiento!, las aves me persiguen,- dijo Mo, asustadísimo.
-Pero, ¿qué sucede, Mo?, explícame.
-Mira aquel árbol, el que está directamente afuera de esta ventana.

Mateo giró su cabeza y observó en el árbol añoso que estaba afuera de su ventana, en la rama próxima a la ventana había un ave negra silenciosamente observadora, que lo miraba fijamente a los ojos. Mateo supo que no era un ave común, e inmediatamente su instinto se puso en alerta, porque algo estaba sucediendo.

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5 comentarios:

Hely dijo...

Debo decirlo, amo a Mo!

Sebastardo dijo...

Pronto: figuritas de accion de Mo, 25usd cada una.

Marian dijo...

jajajaja yo quiero una, y si son como el patito...mejor :D hasta dos!

Sebastardo dijo...

ese que vibra? ¬¬

Marian dijo...

jajajaja chi :D

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Créditos:

Historia original: Sebastián Leonardo