
XI
-¿No puedes escuchar a la rana? - preguntó Mateo con sorpresa.
-No, o sea sí, la escucho croar, pero no escucho palabras, ni frases, ni oraciones - la expresión de Vilú demostraba que decía la verdad,- ¿tú puedes escucharla, o sea, entenderla?
-Sí, puedo escucharla decir palabras,- contestó Mateo con una expresión rara en el rostro.
-Entonces estás loco,- contestó Vilú.
-¿Hablar con un rana?, ¿locura?, me lo dice a alguien que hace media hora vi transformarse en zorro y en cormorán,- dijo Mateo,- además la rana me dijo su nombre, se llama Mo.
-Se llama Mo, y baila tap y quiere ser un niño, ¿no?... eso no es nada mágico, es demencia,- dijo Vilú mientras se ponía de pie y se sacudía.
-Hey, de verdad puedo entenderla, puedo hablar con ella, yo pensé que podía ser algo así como habilidad druídica - dijo Mateo.
-Mateo, los druidas nos comunicamos, simpatizamos con las cosas, tú simpatizas con las plantas y te comunicas con ellas de manera… esencial, al punto que logras hacer lo que puedes hacer, moverlas como si fueran tus propios brazos,- dijo Vilú con un tono serio pero a la vez sarcástico - pero, por favor, hablar con una rana, y con los animales, entonces los druidas seriamos traductores de rana-español/español-rana.
Vilú miro al castaño y luego divisó un gato durmiendo en el tejado y no pudo evitar decir.
-Hey tú, castaño, sírveme un café,- dijo Vilú riéndose de Mateo. - Gato, baja aqui y discutamos el significado de la vida, o el significado de alguna de tus siete vidas.
Mateo, que no era una persona fácil de irritar, no pudo evitar soltar una risa con el espectáculo de Vilú. Pero Mo, dentro de su carácter, apenas podía soportar las ironías de Vilú:
-De los humanos que he conocido, probablemente este sería el único al que mataría por estrangulación.
-¿Y cómo podrías estrangularlo? - preguntó Mateo, y al mismo tiempo Vilú cambio su atención hacia la conversación de Mateo.
-Me metería en su boca y haría que se atragante con mi voluminoso cuerpo - dijo Mo medio irritado.
-No conocía tus dotes de kamikaze, ¿lo desarrollo tu especie? - preguntó Mateo a Mo y Vilú se acercaba lentamente a Mateo y acerco su oído a su cabeza.
-Lo desarrolle yo, diseñado para superar evolutivamente la idiotez de tu especie, - Mo no se aguantaba el enojo.
Vilú, quien trataba de dilucidar si esto era verdad o mentira, a través de movimientos extraños, oliendo el cabello de Mateo, tomando su cabeza y poniendo el oído sobre ella. No pudo evitar preguntar:
-¿Te estaban hablando, no?
-Así es, Mo, la rana - dijo Mateo totalmente sereno - sólo decía que quiere estrangularte.
-Entonces hablemos de sicosis,- dijo Vilú entre risa y susto,-¿“las voces me están diciendo que te mate”?
-No, no son las voces, y el que te matara será la rana,- dijo Mateo.- no seré yo.
Vilú aun no entendía bien del todo.
-Algo me dice que aparecerás vestido de rana y con un cuchillo persiguiéndome,- Vilú reía mucho con sus propias ironías.
Mateo se quedó pensando en cómo resolver este enigma, ciertamente la duda de que todo estuviera en su mente era fuerte, pero era esta la ocasión ideal para dilucidar sus dudas. Mateo estaba acostumbrado al universo de los druidas, no se consideraba uno, porque no tenía una orden, de hecho no era muy feliz con ese tipo de etiquetas. Pero a pesar de estar envuelto con la comunicación y empatía con la naturaleza y su entorno, no podía comprender la lógica de porqué entendía y podía comunicarse verbalmente solamente con una rana en todo el planeta.
Vilú por su lado, sentía mucho regocijo, toda la vida que recuerda había sido druida, o brujo para su orden, y la vida de humano le parecía muy atractiva por razones propias y muy secretas, pero no sabía que el paso de brujo a humano sería un paso difícil. Como druida experimentado, sabía que hablar con animales, verbalmente era totalmente imposible, porque no se trata de escuchar lo que dice un animal, se trata de que cada animal hablaría su propio idioma y lengua, y esa lengua estaría basada en formas totalmente opuestas a las que el humano desarrollo por más de 2000 años.
-Hagamos un experimento, me estas convenciendo de que todo esto podría estar sólo en mi mente,- dijo Mateo ante la mirada estupefacta de Mo, quien sólo guardo silencio.- pero realmente no creo que sea así.
-¿Cuál es la idea?, estrangulador.
-Vilú, párate frente a mí a 5 metros y pon tus manos en la espalda,- dijo Mateo que ya ideaba y materializaba un plan,- Mo, tú por favor ponte a espaldas de Vilú y mira sus manos.
-Espero que la comida para tortugas valga la pena,- dijo Mo que se bajaba y avanzaba a saltos pequeños por su lesión por la hierba hasta ubicarse en la entrada de la casa.
-Ok,- dijo Mo.- ahora puedo ver las sucias manos de tu invitado - dijo Mo con desprecio.
-Ahora Vilú, muéstrame cierta cantidad de dedos, y Mo debería poder decirme cuantos son,- la idea de Mateo parecía simple, pero muy efectiva.
- Me gusta la idea.- dijo Vilú, quien comenzaba empuñando sus manos a sus espaldas.
Todos los integrantes estaban en posición, Vilú, Mateo y un irritado Mo.
-Comencemos,- dijo Vilú.
El juego parecía fácil, pero la disposición de Mo al ejercicio que podría ser crucial, Vilú comenzó mostrando tres dedos, dos en su mano derecha y uno en su mano izquierda.
- Tres dedos,- dijo Mo,- dos en la mano derecha y uno en la mano izquierda.
Mateo repitió el mensaje tal cual, y la cara de sorpresa de Vilú no se dejo esperar.
-Repitámoslo - dijo Vilú incrédulo aún.
-Está bien,- dijo Mo, aburrido ya en su primera prueba,- pero esto va a costarte comida Mateo.
El ejercicio se repitió, y esta vez Vilú mostro siete dedos, dos en la mano izquierda y cinco en la derecha.
-Siete, cinco en la izquierda, dos en la derecha,- dijo Mo inmediatamente, sin percatarse de su error de extremidades.
-Siete, cinco dedos en la izquierda, y 2 en la derecha,- dijo Mateo incrédulamente.
-¡Error!, porque eran siete, pero las manos están equivocadas.
-Hey, no soy Pitágoras, sé contar, pero me puedo confundir con las manos - dijo Mo con un tono de irritación.
-Así es,- contestó Mateo,- es una rana, puede equivocarse de manos, pero el número es el correcto, lo cual lo hace real.
Vilú se tocaba la barbilla pensando, sabía que a pesar de que él estaba envuelto e influenciado por un universo más extraordinario que el de un humano común, el hecho de que Mateo hablara con Mo y viceversa le perturbaba lentamente y de manera paulatina, tenía una personalidad bastante efervescente con el aprehender conocimientos que rara vez podía controlar.
El enigma era evidente, y Vilú comenzó a plantear muy lentamente ideas en su cabeza que pudieran develar el secreto detrás de esta muy extraña habilidad. ¿Seré que Mo puede hablar humano?, ¿Mateo puede hablar rana?
Un silencio sutil se paseo por la escena, como alivianando la cabeza de todos. Mateo estaba bastante a gusto de tener otro druida con quien compartir, pero no tenía idea aun cuales eran las intenciones originales de Vilú, lo cual le causaba curiosidad.
-Están golpeando la puerta - dijo Mo sin demasiados ánimos.
-Voy a ver - dijo Mateo.
- ¿Perdón? – Vilú miró sorprendido a Mateo.
-Es que están golpeando la puerta, - explicó Mateo.
- Yo no he escuchado nada – dijo Vilú.
-Yo tampoco - dijo Mateo.
-¿Y cómo sabes, entonces?, ¿hablas con las puertas también? - dijo Vilú con su sentido del humor que ya lo caracterizaba.
-No, me lo dijo la rana.
Mateo avanzó lentamente, con un paso relajado hacia la puerta, mientras Vilú clavaba su mirada en Mo, y lo observaba tocándose la barbilla.
-¿Qué secreto escondes tú, pequeña criatura?
Mateo forcejeaba con la puerta a jalones y la mirada de un hombre con el pelo a encanecer se hacía presente al otro lado, con una barba que no era ni corta ni larga, vestía una sotana y dejaba ver una sonrisa en su mirada de casi cuarenta años.
-Franco, hace semanas que no venía, - dijo Mateo con candidez.
-Lo sé, he estado muy ocupado con los asunto de la iglesia,- dijo Franco -te traje ropa, hay una gabardina, varias camisetas, tres pantalones, y un par de zapatillas que acaban de llegar a la iglesia.
-¿Una gabardina?, eso será curioso de ver – decía Mateo, mientras se hacía a un lado para dejar pasar al sacerdote.
Franco entró a la casa junto con un par de bolsas, que dejó en un rincón.
-¿Y tú qué cuentas, qué ha sucedido? - preguntó Franco que se estiraba la espalda con las manos en la espalda.
-Es una larga historia - dijo Mateo.
-Vas a tener que resumir, porque no tengo mucho tiempo, creo que vendré mañana a tomar un café contigo – lo atajó Franco.
-Bueno, lo voy a resumir bien corto pero sé que no entenderás nada.
-Ponme a prueba, Mateo - dijo Franco con una media sonrisa.
-Está bien, aquí voy, - Mateo se rascó la cabeza, tomó aire y mirando al vacío, comenzó. - Martina Marpas, la hija de David Marpas, el que me compra los bonsáis, ella me trajo un bonsái roto para arreglar, y bueno, ahora es fanática de mi café y cómo lo cultivé.
Franco siempre había disfrutado del patio bien cuidado y armónico de la casa de Mateo, así que se encaminó a la entrada del mismo donde la puerta ya se encontraba abierta, y desde allí dijo:
-Me parece muy bien, no es algo malo que te sucedan esas cosas.
-Lo sé pero…
-Mateo,- interrumpió Franco mirando al patio con curiosidad- ¿por qué hay un zorro chilote, una especia casi extinta, en el patio de tu casa?
-Ah bueno, esa es la segunda parte de la historia,- contestó Mateo que se acercaba al patio -bueno, también encontré una rana que puede entender lo que hablo y yo puedo escuchar lo que dice como si me hablara otra persona - dijo Mateo un poco nervioso.
Franco permaneció inmutable en la puerta observando el paisaje.
-También llegó un druida, con el que tuve que pelear, le gané y ahora está ahí afuera transformado en zorro, - resumió Mateo.
Franco aún permanecía inmóvil respirando relajadamente mientras admiraba la vista desde allí. Sólo se inmutó cuando Mateo dijo:
-Buscaba a Aníbal.
Franco volteó inmediatamente hacia Mateo y le dijo con voz gruesa lo increpó:
-¿Qué le dijiste tú?
-Nada, por el momento, quería preguntarte qué es lo que debería hacer.
-Hiciste bien,- dijo Franco de pronto, con dureza , mientras caminaba hacia el zorro que lo miraba despectivo. –Sé que eres un druida, fuimos advertidos de tu venida, y lo mejor es que te marches de aquí, no eres bienvenido en esta tierra,- dijo franco con una sorpresiva rudeza que dejó perplejo tanto a Vilú como a Mateo.
-Franco, hablas duro para ser un hombre de Dios,- dijo Mateo.
-Lo sé, pero con los años mi parte humana, no la religiosa, no puede dejar de despreciar la causa de todo lo que pretenden hacer,- explicó Franco con voz aún dura, dirigiéndose en seguida de nuevo al zorro, - no serás atacado en tu regreso y no serás perseguido, puedes volver desde donde viniste.
-No puedo regresar,- contestó Vilú, hablando como zorro - tuve que simular mi propia muerte para poder escapar.
-Entonces, si no vienes con un propósito puntual, ¿por qué estás aquí?- preguntó Franco.
-Busco a Aníbal, el druida de tierra.
-¿Con qué propósito?
-Necesito una guía,- dijo Vilú.- Escapé de mi orden porque no estaba de acuerdo con su cabecilla y sus ideas extremistas.
-¿Acabar con la humanidad? - interrumpió Mateo que estaba recargado en un árbol escuchando la conversación.
-Así es, desde hace años se ha ido gestado la idea de regresar a la especie humana hacia la fuente - respondió Vilú. – Esta idea nunca antes había sido tomada en cuenta con mucha seriedad, pero en nuestra orden ha ascendido un líder de ideas radicales que comienza a afianzarla.
-Pero no pueden hacerlo, mientras no tengan el dominio de la fuente de Aníbal… ¿No?- intervino Franco.
-Al parecer, no, eso es lo que me asustó demasiado,- dijo Vilú mientras se rascaba detrás de las orejas con la pata trasera - en los últimos años, la orden de brujos está logrando reclutar varias órdenes de druidas pequeñas y mayores a su causa, y la idea se ha aferrado fuertemente, ahora existe un buen número de fanáticos de una idea fundamentalista en la que el humano no debería existir en el balance.
-Entonces es peor de lo que nos habían advertido,- dijo Franco, que sobresaltado dijo a Vilú.- Retiro lo dicho, puedes quedarte aquí el tiempo que desees, necesitaremos toda la ayuda posible- aclaró Franco y continuó ya más relajado - te pido disculpas, pero nos dijeron que los druidas que llegasen aquí no serian amistosos.
-Está bien,- dijo Vilú mientras se transformaba en humano.- Mi nombre es Vilú, y soy de la orden… era de la orden de los brujos chilotes.
Franco se acercó y al observar el ojo en tinta de Vilú, con una sonrisa en la cara, dijo:
-Veo que Mateo no te recibió precisamente con los brazos abiertos, mañana traeré algo para el ojo en tinta - dijo Franco.
- La bienvenida al gran puerto de Valparaíso - dijo Mateo, - yo tengo algunas plantas que pueden servirle para la hinchazón de ojo.
-Me parece, creo que tendré que traer ropa y un corte de pelo para Vilú, pero por el momento, no me gustaría que Vilú sea visto como humano, hay demasiado en juego aquí, cualquier rumor de los lugareños puede ser nuestra perdición.-
-Está bien, me parece - dijo Vilú.
La tarde, que ya era casi noche, se deslizó sobre ellos acompañada de una brisa fresca que hizo que los individuos entraran a la casa, donde Mateo preparó el café justo como lo disfrutaba Franco. Vilú se había integrado bastante bien en el grupo, un combinación de druidas jóvenes.
Cuando cayó la noche, Mateo se acostó en su cama, ordenada y pulcra, y Vilú se dispuso a dormir en forma de zorro sobre una frazada que hacía de cama.
La noche transcurrió tranquila y pacífica, pero Mateo tuvo un sueño muy extraño. Mezclada con toda su inconsciencia, estaba Martina, de pié, que se acercaba a él y le entregaba un objeto. Luego, detrás de ella había un río de luz que caía por la calle donde estaban parados Aníbal y Franco, de pronto la escena cambió a la imagen de Martina gritando y estirando la mano mientras él caminaba de espaldas; pero lo que lo más lo perturbó, fue que de pronto en su sueño apareció un gato, o lince, no podía identificarlo porque era etéreo y de contornos dibujados en colores amarillosos.
Estaba de pie observándolo, y le hablaba, pero Mateo no podía entender lo que decía, en el sueño, Mateo daba un par de pasos para tratar de escuchar mejor, y el fondo al rededor cambiaba, pero el gato aún estaba allí, y trataba de hablar y acercarse Mateo, y el gato se inclinaba y se lanzaba sobre él. Mateo podía sentir el dolor mientras el animal le clavaba los colmillos en el cuello y sus garras le abrían la carne lentamente mientras el sólo podía quedarse inmóvil. Detrás del gato comenzó a aparecer a flashazos nuevamente la imagen de Martina gritando y estirando la mano como si todo ocurriera en cámara lenta, pero el dolor llegó en un momento a hacerse demasiado real, y cuando Mateo levantó las manos en el aire, se dio cuenta que había despertado, pero el sueño no había sido normal.
Revisó sus manos y su cuello, todo parecía en orden, sabía que debía comentar esto con alguien, miró hacia el rincón de la casa donde dormía Vilú, a pesar de que había llegado recién, sentía confianza con él, pero aún así, había partes de sí mismo que le costaba confiar a otros. De cualquier forma, Vilú era con la única persona con la que podría comentar estas cosas, pero lo haría en la mañana. En ese momento sólo regresó a dormir, esperando no volver a soñar con lo mismo.
3 comentarios:
ya mero ya mero ya mero :D
ahora si voy al día, hasta yo estoy en suspenso!
(Comentario 10 y 11 comprimido)
Siempre he creído (más bien, querido creer) que las leyendas no pueden ser todo de la imaginación del hombre, todo tiene un origen, si no existen hoy, probablemente existieron, me encantó la explicación que le das a ello.
Gracias! y estoy pendiente por el próximo chapter!
Grax Hely! :)
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