
IX
La situación era tensa, Mateo estaba totalmente cubierto de enredaderas que mantenían sus manos aferradas a la pared y los pies amarrados al piso, completamente inmóvil. El hombre frente a él, de aspecto joven, pero a la vez desaseado y descuidado, con barba y pelo largo, no dejaba de mirarlo fijamente. Las cosas estaban fuera de control para el joven dueño de casa, pero a pesar de eso estaba tranquilo, esta tranquilidad inquietaba al violento invasor que lo observaba detenidamente pensando en cuál sería su actuar. A pesar de tener la situación en sus manos, dudaba respecto a qué hacer.
-Eres un druida del sur, ¿no?- dijo Mateo.
-¿Cómo sabes eso?, ¿cómo sabes sobre los druidas?- contestó el druida ermitaño que estaba concentrado para que la fuerza de su magia no se dispersara.
-Yo pregunté primero - Mateo esbozó una sonrisa en su rostro a pesar de la situación.
-Te concederé ese derecho, - respondió el extraño – sí, soy un druida de Chiloé, sur de Chile. Ahora dime tú, ¿cómo sabías eso?
-Simple, las leyendas chilotas son conocidas en todo el país, sé que los llaman brujos por tradición española, y también sé que suelen transformarse en cormoranes negros, que en tu tierra llaman “cuervo negro” y es augurio de mala suerte para los lugareños, por lo mismo y sumando tu aspecto puedo deducir que tu orden no se les permite ser vistos en formas humanas, sólo se pasean en formas animales entre la gente… son la orden de druidas a nivel mundial que han llevado al extremo el ermitañismo- dijo Mateo mientras forcejeaba discretamente para liberar la mano derecha.
-¿Por qué dices eso de mi aspecto? - preguntó el hombre de apariencia extraña.
-Porque al pasar tanto tiempo lejos de humanos comunes, y tanto tiempo rodeado de otros brujos, tienes un aspecto humano muy deplorable y desaseado.
-Yo pensé que llevar el pelo largo estaba de moda,- dijo el extraño con una respuesta totalmente fuera de lugar.
-Los noventa terminaron en los noventa,- respondió Mateo.
El curioso giro de la conversación descolocó al extraño joven, por un momento su expresión demostró que su mente se distrajo por un instante, durante el cual Mateo pudo soltar una mano.
-Ahora dime, si no eres druida, ¿cómo sabes sobre ellos? – preguntó el extraño que volvía en sí.
-Bueno, me temo que no estoy autorizado a darte esa información,- respondió Mateo quien respiraba profundamente.
-Bueno, si sabes sobre nosotros, sabrás que un brujo chilote debe matar a quien lo ve,- dijo el extraño que preparaba un nuevo movimiento con la mano que sostenía el bastón.
-Sí, había escuchado algo así, pero también escuché que cuando un brujo es desenmascarado muere de manera extraña.
-Ah, sí, es verdad, pero es porque otros integrantes de nuestra comunidad se aseguran de que nuestra orden permanezca en silencio - dijo el extraño que comenzaba a concentrar un brillo verde en su mano izquierda, y unas ramas extrañas se comenzaban a formar en el cuello de Mateo.
Mateo comenzó a sentir que las ramas comenzaban a ahorcarlo muy rápidamente, en el último instante, giró su mano derecha hacia arriba. De golpe y con un ruido considerable, una raíz del castaño se desenterró y se movió rápidamente haciendo que el brujo cayera de espaldas provocando que perdiera la concentración.
Mateo consiguió soltar su brazo derecho completamente y jaló las ramas que tenía en el cuello. En ese instante el hombre que estaba de espaldas, se incorporó moviendo su torso hacia adelante y al mismo tiempo transformando su cuerpo en un zorro, y desde esa posición se lanzó con la mandíbulas abiertas sobre el cuello de mateo. Pero en ese mismo momento, la misma raíz del castaño se interpuso y el brujo se encontró sorpresivamente masticando un trozo de madera que lo azotó contra el suelo y lo lanzó lejos, a unos metros al fondo del patio.
Mateo logró zafarse de todas sus amarras y se apresuró a tomar posición bajo el castaño que parecía estar dispuesto a defenderlo a cualquier costo.
En el suelo, el sorprendido brujo en su transformación de zorro debía tomar una decisión rápida, no esperaba resistencia, de hecho no esperaba nada de lo que estaba sucediendo. Bajo el castaño, Mateo se irguió con los pies separados y brazos abiertos, tenía que concentrarse con los ojos cerrados, era evidente que no estaba acostumbrado a hacer tal desplante de habilidades, pero debía defenderse, sabía que los brujos chilotes cumplen su palabra y tradición.
El zorro se puso de pie y en una fracción de segundo volvió a la carga sobre Mateo quien, sorprendido, levantó tres raíces gruesas del suelo para defenderse lanzándolas rápidamente sobre el atacante, pero el zorro chilote es un depredador de poco tamaño pero feroz, lo cual le daba la determinación y la agilidad para esquivar velozmente las raíces que eran demasiado lentas para su maniobrabilidad superior. Cuando la tercera raíz trato de golpearlo, el zorro se encaramó a la raíz misma para saltar unos metros y dejarse caer directamente sobre Mateo. La pelea parecía decidida, pero en último momento Mateo abrió los ojos y levantó una pared de siete raíces más que rodearon su cuerpo y expusieron sus puntas como espinas protegiendo su cuerpo. El zorro sorprendido nuevamente se retrajo usando una raíz para saltar hacia atrás y replantear su ofensiva, sabía que no podía darse por vencido.
Retrocedió sólo lo suficiente para pensar su estrategia, Mateo aprovechó el momento para observar a su oponente, desde su muralla de raíces podía distinguir el pelaje gris y la mirada decidida de un zorro chilote. Lo había visto sólo en fotografías, el tamaño era pequeño, perfectamente una persona común llegaría a pensar poder enfrentarse al animal a mano limpia y creer que ganaría solo porque su tamaño daba para subestimarlo, pero la fiereza de su decisión y lo afilado de sus dientes podían hacer mucho daño, sin contar con la ya afamada astucia de un zorro que lo hacía un estratega que no sólo atacaba de frente.
Mateo no tenía un plan de defensa mucho más complejo que “evitar lo que venga”, y el brujo estaba diseñando un plan, lo podía ver en la mirada del zorro que mostraba sus afilados dientes bajo los belfos retraídos y buscaba una brecha en la coraza de raíces espinadas. Aún así, el invasor estaba sorprendido, sabía ahora que por lo que había demostrado hasta el momento, Mateo no era alguien con conocimientos y habilidades tan definidas como él, pero lo poco que tenía lo utilizaba con inteligencia.
Aquí venia el nuevo ataque, la partida era la misma, el zorro corría hacia Mateo directamente, nuevamente esquivaba las raíces que trataban de golpearlo, y de un salto se posicionó sobre la última raíz antes de llegar a la muralla. En el último momento, Mateo sorprendido, vio que el zorro se había impulsado a costa de herirse las patas delanteras en la coraza de raíces espinosas para poder dar un salto que sobrepasaba la línea de las raíces y quedar directamente a sus espaldas.
Mateo quedó perplejo, su estrategia de sólo evitar los ataques se había caído totalmente, porque no tenía la espalda cubierta.
Al darse vuelta, Mateo encontró que su propia muralla lo estaba acorralando, y el zorro ya se había transformado en hombre y tenía su bastón con la punta hacia adelante con bastante filo lista para asestar la estocada sobre su víctima.
Mateo casi se dio por derrotado, pero en ese momento vio que en la punta del bastón saltó una rana, que a pesar de su pequeño tamaño, sorprendió a ambos con su valentía, para luego saltar directamente sobre el rostro del atacante.
El brujo se había distraído por un instante y al volver a reaccionar, lanzó la rana lejos. Con una mano sobre la pared, Mateo asustado gritó,
-¡Mo!
La rabia se había apoderado de Mateo, una rabia ciega, sentía las vísceras ardiendo y casi al punto de perder el control.
El brujo volvía a tratar de propinar el golpe de gracia, pero sintió un leve temblor en la tierra, y una raíz se había apoderado de su bastón y en el mismo instante lo lanzó lejos. Mateo estaba furioso y casi fuera de sí. El brujo retrocedió y se transformo en zorro para aumentar su agilidad. Pero era muy tarde.
Mateo estaba furioso y su rol se había intercambiado de victima a victimario, Mateo, concentrado por su misma rabia, levantó las manos con un grito. Hizo emerger alrededor de diez raíces más del suelo, que entrelazó a una altura de cinco metros, el trenzado era bastante inteligente, desde el piso, el sorprendido brujo sólo vio caer un cúmulo de raíces que asemejaban un martillo gigante blandiéndose sobre él.
En el último segundo logró esquivarlo, pero al caer, las raíces se dispersaron, reconfigurándose en otra forma, una mano gigante que comenzó a encerrar al zorro como un puño. En ese instante, el zorro se dio cuenta que las cosas estaban fuera de control y que la batalla estaba perdida. Tenía las patas heridas, sabía que ya no podía afirmarse en su agilidad para sobrevivir. En un abrir y cerrar de ojos, se transformó rápidamente en un cormorán, para poder salir volando hacia el fondo del patio, pero Mateo no tenía todo dicho aún. El fondo del patio estaba habitado por árboles de huerto: un limonero, un manzano y algunos ciruelos, entre otros. Lo que no sabía el brujo, es que Mateo ya había pensado en eso.
En un instante, las raíces del castaño regresaron a su origen bajo tierra, ahora eran los árboles del huerto quienes aprisionaban al cormorán que trataba de escapar volando. El manzano, que se caracterizaba por ser rebelde con Mateo, no darle muchas frutas y no obedecer su comunicación druídica, con una rama golpeó al cormorán que cayó sobre el suelo con fuerza. Mateo rápidamente corrió hacia el ave y la tomó por las alas, al girarlo hacia él, el cormorán se transformó en humano nuevamente. Mateo, enfurecido, se puso sobre él.
Desde el fondo logró escuchar la voz de Mo quejándose, aquella señal de vida lo tranquilizó y lo regresó a sus cabales.
-Debes matarme, druida- dijo el extraño, maltrecho y con la boca ensangrentada por el golpe del manzano.
-No soy druida, y no te mataré- respondió Mateo, ya más tranquilo,- vienes de muy lejos, ¿no?
-Desde el sur, Chiloé. El viaje no ha sido fácil.
-¿Ah sí?- dijo Mateo, aún sobre él.
-Sí, - respondió inocentemente el extraño.
-Entonces,- en ese instante Mateo le asestó un puñetazo con toda su fuerza al druida, que quedó inconsciente noqueado en el piso,-bienvenido a Valparaíso.
Mateo corrió entonces hacia el lugar donde cayó Mo, y se encontró con la rana de espaldas en el suelo. A pesar de todo, el golpe lo soportó bastante bien su esqueleto flexible.
-¿Estás bien, Mo?
-Cuando te azoten contra una pared gigante con mucha fuerza, pregúntame eso,- al menos el carácter de Mo estaba intacto.
-Pero ¿te sientes bien?, ¿no estás herido? – insistió Mateo, tomándolo en sus manos.
-Creo que se me vació el estomago, voy a necesitar mucha comida.
-Está bien, te compraré comida para tortugas, - dijo Mateo, que reía tiernamente.
-También esta experiencia me mostro lo frágil de mi vida, creo que sería bueno que me consigas una rana hembra, - añadió Mo quien a esas alturas ya fingía su dolor.
-Eso es difícil Mo, y lo sabes, y no empieces que no me esfuerzo.
-Está bien, entonces sólo comida para tortugas.
La situación se había tranquilizado, pero Mateo sabía que debía hacer algo con el intruso que estaba inconsciente, y que ya mostraba signos de volver en sí. Entonces Mateo, arrastró al hombre hasta las faldas del castaño, donde lo amarró fuertemente contra la base.
Al volver en sí, el hombre se encontró con el rostro de Mateo sonriente, que sostenía un vaso con agua en la mano, y sobre su cabeza, una rana que esta vez no saltaba porque estaba adolorida.
-¿Amigos?- dijo Mateo irónicamente.
-¿Por qué no me mataste?
-No es mi estilo- dijo Mateo- pero, necesito saber el porqué estas aquí, tan lejos de tu tierra.
-No te lo puedo decir - dijo el extraño.
-Me parece bien, pero, si eres de la orden de los brujos chilotes, ellos mismos vendrán a matarte, fallaste en tu misión.
-No tengo misión y nadie vendrá, - respondió el extraño, desviando la mirada por un instante.
-¿Por qué?
-Porque ellos creen que estoy muerto,- con estas palabras, Mateo quedó perplejo.
-Eso aún no contesta el porqué estas acá.
-Buscaba la huella de un druida legendario, los rumores más antiguos dicen que está en este lugar.
-No está acá – respondió Mateo.
-¿Le conoces?, ¿sabes dónde está?- preguntó el extraño.
Mateo quedó en silencio sin responder a aquella pregunta.
-¿Cuál es tu nombre?- preguntó Mateo amablemente.
-Mi nombre druida es Vilú - dijo el extraño.
-Ese es el nombre que te dio tu orden, ¿y tu nombre de cuando eras humano?- dijo Mateo mientras comenzaba a desatarlo.
-No lo recuerdo -contesto Vilú.
Mateo se detuvo con esas palabras, como si el olvidar el origen le sonara como un eco en su cabeza, pero al instante se recompuso y esbozó una sonrisa.
-Supongo que como no tienes dónde quedarte, y no tienes dónde ir, quédate aquí, mi casa es tu casa - dijo Mateo mientras le daba la mano para ponerse de pie. -Mi nombre es Mateo, bienvenido a mi refugio.
-Mateo, deberías hacerte algo con tu pelo, si no te cuidas, terminaras como él,- Mo se manifestó desde la cabeza de Mateo.
Mateo no pudo evitar reír a carcajadas.
-¿De qué te ríes?- dijo Vilú, mirándolos de soslayo.
-De lo que dijo la rana, - respondió Mateo con sencillez.
-¿Puedes entender lo que dice una rana? - pregunto Vilú extrañado a muerte.
Zorro de darwin o Zorro chilote
3 comentarios:
¡Waaaah! ¿El druida no puede?! ¡¿cómo?!
(8) chan chan chaaaaan (8) ... no deje de ver el próximo druidacapítulo, por el mismo druidablog, a quién sabe qué druidahoras :D
¡¡esto se pone más bueno cada vez!!
jajajajajjaja gracias mary ann, me encantan tus compactos publicitarios.
Prox. Chap domingo (de no haber dificultades tecnicas)
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